"Muy simple: se ha desmoronado el castillo de naipes. Un mundo entero de
ilusiones, autoengaños y sofismas ha muerto.
Hemos llegado al final de
una larguísima cadena, una cadena que se lleva desenrollando desde los
triunfos de Milton Friedman y Friedrich von Hayek, popularmente
relacionados con Margaret Thatcher y Ronald Reagan, pero semejantes
también a Jimmy Carter y Bill Clinton, a Tony Blair y Gordon Brown, a
Bush y Obama, y a otras figuras menores. Una catastrófica coalición
binacional y bipartidista en el orden de ideas anglosajón. Donald Trump y
Boris Johnson son consecuencias, no causas, de esta catástrofe
conceptual. (...)
Los más ilusos son los que peor salen parados. En un primer momento, el
aturdido gobierno británico, un país dirigido por banqueros, inversores y
oradores de la Oxford Union, se inclinó por dejar arder el fuego.
Darwinismo social al nivel de la Gran Hambruna irlandesa. Mientras
malgastaban el tiempo, el incendio se fue desmadrando. El 16 de marzo,
cambiaron de rumbo: en Reino Unido empezaba la guerra. (...)
Europa se ha disuelto. Un amigo, encerrado solo en su apartamento en
Roma, me corrigió: Europa en realidad nunca ha existido. Igual que la
ficción de una sociedad organizada por el mercado, el espejismo de una
unión gestionada por ministros de economía y por bancos centrales se ha
evaporado. Macron habla solo para Francia; Merkel para Alemania y para
ningún otro sitio.
No hubo auxilio sanitario alemán para Italia en esos
momentos de necesidad. La respuesta del Banco Central Europeo (la compra
de algunos bonos) quedó eclipsada por el torpe comentario de Madame
Lagarde.
Cuando colapsó la Unión Soviética, los Estados que la sucedieron
sufrieron seis años en un infierno de privación, violencia,
desesperación y suicidios. El problema no era, como muchos pensaron, un
asunto de capacidad interna. Las fábricas existían, pero estaban
inactivas; los campos existían, pero quedaron abandonados. La causa fue
una parálisis con aspecto de shock: la incapacidad de soportar saqueos
internos, privatización y la apertura a suministros extranjeros.
La
recuperación empezó en 1998 bajo el mandato del primer ministro Yevgeny
Primakov, con un impago de la deuda, una devaluación y con una vuelta a
un semisocialismo modernizado, ahora ampliamente desarrollado, como ha
podido apreciar cualquiera que haya visitado Rusia últimamente.
Mientras tanto, en China hemos podido ver el poder del Estado,
apoyado por una ciudadanía muy comprometida y cooperativa. Dígase lo que
se quiera sobre los medios, que incluyeron vigilancia digital, control
social, una cuarentena de 60 millones de personas y la cruda decisión de
sacrificar a miles para salvar a cientos de miles. Así es la guerra.
Pero China parece haber controlado el brote y quedado socialmente intacta.
El caso de Corea no es tan claro pero resulta esperanzador por su
competencia, su organización, su capacidad productiva y sus cortas
cadenas de suministro.
La situación en Estados Unidos
¿Y Estados Unidos? También está en descomposición. Las autoridades
federales, salvo contadas excepciones, son abusivas, indiferentes o
simplemente estúpidas. Los líderes del Congreso parecen bloqueados. Las
únicas manos dispuestas son las de algunos gobernadores –de ambos
partidos–, de muchos alcaldes, de jueces de condado y de otras
autoridades locales. (...)
Para la población es una prueba de carácter. El estadounidense medio
suele tener vocación de servicio, estar preparado para seguir
instrucciones y hacer lo correcto, si el resto hace lo mismo. A mi
alrededor, en Austin, la gente está restringiendo sus actividades
mientras continúan yendo a sus trabajos en medio del riesgo creciente. (...)
No hay reservas de camas ni equipos hospitalarios. Las cadenas
internacionales de suministro están rotas, y faltarán medicinas de todo
tipo. La única ventaja posible de estar en Estados Unidos ahora mismo es
que es un país grande, por lo que la mayoría de las personas vive con
más espacio y podrá aislarse más fácilmente por un tiempo. Lo cual no es
consuelo para los pobres, ni para los neoyorquinos, ni para aquellos
que dependen de una asistencia que no podrán obtener.
