"La cuarentena de dos semanas que
desde la medianoche de este 26 de julio impone el Gobierno de Reino
Unido a todo viajero que llegue desde España ha aplicado una nueva
vuelta de tuerca al sector turístico español, cuyo declive por las
restricciones a la movilidad derivadas de la pandemia y su elevada
dependencia del exterior amenaza con provocar daños de magnitud
desconocida en la economía española, ya que se trata del país de origen
de más de la quinta parte (22%) de los visitantes extranjeros que llegan a territorio español cada año.
El anuncio del rescatado gigante alemán del turismo TUI (Touristik Union International) de suspender hasta el 9 de agosto los paquetes entre la península y el Reino Unido,
mientras decide si amplia esas restricciones y si las extiende a
Baleares y Canarias, es el primer movimiento empresarial de calado tras
el establecimiento de las cuarentenas y la exclusión de España de la
lista de países seguros en materia de covid-19 que han adoptado varios
estados europeos.
La medida del ejecutivo de Boris Johnson tiene unas obvias consecuencias desincentivadoras en el ámbito turístico, ya que, al margen de las decisiones de los grandes operadores, para muchos trabajadores británicos veranear en España supone a partir de este lunes, en el mejor de los casos, la obligación de consumir la mitad de sus vacaciones en un confinamiento domiciliario al regresar.
Pero Reino Unido no
es, ni mucho menos, el único país que aplica una medida de ese tipo ni
el único en el que se da ese efecto desincentivador, ya que las
cuarentenas de dos semanas para quien llegue de España están vigentes,
además de en Inglaterra, Escocia e Irlanda, en Bélgica y, para quienes han pasado por el Segrià leridano o La Mariña lucense, en Holanda, mientras que Noruega aplica una de diez días.
Según los datos del Ministerio de Asuntos Exteriores, otros 19 países, seis de ellos europeos (Bosnia, Estonia, Finlandia, Georgia, Lituania y Rusia), "imponen medidas de cuarentena para viajeros cuyo origen sea España".
Y, aparte de estos, un total de 111 "han establecido algún tipo de prohibición a la entrada de personas que provengan de España", en algunos casos dependiendo de la disponibilidad de un PCR negativo en las 36 horas previas a la entrada, o "han suspendido las comunicaciones aéreas y/o marítimas".
Una factura perdida y otras dos en el aire
Los 25 países que aplican cuarentenas aportan, según los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística),
más de 28 millones de turistas que suman la tercera parte de los 83,7
que visitan España, entre los que destacan los 18,07 millones
procedentes de Reino Unido, que es el principal cliente de las playas
españolas, mientras que de Bélgica salen 2,53, de Irlanda 2,17, de
Holanda 3,7 y de Rusia 1,31.
Solo la ausencia de
los visitantes procedentes de esos países supone una merma de ingresos
para el negocio turístico español de más de 30.000 millones de euros al
cabo del año, ya que, según los datos del INE,
el gasto medio de los turistas extranjeros, cuyo viaje promedio dura
entre siete y ocho días con un desembolso de algo más de 150 euros por
jornada, ya superó el año pasado los 1.100 euros.
La magnitud del pinchazo equivale, prácticamente, a la que supondría para España en términos económicos la inexistencia del sector primario, cuyo volumen de negocio alcanzó el año pasado, sin incluir la agroindustria, los 33.017 millones de euros.
En esta situación, y ante el desplome del turismo interior provocado
por el parón de la actividad productiva y comercial y por la
incertidumbre ante lo que pueda pasar el próximo otoño, el sector
turístico, y con él el resto del país, tiemblan ante la posibilidad de
que puedan adoptar medidas restrictivas los otros dos grandes clientes,
que son, con algo más de once millones de viajeros y sendas
facturaciones de más de 12.000 millones de euros cada uno de ellos,
Alemania y Francia.
El último de ellos ya ha recomendado no viajar a Catalunya,
mientras el segundo estudia imponer la obligatoriedad de contar con un
PCR negativo reciente para poder entrar en su territorio. (...)
Un millón de empleos en el aire
En la misma dirección apunta la cronificación de los ERTE en
sectores como la restauración y los alojamientos, en los que a finales
de junio seguían hibernando casi la mitad de los 1,6 millones de
empleados. A eso se le suma la pérdida de más de 400.000 afiliados a la Seguridad Social en esas actividades según las estimaciones de Tourespaña.
El grueso de ese último grupo lo forman los eventuales que no
trabajaban cuando llegó el estado de alarma y que no lo han vuelto a
hacer desde entonces.
Esa caída de la
actividad turística tiene, por su elevado peso en el sistema económico
español, un efecto de arrastre especialmente intenso que el presidente
del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, cifra en 0,3 puntos
de PIB en sectores como la alimentación, los transportes o la energía
por cada punto que retrocede el turismo. (...)" (Eduardo Bayona, Público, 26/07/20)
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