18.12.20

La pérdida de trabajos es producto de la lógica financiera. Si ves muchas empresas españolas que existían y han dejado de existir, ha sido por el impulso a la concentración instigado por lo financiero... el perdedor de la globalización es el pequeño comerciante que tiene una tienda aquí, es el del bar, es el profesional liberal, es el autónomo, y es buena parte de las clases medias altas nacionales.

 "(...)—¿La lógica financiera es cancerígena?

—Por completo. Además, fíjate que, hasta donde sé, una de las dificultades de tratamiento que tiene el cáncer es que utiliza distintos modos para entrar en las células y reproducirse: puede ir al núcleo, puede ir al exterior… No todos los cánceres actúan igual. 

Con el capital financiero ocurre eso: está extrayendo la vida productiva de una sociedad de muy diferentes maneras, pero todas van en la dirección de extraer la sangre del cuerpo social productivo o económico. Buena parte de las dificultades que tienen grandes empresas hoy es, precisamente, esa incapacidad para pensar que lo esencial es realizar una tarea con la que ganar dinero. 

O sea, la orientación financiera consiste en tener un plan para ganar dinero, a veces generando y otras extrayendo. Como extraer es mucho más fácil que generar, pues, en general, se extrae mucho más. Una gran empresa del pasado sabía que necesitaba producir algo para poder venderlo, un bien, un servicio o lo que fuera, pero había una actividad con la que se ganaba dinero. Ahora, a veces se gana dinero dejando de hacer la actividad.

— El gran enfrentamiento “entre lo productivo y lo financiero” puede derivar en…

—…en lo que estamos viendo. Cuando uno piensa, por ejemplo, en hechos que nos afectan en nuestra vida cotidiana, como el alquiler de las viviendas… El alquiler de las viviendas sube. No hace tanto, la gente podía comprar un piso en España: nadie alquilaba, porque había capacidad económica de comprarlo y pagarlo en poco tiempo. Ahora no: comprar, puede comprar poca gente, y de la gente que no puede comprar, mucha lo pasa mal porque los alquileres suben. Esto es producto de la lógica financiera. 

La pérdida de trabajos es producto de la lógica financiera. Si ves muchas empresas españolas que existían y han dejado de existir, ha sido por el impulso a la concentración instigado por lo financiero. Es decir, hay una enorme cantidad de fenómenos de nuestra vida cotidiana que se explican por esta mentalidad. Esta mentalidad, además, tiene un lado cultural: no sólo tiene que ver con la gestión de la economía, sino con la difusión de valores completamente distintos. (...)

—¿La clase media es un lince ibérico?

—Sí. La financiarización y la digitalización son elementos que llevan a la desaparición de la clase media. Además, a esta época la clase media llegaba lo suficientemente hundida. Una precisión: es verdad que “clase media” es un término que cada cual entiende como quiere. Por ejemplo: para la izquierda, la clase media son los ricos. Y para los ricos, la clase media son ellos. 

Para mí, la clase media es esa clase que tiene lo suficiente para vivir, la capacidad para llegar a fin de mes, que tiene pocas inseguridades con su futuro y no porque tengan dinero, sino porque viven en un contexto en el que, si las cosas van mal, van a poder tirar para adelante. Y la clase media también es la gente que tiene pocos recursos pero ve un futuro mejor. 

Un ejemplo evidente que en España se vivió: la señora de la limpieza que mandaba a sus hijos a la universidad. Era de clase obrera, pero dado que tu mentalidad era la de ir creciendo económica y socialmente, esperabas que la generación posterior tuviera un recorrido mejor que el tuyo. Y muchas veces ocurría. Eso te hacía ser de clase media también, toda esa idea de continuidad, de que ibas a hacer proyectos y mejorando la posición que tenías antes. 

Pues eso ya ha desaparecido. Y, en cuanto al nivel material, mengua. ¿Por qué? Porque el nivel de ingresos no sube y el de gastos sí. La vivienda es mucho más cara que en el pasado, la energía, el transporte… hay muchas cosas esenciales para la vida que son caras. Con la educación y la sanidad pasa esto: si quieres que tus hijos tengan cierto recorrido real, tienes que invertir más en educación, deben ir a universidades más prestigiosas para poder colocarse, cuando antes bastaba con que fueran a la universidad pública. Todo eso está fuera de juego ya.

—¿Son los “perdedores de la globalización” los nuevos “parias de la tierra”?

—Sí, y es peculiar porque perdedores de la globalización hay muchos y, entre ellos, personas que no se identifican como perdedores de la globalización. Hay una recriminación por parte de la derecha con respecto a la incapacidad de adaptarse a los nuevos tiempos de la gente que sale perdiendo, y explica esa falta de recursos o de recorrido vital por su incapacidad para modularse, para ser flexibles y tal, luego hay una relación causa-efecto: “tú no te adaptas, luego sales perdiendo”; y luego hay una recriminación por parte de la izquierda desde el punto de vista cultural: “tú eres una persona con equis costumbres, equis actitudes, eres machista, y eso, lógicamente, debe ser castigado. Si sales perdiendo, está bien porque eres una persona retrógrada y no hay sitio para ti en nuestro mundo”. 

Ese es, más o menos, el esquema: unos se lo recriminan en lo económico y otros en lo cultural. Claro, es absurdo pensar que el perdedor de la globalización es el señor que trabajaba en una fábrica, que es el estereotipo. No es verdad: el perdedor de la globalización es el pequeño comerciante que tiene una tienda aquí, es el del bar, es el profesional liberal, es el autónomo, y es buena parte de las clases medias altas nacionales. 

Tú ponías una fábrica de galletas, qué sé yo, en Aguilar de Campoo, y tenías 600 empleados, y tenías un medio de vida, una posición social y una influencia. Realmente, eras alguien importante en la zona y tal. Cuando tú vendes la fábrica, te quedas con la pasta y, por lo tanto, eres rico, pero te quedas sin dos cosas: una, tu poder y tu fuerza social, y dos, tu capacidad de reproducir tu posición social: “Ahora tengo mucho dinero, vale. ¿Y qué hago con él? Porque ya no puedo montar otra fábrica de galletas. Ya no puedo ganarme la vida con aquello con lo que sabía ganármela”. 

Al final, lo que hace es invertir, e invierte, fundamentalmente, en dos cosas: o en ladrillo o en fondos globales. Y si eres español, es probable que salgas perdiendo en los dos. (...)"                 (Entrevista a Esteban Hernández, Jesús Hernández Úbeda, 12/11/20)

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