15.5.20

La Covid-19 y el rescate de las empresas del Ibex-35. Las grandes empresas están jugando un papel similar al de los bancos durante la crisis financiera de 2008: en un momento de alta incertidumbre se benefician de la política pública y son rescatadas

"Las medidas que se han tomado para hacer frente a la emergencia sanitaria y la propagación del Covid-19 han supuesto un frenazo económico sin precedentes. 

En consecuencia, las instituciones públicas han activado planes, mecanismos e instrumentos que, pretendidamente, quieren detener el choque, reactivar la economía y recuperar la normalidad pre-pandemia. En este contexto, las grandes empresas están jugando un papel similar al de los bancos durante la crisis financiera de 2008: en un momento de alta incertidumbre se benefician de la política pública y son rescatadas. (...)

El pasado 24 de marzo de 2020, a raíz de los impactos del coronavirus, el BCE habilitóuna ampliación del programa de compra de bonos soberanos y corporativos con 750.000 millones de euros, llamado Pandemic Emergency Purchase Programme (PEPP). Con este movimiento el BCE pretende facilitar aún más el acceso a crédito para Estados y corporaciones.

 De esta ampliación en la compra de bonos se están beneficiando empresas como Total, Airbus, Shell, Akzo Nobel, E.ON, OMV, Carrefour o Suez y más de 50 transnacionales. En esta lista también hay empresas españolas como Repsol, Naturgy, Iberdrola, CEPSA y Red Eléctrica. Estas son algunas de las corporaciones más contaminantes del Estado, toda una declaración de intenciones de responsabilidad ambiental y social del BCE.  

¿Cómo y en qué beneficia el PEPP a las grandes empresas?


La misma concepción del PEPP hace que solo esté al alcance de las grandes empresas. Las emisiones de bonos tienen trámites costosos y solo se hacen por cantidades que van de los cientos a los miles de millones de euros. Además, las grandes empresas consiguen financiación barata y a largo plazo en un contexto de extrema dificultad para conseguirlo.


En esta lógica, el papel de las instituciones públicas es poner toda su credibilidad al servicio de las empresas. Cualquier inversor puede pensar que comprar deuda de una empresa es seguro porque una entidad como el BCE lo avala. Este hecho toma aún más relevancia si consideramos que dentro del PEPP, el BCE por primera vez compra “non financial comercial paper” es decir, pagarés de empresa a corto plazo (menos de dieciocho meses) porque los inversores estaban dejando de comprarlos. De esta manera el rango de productos de deuda corporativa y su calidad se amplía para favorecer el sector privado. (...)

 De todas formas, en tiempos de pandemia, es curioso ver como el BCE ha realizado dos operaciones de compra de bonos a 5 y 10 años a Repsol, una empresa con una caída de su valor en bolsa del 50% desde principios de año. Y más teniendo en cuenta que su producto principal, el petróleo, ha sufrido un descenso histórico y que tiene su sede en un país con unas previsiones económicas catastróficas. Además, el retorno del importe de los bonos después de diez años dependerá de la capacidad de recuperación de Repsol. Por lo tanto, se crea una relación de riesgos compartidos donde el BCE establece una alianza financiera con el sector fósil y necesita que este funcione para cobrar los bonos.

¿Cómo y bajo qué criterios se realiza la compra de bonos?

El BCE delega la tarea de escoger las empresas a los bancos centrales de Alemania, Francia, España, Italia y Bélgica. Los criterios que emplean son la estabilidad financiera de las empresas y la calidad de la deuda. El BCE no obliga a los intermediarios bancarios a seleccionar los bonos según criterios sociales, ambientales o climáticos.  (...)

¿Cuál es el papel del Banco Europeo de Inversiones?


Con el Banco Europeo de Inversiones (BEI), el banco público de inversión de la UE, encontramos una operativa similar a la del BCE: todo parece indicar que jugará un papel importante dentro de los planes de recuperación de la pandemia. Pero funciona con procesos poco democráticos, poco transparentes y con falta de criterios ambientales y sociales. 

El BEI ha creado un paquete de emergencia de 40.000 millones de euros que ya está operativo y un fondo de garantía de 25.000 millones que debería movilizar capital por valor de 200.000 millones, aunque aún está pendiente de aprobación. En principio, los dos mecanismos del BEI de ayuda contra la crisis del Covid-19 se destinarán a facilitar préstamos, dando garantías y avalando pequeñas y medianas empresas (PYMES). (...)

Además, existe un riesgo real de que el BEI financie proyectos de gran escala a empresas contaminantes y apoye privatizaciones. Esta ha sido su línea de trabajo principal, con proyectos fallidos como el Castor y la mercantilización de servicios públicos como la sanidad, a través del apoyo a las colaboraciones público-privadas (CPP).


¿Estamos realmente rescatando empresas?


El rescate de una empresa del Ibex-35 también significa el rescate de sus accionistas mayoritarios, en muchos casos bancos y fondos de inversión, algunos omnipresentes, como el fondo estadounidense BlackRock. Este fondo es el inversionista mundial más grande en combustibles fósiles, también participa en la industria armamentística y se ha convertido en el nuevo y sorprendente asesor de la Comisión Europea sobre factores ambientales, sociales y de gobernanza en la supervisión bancaria.


Si nos fijamos en Naturgy (antes Gas Natural Fenosa), sus accionistas Criteria Caixa, el fondo de inversión luxemburgués CVC Capital Partners y el estadounidense Global Infrastructure Partners (GIP) recibieron dividendos por valor de 869 millones de euros durante 2019. Aquí otro de muchos los problemas: los dividendos. 

Aunque el BCE ha avisado a todas las entidades bajo su supervisión que obliguen a los bancos a no pagar dividendos hasta el mes de octubre 2020, esta obligación no se aplica a las empresas. Por ejemplo, el pasado 25 de marzo, en plena crisis del Covid-19, Naturgy decidió pagar el tercer dividendo de 2019 a cuenta de 0,593 euros brutos por acción, sin aprobación de la Junta General de Accionistas, por un total de 583 millones de euros. Por lo tanto, hay un riesgo real de transferencia de dinero público, destinado a paliar los efectos de la pandemia, a los bolsillos de los inversores a través del reparto de dividendos.  (...)

Por último, otro punto de fuga de dinero público son los paraísos fiscales. Un reciente informe de Intermon Oxfam concluyó que 805 filiales de las empresas del Ibex-35 “tributaban” en paraísos fiscales, con el liderazgo del Banco Santander, con 207, ACS con 109 y, en tercer lugar, la petrolera REPSOL, con 81. El mismo informe apunta que desde 2004 el impuesto de sociedad recauda un 11% menos pero los dividendos han aumentado en un 83%.


Hacia una gestión democrática, transparente y justa de la crisis

La experiencia de la gestión de la crisis de 2008 aún está muy presente. Desgraciadamente, el camino emprendido por las instituciones públicas en 2020 es muy similar. Para garantizar una gestión democrática de esta crisis se debe exigir que los movimientos de dinero público puedan ser escrutados por la ciudadanía para que se pueda discutir hacia dónde se encaminan las ayudas. La falta de información y criterios sociales y ambientales, son una mala señal del papel que deben jugar las instituciones. (...)

No se pueden rescatar beneficios. Igual ocurre con las empresas con filiales en los paraísos fiscales. El dinero público no puede ir a parar a las empresas que evaden impuestos."            

(Nicola Scherer , Alfons Pérez, CADTM, 14/05/20; fuente: El Crític)

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