"La epidemia de coronavirus en Estados Unidos está fuera de control. En
cuatro estados (Arizona, Texas, Florida y California) el número de
nuevos casos diarios se cuentan por miles y no dejan de crecer. (...)
Ante la posibilidad de una catástrofe económica, una segunda oleada
de la epidemia aún más letal que la primera con decenas de miles de
muertes, con disturbios en las calles, la presidencia de Donald Trump
parece enfrentarse a un reto casi imposible, a menos de cuatro meses de
las elecciones. Los sondeos para él y su partido oscilan entre lo horrible y lo catastrófico, con los demócratas competitivos incluso en sitios como Texas.
Con
este panorama, uno se esperaría que el partido republicano estaría o
bien en un estado de pánico, o bien en modo hiperactivo en pleno
postureo heroico de hombres de acción enfrentándose al problema, en plan
hombres de estado en medio de la tormenta pidiendo unidad nacional y
templanza ante el virus, o una combinación más o menos coherente de
todas estas posturas.
Lo que están haciendo es… bueno, es difícil saber qué están haciendo, la verdad. Quizás la palabra más adecuada es catatonia.
Tenemos por un lado al presidente Donald J. Trump. Sus declaraciones estos días oscilan entre quejarse de Fox News porque le tratan mal, seguir obsesionado sobre estatuas y monumentos, y retuitear teorías
de la conspiración sobre la pandemia. Trump no está diciendo nada sobre
economía, aparte de que todo va muy bien y que la creación de empleo es
espectacular, e insiste en decir que el coronavirus no es un problema, o
que está casi arreglado, o que la culpa de que lo sea es de China, la
OMS, los gobernadores que le caen mal o los medios de comunicación. Si
alguien esperaba liderazgo desde la Casa Blanca, estos días ha sido
difícil encontrarlo.(...)
En los estados, los gobernadores de algunos de los estados con los peores brotes de COVID han decidido que lo mejor es no hacer nada. Ron DeSantis, gobernador de Florida, ha decidido permitir que
Disneyworld reabra esta semana a pesar de tener más de 10.000
infecciones nuevas diarias, porcentajes de positivos altísimos, UCIs
llenas y un número creciente de fallecimientos. Florida ha renunciado a
imponer confinamientos o el uso de máscaras, dejando que las autoridades
locales tomen la iniciativa. Los restaurantes siguen abiertos en casi
todo el estado; la única medida que ha impuesto es prohibir que los bares vendan bebidas alcohólicas. (...)
En resumen: el GOP (Grand Old Party) parece haber visto que un meteorito va camino de
impactar directamente sobre el partido y potencialmente extinguir
cualquier rastro de vida humana en él este noviembre, y lejos de
preocuparse, han puesto tumbonas, servido mojitos y están todos mirando
el apocalipsis en primera fila. Es difícil de entender.
Hay dos teorías no del todo contradictorias sobre por qué esto está
sucediendo. Tim Allen, en un buen artículo en Rolling Stone, explica
como muchos estrategas del GOP han llegado a la conclusión de que las
bases del partido han perdido totalmente la cabeza y que cualquier
intento de llevar la contraria a Trump es un suicidio político.
Sí, el presidente es horrendamente impopular, pero ningún político
republicano puede aspirar a ganar nada si el 35-40% de votantes
trumpistas convencidos no le apoyan. (...)
La otra explicación era algo que discutían el
otro día Ezra Klein y Matt Yglesias hablando sobre la pandemia. Su
impresión es que el GOP está dividido en dos mitades. Por un lado
tenemos a los trumpistas, que están tan convencidos como su jefe que el
COVID es una trola, el país va viento en popa y que lo que preocupa de
verdad a la gente es el racismo anti-blanco, la inmigración ilegal, la
preservación de estatuas confederadas y mantener a las hordas del
socialismo fuera del poder.
A estos lo que digan los sondeos les importa
poco; viven en su cámara de resonancia de Fox News, creen que pueden
conseguir que el país tema a Joe Biden y están convencidos que Trump
está haciéndolo de putísima madre. De chiflados los hay en todas partes,
pero el GOP está especialmente lleno de ellos estos días.
La
otra mitad del partido son los realistas. Son gente que estarán más o
menos a favor de las políticas de Trump y que serán más o menos
conservadores, pero que siempre han visto al presidente con cierto
escepticismo/desdén y creen que los sondeos no mienten. Para muchos de
estos republicanos, la catástrofe sanitaria en ciernes, el desastre
económico, la vergonzosa conducta de Trump, y la cada vez más inevitable
derrota electoral son vistos como una penitencia, un castigo.
El GOP
toleró primero y aclamó después a un cretino narcisista e incompetente
como líder del partido. Simplemente, no quieren ya luchar por Trump - y
no temen a Joe Biden como temían a Sanders o detestaban a Hillary. De
forma consciente o inconsciente, están resignados al desastre. No tienen
ganas de luchar más.
¿Quiere decir esto que Trump tiene las
elecciones perdidas? No, por supuesto; Dios nos libre de decir que
alguien no puede ganar jamás en absoluto. Aun así, Trump ahora mismo
corre el peligro de algo peor de ser rechazado, temido u odiado, sino
simplemente irrelevante: alguien a quien nadie le hace caso, nadie le
toma en serio, y que diga lo que diga o haga lo que haga, no es visto
como alguien creíble.(...)" (Roger Senserrich , blog Four freedom)
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