"La diferencia más palpable entre la actual crisis del coronavirus y
la financiera de 2008 ha sido la manera de afrontarla.
En la anterior
debacle los poderes económicos priorizaron la salvación de los bancos a
costa de drásticas medidas de austeridad para la población. Esta vez la
primera línea de lucha contra la pandemia ha estado formada por médicas,
enfermeras, trabajadores de los hospitales, residencias de mayores,
repartidores, cajeras y empleados en los comercios. Ha sido una
respuesta humanitaria. Luego han venido las medidas de los gobiernos y
Europa.
Esta experiencia ha puesto de relieve cómo una parte esencial de la
economía no puede guiarse por el mercado. El comportamiento humanitario
de unos trabajadores es lo que nos ha permitido sobrevivir. Como ha
señalado el manifiesto firmado por Thomas Piketty, James K. Galbraith,
Benjamin Sachs y más de 600 investigadores, “esta pandemia ha revelado
también cómo el trabajo en sí tampoco puede reducirse a mera mercancía”.
Su propuesta llama a democratizar la empresa y a descontaminar las
actividades productivas. La lista de actividades que no pueden guiarse
por el mercado como la sanidad, las residencias de mayores, los cuidados
y la investigación científica sanitaria crece sin cesar.
Esta crisis ha revelado también cómo es vital que los trabajadores
cuenten con una red de protección cuando pierden su empleo. En España
casi cuatro millones de trabajadores y 42 millones en Europa se han
beneficiado de ayudas públicas temporales, según el Instituto Sindical
Europeo. Claro que las condiciones de protección han sido muy distintas. (...)
Ante el aumento de las bolsas de hambre, el Gobierno ha acordado un
ingreso mínimo vital que rescatará a las 850.000 familias más pobres,
que comprenden a unos 2,3 millones de personas. (...)
Esta crisis castiga sobre todo a los jóvenes, que ya fueron
sacrificados hace una década. Se han aplazado oposiciones, suspendido
contratos de aprendizaje y no hay nuevos empleos para ellos. Hay que
pensar que la aspiración última de los jóvenes no es una ayuda, sino un
puesto de trabajo digno.
Las medidas aplicadas hasta ahora por los gobiernos han repetido los
errores de la crisis anterior. Un colosal endeudamiento. Según la
Organización para la Cooperación y Desarrollo (OCDE), la deuda pública
aumentará en 17 billones de euros este año en los 37 países ricos de
este club. La deuda media subirá hasta el 137% del PIB, otra carga para
los jóvenes.
Los gobiernos apenas han abordado la cuestión de los ingresos para
tantos nuevos gastos. Desde una perspectiva más solidaria, la Plataforma por una Fiscalidad Justa propone 15 medidas que aportarían más de
34.300 millones de euros anuales.
Destacan la creación de una tasa covid para los patrimonios de más de
un millón de euros, un complemento extraordinario a los tramos
superiores del impuesto sobre la renta, una tributación mínima efectiva
del impuesto de sociedades del 15% y un aumento de tres puntos del IVA
para los bienes suntuarios.
A medida que se agrava la crisis se multiplican las propuestas que
piden otro modelo económico, como la nueva Internacional Progresista,
para construir una sociedad más justa. En Europa se han empezado a dar
pasos hacia una mayor solidaridad, pero hay mucha resistencia. Crecen
las voces que reclaman detener la destrucción del medio ambiente y el
crecimiento de la pobreza. De esta crisis no salimos con el viejo
sistema de siempre. " (Andreu Missé, CTXT, 06/06/20)
No hay comentarios:
Publicar un comentario