Más de 2 millones de jóvenes tuvimos que emigrar en la anterior crisis. La precariedad continúa, muchos la sufrimos en los países de destino, pero este tema no se toca porque hemos pasado a ser ciudadanos de segunda, sin voz ni -literalmente- voto.
Quitando reportajes como éste de @YoSoyAleFuente y alguna rara mención, la emigración española pasa a un segundo plano sin darnos cuenta de que el problema es el mismo: la falta de oportunidades endémica, el precio de la vivienda, el paro y el empleo basura.
Pero como la agenda tiende a nacionalizarse, los emigrados -especialmente aquéllos que conseguimos trabajo, aunque se nos pague bastante menos que a los autóctonos- pasamos a engrosar el olvido o el conjunto abstracto de 'privilegiados', por subsistir.
Ahora bien, la ecuación es más compleja. Os dejo algunas de nuestras preocupaciones después de haber entrevistado a unas 40 personas: 1. La mayoría queremos VOLVER, pero nos lo impide la crisis actual. Es decir, somos víctimas aunque ya no entremos en las estadísticas.
2. Las razones para volver varían, pero destacan: estar lejos de la familia, ver a tus padres envejecer sin poder cuidarlos, dificultades de adaptación, soledad y sentimiento de que no perteneces a ningún sitio, falto de derechos en el país de acogida y en el que te expulsó.
3. Sufrir un racismo y una discriminación que no existían antes de emigrar pero que se vuelven predominantes por tus rasgos físicos, hablar con acento, etc. En familias con hijos nacidos en el país de llegada ocurre hasta con la propia prole (los niños te ve 'raro').
4. Incomprensión total por parte de los que se quedaron en España y, gracias a programas como #españolesporelmundo, te ven como el "aventurero" de éxito que está cumpliendo sus sueños. 5. Pérdida del idioma nativo, tradiciones y cultura en general.
6. Los efectos en la salud mental que todo eso genera, la distancia con el orígen pero también con la comunidad de llegada, de los que ya he hablado en alguna ocasión:
Hace poco me enteré de que tengo el 'síndrome de Ulises', una versión exacerbada del duelo migratorio (por la lengua, la cultura, la familia perdida), que se traduce en estrés crónico -según los psicólogos- pero yo, además, llevo al menos dos depresiones. sino por todos esos jóvenes que están poniendo el pasaporte a punto para marcharse adonde puedan sobrevivir, se valoren sus aptitudes, o directamente se les explote mejor, con todo lo que ello implica. Para todo lo demás, lo dejé escrito y no me arrepiento (Año 9. Crónicas catastróficas de la era Trump)
Sé que este hilo llegará a muy pocos, porque si vives en #EEUU tú qué tienes que decir de España -me lo reprochan tantas veces; de nuevo, el silenciamiento- pero recordad: la precariedad de hoy es la emigración de mañana y, si me meto en este barrizal no es sólo por mí,
2:00 p. m. · 28 feb. 2021
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Azahara Palomeque @Zahr_Bloom
Hace poco me enteré de que tengo el 'síndrome de Ulises', una versión exacerbada del duelo migratorio (por la lengua, la cultura, la familia perdida), que se traduce en estrés crónico -según los psicólogos- pero yo, además, llevo al menos dos depresiones.
La primera fue el infierno, acentuada por quedarme en el paro después de 5 títulos universitarios, incluido mi doctorado 'fancy' en@Princeton. La segunda la desencadenó la pandemia, puesto que todas esas pérdidas, una vez que conseguí trabajo, las intentaba compensar con viajes.
Esos oasis en casa me permitían recargar las pilas y deshacerme del racismo constante, la falta de sol y códigos culturales compartidos, el aislamiento más profundo, la explotación laboral que era, paradójicamente, lo que financiaba mis líneas de fuga.
Sin la posibilidad de escapar, el mundo se convirtió en una cárcel, hostil y decadente como lo es #EEUU con los inmigrantes. La situación política actual -con su violencia policial, su golpismo, su desigualdad- que tanto denuncio, me ha pasado factura a unos niveles inefables.
Me ha costado recomponerme y, si he podido parcialmente, ha sido gracias a que ya tenía la experiencia anterior (conocía los síntomas y remedios), la ayuda de un psicólogo teletrabajando desde Madrid y, como siempre, la escritura, que aflora cuando peor estoy como un salvavidas.
Para una escritora migrante, cuya lengua materna y literaria está siempre en peligro donde apenas se habla ni se respeta (país 'de acogida'), ésta llega a ser imprescindible: como vínculo con la identidad perdida, el origen; como huella que muestra el deseo acérrimo de volver.
Me aferro a mis artículos, a mis libros (a los de otros), porque son lo único que queda cuando lo demás se desmorona o ausenta. Ésta es mi manera de existir y también la razón por la que estoy en redes: la comunicación que establezco con vosotros es esencial como resistencia.
Podría haber hablado de 'salud mental' en general pero, como no soy experta, prefiero una vivencia personal que trace vínculos con los demás, decir que no subestiméis los daños de la migración, apelar a la solidaridad en esta crisis mundial que va mucho más allá del virus.
3:09 p. m. · 16 ene. 2021
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