"Hay que retrotraerse al 14 de Mayo para comenzar a comprender la situación política y epidemiológica que vive hoy la Comunidad de Madrid. Es decir, a los días en los que Isabel Díaz Ayuso acusaba al Gobierno Central de imponer un mando único dictatorial que cercenaba las libertades de las y los madrileños, las libertades de los suyos.
En aquel discurso se apelaba a la “libertad de los empresarios”: si la presidenta de la Comunidad de Madrid ha hecho algo en estos meses de pandemia es apelar a su base social, al empresariado madrileño, a los comerciantes… Haciendo de la apuesta por la economía y su apertura un tema central para el Partido Popular, este posicionamiento ha creado un falso debate entre primar la seguridad sanitaria como tema de la izquierda y evitar el desastre económico como tema de la derecha.
Desde que la Comunidad de Madrid recuperase de forma plena las competencias para enfrentarse a la pandemia tras la desescalada, ha sido una constante la reclamación por parte de diferentes sectores de la sociedad (movimientos sociales, profesionales de la sanidad, de la educación etc.. ) la dotación de medios para enfrentarse a la segunda ola de la pandemia. Sin embargo, la respuesta del gobierno de Ayuso-Aguado ha sido la gestión más ideológica de la pandemia que se ha dado en todo el Estado español.
En julio se exigían a la Comunidad de Madrid 1200 rastreadores para poder controlar la expansión del virus entre su población, en ese momento la Consejería de Sanidad prometía dotarse de 300 rastreadores y se calculaba que contaban con 150. La respuesta de la Comunidad al aumento de casos fue contratar 20 rastreadores a una empresa privada, Quirón, por valor de 200.000 €.
Otra
gran jugada fue la que realizó en la gestión de la vuelta al cole,
Ayuso anunció una contratación de 11.000 profesores para poder cumplir
las ratios de 20 alumnos por aula que marcaba el Ministerio de Sanidad,
pero estos profesores resultaron ser los interinos que se incorporan
todos los años y las contrataciones reales no llegaron a 300 profesores.
Para incorporar a todo el profesorado a sus puestos de trabajo se
decidió realizarles test de forma generalizada. Estos test también se
adjudicaron a una empresa privada del sector de la salud, Ribera Salud. (...)
A lo largo del mes de septiembre, la pandemia se ha ido acelerando en Madrid y no se han puesto medidas mucho más allá de las ya enunciadas. Reforzamiento de la atención primaria, contratación de más profesorado, una ampliación seria de rastreadores o un plan para el transporte público y los desplazamientos en Madrid que combinara una planificación de los horarios de entrada y salida del trabajo con más frecuencia y más personal para evitar el embotellamiento de hora punta. Todas estas posibles soluciones ni siquiera se han explorado y en su lugar el gobierno de la CAM ha profundizado en sus marcadas políticas de clase y tomó la decisión de confinar los barrios del sur.
Después de meses de información sobre las características de expansión del virus, el marcado carácter clasista y segregacional de las políticas de restricción de la movilidad, además de que era evidente para todo el mundo que no iban a funcionar mientras los desplazamientos laborales no se cortasen en seco, provocaron el inmediato rechazo por parte de las poblaciones afectadas. La explosión de movilizaciones en los barrios del sur confinados tiene varias explicaciones que no se circunscriben sólo a la pandemia y a la decisión de la Comunidad, aunque se han condensado de forma evidente en esta coyuntura. (...)
Madrid, en este punto de la pandemia, es un problema para cualquiera que juegue a la política institucional, porque se ha convertido en un campo de batalla para el reparto de las culpas. Como incidimos en el comienzo, Ayuso trató de culpar al Gobierno Central de todos los males mientras existió el mando único y defendió a su base social que presionaba para forzar la apertura económica y poder reabrir sus negocios.
Unos meses después, la presidenta de la Comunidad de Madrid se ha encontrado ante la decisión de confinar Madrid y ha hecho todo lo que ha estado en su mano para no tener que hacerlo. Primero tomó la decisión más fácil, confinar los barrios del sur dónde están mayoritariamente los votantes de la izquierda, y después ha buscado el choque con el gobierno central.
La reunión del 21 de Septiembre de Pedro Sánchez con la presidenta de la Comunidad supuso un balón de oxígeno para su Gobierno, que se encontraba con todas las zonas restringidas en contra y con la certeza de que estas medidas no eran suficientes para contener la expansión del virus, pero que ir más allá le costaría la crítica de los suyos. Por otro lado, asistimos a una extraña jugada del PSOE que no ganaba nada en aquella reunión.
Con parte importante de su electorado en Madrid confinado, solo podía sacar una cosa de aquella reunión: no cerrar ninguna puerta para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, tampoco la del PP. Ayuso fue conciliadora en esa negociación para conseguir una mesa de negociación que sabían que estaba muerta desde el principio. No se trataba de llegar a un acuerdo; se trataba de llevar al Gobierno Central a la acción y obligarle a tomar la decisión de confinar Madrid, lo que lleva al Gobierno de Madrid a estar en una situación mucho más cómoda, como en los meses de marzo y abril.
Aceptando el confinamiento para no llevar la situación al límite de la legalidad, dejando atrás la vacua amenaza de declararse en rebeldía, pero llevando a los tribunales al gobierno para seguir apareciendo como garantes de los intereses económicos de la clase media rentista y de la fracción de las élites económicas madrileñas que todavía les prestan su apoyo.
(...) hay que plantear un horizonte que plantee soluciones más allá de lo
institucional (aunque sin despreciar la necesidad de una moción de
censura para echar a Ayuso); que ponga encima de la mesa que el
confinamiento sin medidas sociales fuertes tampoco va a mejorar la
situación. Por eso, hoy recobra importancia la idea de construir una
huelga general unitaria, ciudadana, y amplia, que ponga encima de la
mesa las medidas urgentes que deben tomarse para frenar la pandemia y
paliar las graves consecuencias de la grave crisis social que apenas
acaba de empezar a abrirse." (Rubén Burgos, Viento Sur, 03/10/20)
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