Es duro vislumbrar el colapso del sistema de salud, pero hay otros
desastres más profundos en el camino. En California, se ha instado a
casi 6 millones de ancianos a quedarse en casa. Muchos de ellos viven
solos o en pareja. ¿Quién les alimentará? A esto el gobernador
respondió: “Buena pregunta”. La realidad es que en este país hemos hecho
un buen trabajo manteniendo a muchas personas ancianas y frágiles
vivas, uno pésimo en mantenerlas sanas y nos encontramos sin ningún
sistema para alimentarlas. Puede que ni sepamos dónde están. (...)
¿Qué hacer?
La economía norteamericana debe ponerse a luchar contra la pandemia
inmediatamente y con todas sus fuerzas. Sería necesaria ahora una
institución pública, al estilo de la Corporación de Reconstrucción
Financiera de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial, con
poder para tomar prestado y redistribuir, así como para afrontar los
problemas que lleguen. Se deben desplegar los cuerpos de seguridad del
Estado y todos sus recursos, así como todos los recursos civiles. Todos
los seres humanos disponibles deben ser alistados.
Las necesidades sanitarias inmediatas son suministros, camas y
personal. Hemos aprendido que se pueden construir hospitales en días.
Los espacios pueden ser requisados; los hoteles y las residencias están
vacíos. Se dice que el Ejército sabe lidiar con sucesos graves y
masivos. La Ley de Producción para la Defensa otorga la autoridad
necesaria para producir mascarillas, tanques de oxígeno o respiradores.
Hay empleos ilimitados, como limpiar y realizar otras funciones básicas.
Son trabajos que implican riesgos, por lo que deben estar decentemente
pagados. Si se garantiza el trabajo, la población lo hará. China dirigió
todo esto, y muchas personas se presentaron voluntarias.
La siguiente necesidad es estabilizar los suministros básicos
civiles: alimentos, medicinas, limpieza. El sistema existente puede
aguantar un poco más. Lo esencial es atarlo a lo local, apoyando a los
trabajadores para que puedan seguir: conductores, reponedores,
vendedores, limpiadores, cocineros y ayudantes de cocina. Si los
productos básicos siguen viniendo, la población continuará tranquila y
en paz con los demás. Como en Corea, se podría movilizar a los taxistas y
otros conductores profesionales para que desinfecten los automóviles y
repartan comida o medicinas. De repente, todos estos trabajadores son
esenciales y deben ser tratados como tal.
Deberán repensarse todos los servicios de información y, mientras
esto dure, se tendrán que suspender los pagos de las correspondientes
facturas domésticas: teléfono, internet, móvil. Que los gobiernos
federales compensen a las empresas por los costes básicos. Asegurar la
comunicación y el entretenimiento alentará a las personas a quedarse en
sus casas. El aumento de los ingresos disponibles ayudará en proporción
inversa a la riqueza: aquellos que dejen de percibir sus salarios son
los que más se beneficiarán.
Entre las grandes empresas más necesarias del momento están aquellas
que llevan redes de distribución masiva: Amazon, Walmart, FedEx, UPS,
así como las farmacias y las principales cadenas de supermercados.
Deberían ser gestionadas como servicios públicos por ahora. Esto
significa hacer envíos de productos de primera necesidad a precio de
coste y cancelar todas las florituras.
Los altos ejecutivos deben
contribuir con su tiempo, mientras que los trabajadores deberían
percibir aumentos de sueldo, atención sanitaria, equipos de protección y
sindicatos. A cambio de continuar en su trabajo durante la emergencia,
esos trabajadores también deberían salir de esta situación en una
posición totalmente distinta a la que tenían hasta el momento.
Muchos empleadores grandes, pequeños y medianos están en las últimas y
quizás se enfrenten pronto a la bancarrota: aerolíneas, cadenas
hoteleras, centros comerciales, centros de convenciones. Es imposible
enumerarlos todos. El capital desaparecerá, por lo que será necesario
usar la financiación para mantener las operaciones esenciales y asegurar
la estabilidad de los activos físicos y de ingeniería.
Es fundamental
para mantener a raya a los prestamistas y a los buitres establecer una
moratoria en el pago de créditos. Obviamente, los desahucios, las
ejecuciones hipotecarias y los cortes de luz, agua y otros recursos
básicos deben detenerse inmediatamente. Si fuera necesario, es mejor
racionar los suministros. Al desmoronarse las empresas, los banqueros
también. Cuando pase la tormenta, habrá que ver qué se puede
reconstruir.
Durante todo este proceso las personas deben ser reconfortadas.
Debemos cuidar a aquellos que están en casa. Y a los que sigan sanos se
les deberá proveer con trabajos útiles. Solidaridad, organización, determinación. Estas son nuestras palabras ahora." (James K. Galbraith, CTXT, 03/04/20; publicado en The Nation.)
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