"(...) En el libro considera que Estados Unidos está jugando el mismo papel que la Unión Soviética en la anterior guerra fría. Define al país norteamericano como «un sistema esclerótico y anquilosado que carece de la visión precisa para reaccionar con rapidez y altura de miras a las transformaciones». En ese contexto, ¿considera la presidencia de Donald Trump como un síntoma del colapso del imperio?
Como potencia dominante y, por tanto, la más influyente en general, Estados Unidos también está sometido a tensiones internas que desestructuran su propia organización. Trump, en ese sentido, no es más que el reflejo de un cambio en el sistema económico que resuelve sus contradicciones a través de un nuevo líder político.
En ese aspecto, las consecuencias se establecen en distintos órdenes. Uno en el internacional a través de la lucha con China. También en la reconstrucción de las relaciones con los socios en términos más favorables para Estados Unidos. El problema es que tiene que resolver contradicciones interiores ligadas, por un lado, a la brecha en su población, cuya diferencia de perspectivas de vida, nivel de recursos y esperanza en el futuro, es grande.
Por otro lado, tiene el problema de que parte de las élites de su territorio se ven confrontadas en sus aspiraciones y necesidades. Por ejemplo, sectores como el financiero y tecnológico que necesitan una expansión global tienen enfrente a la esfera militar e industrial que tienen otras prioridades, como hemos visto durante la pandemia.
Ese choque entre actores influyentes en Estados Unidos encuentra una resolución momentánea a través de Trump. Es un momento coyuntural. Veremos si gana las elecciones, aunque si lo hace Biden, las diferencias no van a ser sustanciales. Las contradicciones seguirán ahí. Al ser un cambio sistémico, los actores van a tener importancia, pero por lo que estamos viendo, existe una línea de continuidad grande.
Precisamente, Biden podría ser catalogado dentro de ese rango de políticos cuya candidatura se basa más en ir a la contra de algo o de alguien que en propuestas concretas. ¿Cree que tiene opciones de ganar las elecciones a Trump?
Posibilidades tienen los dos. Antes de la pandemia Trump estaba bastante fuerte, pero la gestión de esta ha sido mala, con lo cual le ha perjudicado. Queda un mes para las elecciones y es un contexto muy polarizado en el que tampoco podemos fiarnos de las encuestas, como ya vimos en las anteriores elecciones presidenciales. Biden tiene posibilidades, pero la principal baza que está jugando es que se vaya Trump, no hay un elemento de convicción de futuro ni de ideas que empuje. Además, Biden es un mal candidato, eso puede perjudicar a un Partido Demócrata que parecía lanzado.
¿Cómo ve el papel de China tras la pandemia del Coronavirus? ¿Es el inicio de su liderazgo mundial?
China está lanzada ya mundialmente. Es la segunda gran potencia y está creciendo en muchos sentidos. Sobre todo en los importantes, China va hacia arriba. Habrá que ver cómo termina la pandemia y en qué condiciones, pero está claro que el mismo hecho de la pandemia y la forma en la que la han resuelto beneficia bastante a China. También deben de afrontar su desacople con Estados Unidos, el cual es muy difícil por muchos motivos.
China tiene mucha deuda estadounidense, a la vez que muchas empresas y fondos de inversión estadounidenses ganan dinero con la fabricación en China, con lo cual ahí hay una dificultad para desacoplarse. Tampoco China tiene una intención de interferir en zonas occidentales de una manera clara, aunque sí quiere ganar posiciones y lo está haciendo, pero no es una postura absolutamente decidida para disputar la hegemonía de Estados Unidos. Es una posición en la que cada uno intenta ganar más parte de poder y de recursos. Lo único que puede hacer que China suba más no es su desarrollo, sino una mala gestión por parte de Estados Unidos y Occidente del momento económico, político y social.
Una vez que se ha constatado que la evolución de China, pese al aumento de bienestar de su población y su progreso económico, no ha desembocado en un tránsito hacia la democracia, ¿puede su modelo de Estado ser visto en sectores de Occidente como un ejemplo a seguir por la eficacia de sus resultados, pese a ser un régimen autoritario?
Esta es una de las cuestiones que más tenemos en mente. En primera instancia, no podemos olvidar que gran parte del mundo ya ha girado hacia regímenes autoritarios. La mera presencia de Trump y de Johnson tiene que ver con ello. Brasil, India, Rusia, todos ellos grandes actores internacionales, ya tienen un régimen distinto al democrático.
Existe la tentación de ver un régimen autoritario como más eficiente para conseguir resultados. Esto es mentira. Lo estamos viendo con la pandemia. Hay países autoritarios, como China, que han salido bien de la crisis sanitaria y otros que están saliendo muy mal. Igual que hay democracias que han gestionado muy mal la pandemia y otras que lo han hecho bastante bien.
El problema es que las ineficiencias en Occidente están siendo muy elevadas. En lo sanitario y económico se está notando de una manera clara, pero también en lo político. Ante ello, cabe la tentación de pensar que si cambiáramos de régimen las cosas irían mejor. Esto es un problema habitual. Las democracias en general, lo hemos visto especialmente a partir de la II Guerra Mundial, funcionan, tienen consenso y sus instituciones son creíbles cuando les das un entorno adecuado.
Si la situación económica se deteriora y esta afecta a mucha
gente, va a haber mucho descontento y lo va a pagar el régimen. Si el
descontento existe las estructuras institucionales van a aumentar su
descrédito. Eso históricamente ha abonado el camino hacia la transición a
regímenes autoritarios o revolucionarios. Es una posibilidad abierta
aquí. Sería un modo típico de resolver las contradicciones que no has
resuelto y que crees que por la fuerza vas a poder hacerlo. (...)"
(Entrevista a Esteban Hernández, Eduardo Bayón, Debate21, 11/10/20)
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