"Los economistas, gobiernos y organismos internacionales están tratando
de predecir cómo será la salida de la crisis, una vez que se haya
detenido la propagación del virus. (...)
Según un estudio que realiza desde hace años la escuela de negocios
ESADE, el mayor error en la previsión de crecimiento del PIB de 2019
para nuestro país lo tuvieron, por este orden, el Banco de España, el
BBVA, la OCDE, la Comisión Europea y el Gobierno. Aunque es verdad que
el grado de acierto de casi todos ellos es muy variable a lo largo del
tiempo, es bastante significativo que quien más directamente tiene que
ver con la aplicación de las políticas sea quien más se ha equivocado.
Así que tengan esto en cuenta antes de creerse a pies juntillas sus
previsiones. (...)
De la crisis del coronavirus se saldrá en los próximos meses porque el
confinamiento no va a ser eterno y porque los gobiernos de los países
más poderosos están tomando medidas para garantizar que la mayor parte
de las empresas puedan sobrevivir a esta fase de encierro.
Algunos, si
lo hacen bien, podrán utilizarla para reformar sus modelos de
crecimiento, se adaptarán mucho mejor a las condiciones cambiantes que
se están abriendo paso en la economía internacional e incluso pueden
salir reforzados. Pero es muy ingenuo creer que eso es lo que va a
ocurrir de manera general. Algunos, como Estados Unidos, Italia o
España, por no hablar de los más débiles de América Latina o Asia, van a
tener muchas dificultades para salir adelante sin un gran destrozo,
pues no están adoptando todas las medidas que hubieran podido evitar la
destrucción tan grande de sus aparatos productivos que se está
comenzando a producir.
Y, con independencia de ello, aunque todos los
países hubieran tenido el acierto y la posibilidad de aplicar las
mejores medidas posibles, lo cierto es que ni siquiera así se podría
evitar que la salida a la crisis sea más traumática de lo que señalan
las predicciones que se vienen realizando.
Lo mismo que en el planeta se padece ahora una pandemia provocada por
el coronavirus, la economía internacional viene sufriendo desde los
años setenta del siglo pasado otro tipo de "pandemia" de la que apenas
se habla, para que no se vean las vergüenzas de las políticas económicas
neoliberales que se aplican desde entonces. Me refiero a la "pandemia"
de crisis financieras que se han registrado en los últimos cincuenta
casi sin parar.
Según un estudio del Fondo Monetario Internacional (aquí),
desde 1970 a 2017 se habían producido 151 episodios de crisis bancarias
sistémicas, 74 de deuda soberana y 236 de divisas en todo el mundo. Es
cierto que muchas de ellas se entremezclan, pero lo cierto es que si se
sumaran todas darían un total de 461, es decir nada más y nada menos que
9,8 crisis por año.
Las investigaciones que se han realizado sobre todas ellas han puesto
de relieve una correlación estrechísima entre su frecuencia y dos
factores principales: la liberalización de los movimientos de capital y
la desigualdad. Cuanta más libertad tiene el capital para realizar
operaciones en todo el mundo y cuanta más desigualdad se registra en el
planeta, mayor número de crisis financieras se producen.
Los datos no
dejan lugar a dudas sobre ello. Es muy significativo, por ejemplo, que
de 1945 a 1970 casi no se produjera ni una sola crisis financieras en
todo el mundo (muy pocas en las economías más atrasadas y prácticamente
ninguna en las avanzadas, según el mismo estudio). Algo que pudo ocurrir
gracias a que había controles muy estrictos a los movimientos de
capital, porque apenas se producía la especulación financiera y porque
había mucha más igualdad.
En los últimos años, esos factores que van a unidos a la mayor
frecuencia de crisis financieras se han reforzado: cada día hay mayor
desigualdad y están aumentado las fuentes de la volatilidad de los
capitales, como la deuda, la especulación bursátil, la pérdida de
rentabilidad del capital material, la crisis del comercio internacional y
de los sistemas monetarios, y la insolvencia generalizada de la banca
internacional.
Para colmo, además de esos detonantes de crisis financieras, en los
últimos tiempos se están abriendo otras fracturas en nuestras economías y
sociedades que también producen crisis económicas: en especial, las que
tienen que ver con el mal uso que hacemos del medio ambiente y de los
recursos naturales (la pandemia de coronavirus, querámoslo o no, es una
expresión de ello). (...)
Nadie sabe cómo será nuestro futuro. Aunque sí podemos estar seguros
de algo: mientras no se afronten estos factores continuados de
perturbación, mientras no se ponga coto a la especulación financiera y a
la acumulación vertiginosa de la riqueza en tan pocas manos, la salida a
esta crisis no podrá ser otra que una sucesión de otras nuevas. No será
ni en "V", ni en "U" y ni siquiera en "W", sino en una sucesión de
subidas y bajadas, de crisis frenéticas que pueden herir de muerte al
planeta.
Afortunadamente, sabemos qué se podría hacer para evitarlo y esta
misma crisis que estamos viviendo nos lo indica cuando nos muestra el
valor esencial de los servicios públicos, del cuidado, de respetar las
leyes de la naturaleza y no jugar con ella, de anteponer la lógica de la
vida a la del beneficio, la necesidad de contar con sistemas seguros
para el aprovisionamiento de los bienes, servicios o financiación que
nos resultan esenciales, o que la creación de riqueza que debemos
promover es la que satisface las necesidades de los seres humanos y no
sólo los privilegios de las finanzas. Sólo si tomamos conciencia de esto
podremos empezar a vivir con menos sobresaltos." (Juan Torres López, Público, 05/05/20)
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