20.11.20

Joe Biden es un político con una larga trayectoria de defensa de los intereses de la clase corporativa. Trump, con gran astucia, acusó a los Demócratas de estar financiados por los grandes grupos económicos y financieros... y se definió como el defensor de la clase trabajadora industrial. La movilización de esta clase trabajadora precarizada es la que contribuyó al gran aumento del voto republicano... Trump tiene una orientación ideológica de características semejantes a las del fascismo español... cousas veredes

 "(...) Joe Biden es un político con una larga trayectoria de defensa de los intereses de la clase corporativa dentro del Partido Demócrata, habiendo sido una voz importante de la ideología liberal promovida por su formación desde el mandato del presidente Clinton al del presidente Obama, del cual él fue vicepresidente. 

Su apoyo a la globalización y a los tratados de libre comercio dañaron el bienestar y calidad de vida de las clases trabajadoras de los sectores industriales, que vieron descender tanto sus salarios y estabilidad laboral como el número de puestos de trabajo durante la época de expansión neoliberal. Como resultado, se produjo un descenso muy marcado de la esperanza de vida de la clase trabajadora de los sectores industriales (la mayoría blanca), con un aumento de la mortalidad debido a la adicción a las drogas y suicidios, entre otras causas. 

De ahí que una parte muy importante de esta clase trabajadora blanca se convirtiera en el eje central del apoyo a Trump, que se presentó, tanto en 2016 como en 2020, como el candidato antiestablishment liberal. El trumpismo (como también mostré en mi artículo El crecimiento del trumpismo o fascismo en EEUU, Público, 26.10.20) tiene una orientación ideológica de características semejantes a las del fascismo español, con un nacionalismo exacerbado -que considera a su nación como la escogida por Dios para liberar al mundo del socialismo-comunismo- y un marcado carácter religioso, machista, anticientífico, autoritario, caudillista, antidemocrático y represivo.

Sería un gran error, sin embargo, considerar a todos los votantes de Trump como trumpistas. En realidad, el voto a Trump era el voto contra el establishment liberal del gobierno federal que había abandonado las políticas redistributivas para centrarse en las políticas identitarias que consistían primordialmente en integrar a personas profesionales negras y mujeres en las estructuras del Estado. 

El hecho de que el Partido Republicano haya conseguido, en estas elecciones del 3 de noviembre, el mayor número de votos de su historia (más de 71 millones), constata el éxito de Trump en canalizar el gran enfado de grandes sectores de la clase trabajadora, pasando de la abstención al voto Republicano, aumentando la participación hasta niveles récord. 

Según los datos del New York Times, recogidos en una encuesta a pie de urna, el 49% de los votantes sin educación media y superior -la mayoría de clase trabajadora no cualificada-, el 40% de los trabajadores sindicalizados y el 41% de los trabajadores en situación precaria de trabajo, votaron a Trump, canalizando el enfado y rechazo hacia el establishment liberal representado por el Partido Demócrata e identificado con la candidatura de Biden. 

Esta experiencia, por cierto, es semejante a la europea, donde la conversión de las izquierdas (predominantemente socialdemócratas) al neoliberalismo ha tenido como consecuencia el trasvase de voto de amplios sectores obreros que votaban a partidos de izquierda a una ultraderecha que consiguió canalizar el rechazo hacia aquellas políticas.

Trump, con gran astucia, ha estado acusando a los Demócratas de estar financiados por los grandes grupos económicos y financieros del país, utilizando la gran hostilidad que ha recibido de los medios (que estos grupos financian) como prueba de ello. En su último discurso de campaña se definió como el defensor de la clase trabajadora industrial (the blue collar workers), olvidada y maltratada históricamente por los gobiernos del Partido Demócrata. 

La movilización de esta clase trabajadora precarizada (mayormente abstencionista), así como de otras poblaciones olvidadas por el establishment liberal (como las poblaciones rurales) ha sido lo que más ha contribuido al aumento de más de 8 millones de votantes al Partido Republicano respecto a las elecciones de 2016. 

Ha sido precisamente el gran aumento de la participación electoral, con la movilización de amplios sectores abstencionistas a favor de Trump, lo que ha causado que fallaran casi la totalidad de las encuestas que auguraban un enorme triunfo de los Demócratas. Aunque Trump haya perdido las elecciones, ganó la gran batalla dentro del Partido Republicano, consiguiendo el mayor número de votos que el partido haya conseguido en su historia. 

Nunca antes el partido había tenido una base social tan amplia y movilizada como ahora. De ahí la importancia de este dato, ignorado o silenciado por gran parte de los principales medios de información en España. (...)"                        

(Vicenç Navarro, Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas, Universitat Pompeu Fabra, Profesor de Public and Social Policy en The Johns Hopkins University, Público, 11/11/20)

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