21.5.21

Desde marzo de 2020, el Banco de Inglaterra ha comprado 450 mil millones de deuda del gobierno británico... o sea, en la práctica, imprimir dinero para impulsar la recuperación... ¿y la UE?

 "Desde marzo de 2020, el Banco de Inglaterra (BOE) ha comprado £450 mil millones ($639 mil millones) de deuda del gobierno británico a través del llamado Mecanismo de Adquisición de Activos. Prácticamente toda ella era deuda nueva emitida por el gobierno desde el comienzo de la crisis del COVID-19. 

Las compras del BOE parecen un intento apenas encubierto de usar facilitación cuantitativa (FC) para financiar el déficit estatal y asegurar bajos costes de endeudamiento. ¿Sigue siendo esta una política monetaria, o está el banco central llevando a cabo una política fiscal por la puerta de atrás?

 El BOE aduce (...)  El hecho de que el importe de las compras de activos realizadas desde marzo de 2020 coincida con el déficit de gobierno en el mismo periodo no es más que una coincidencia. Plantear lo contrario (que el BOE está financiando el déficit de manera clandestina) huele a teoría conspirativa.

(...)  en la década de 1990 se comenzó a asignar objetivos inflacionarios a los bancos centrales, dándoseles el control de las tasas de interés para lograrlos, mientras que los gobiernos tenían que equilibrar sus libros mediante la reducción del gasto.Esto hizo que el control macroeconómico pasara de los gobiernos a los bancos centrales. Si el gobierno y el sector privado gastaban más de lo que ingresaban, el banco central elevaba su política de tasas de interés para hacer que el “exceso de gasto” se encareciera para ambos actores.

 Y hasta la recesión de 2008-09, muchos alababan este régimen por haber logrado mantener la inflación estable y baja, en contraste con los excesos inflacionarios de la era keynesiana anterior.Sin embargo, este análisis excluía otros factores mucho más importantes que mantenían los precios a la baja, como la creciente competencia de la manufactura china barata.

La Gran Recesión de 2008-09 llevó a que se invirtieran los papeles sin que el lenguaje hiciera lo mismo. La política monetaria ahora se volvió expansionista, mientras que la política fiscal se convirtió en constrictiva. Puesto que las políticas de tasas de interés estaban amordazadas por el “límite cero”, los bancos centrales recurrieron a “medidas monetarias no convencionales” –en la práctica, imprimir dinero- para impulsar la recuperación. 

Al mismo tiempo, los gobiernos volvieron a recortar el gasto, la herramienta tradicional utilizada para combatir recesiones, aduciendo que este hacía subir la inflación. El resultado es una de las recuperaciones más débiles de la historia.

 Tras la desaceleración económica inducida por la pandemia, al fin las políticas fiscal y monetaria se han vuelto expansionistas a la vez. Pero no se puede admitir el hecho de que la política del Tesoro esté ahora impulsando la política monetaria, y no solo porque eso pondría en cuestión la percepción de la independencia de los bancos centrales. 

En términos más básicos, toda admisión de que la política monetaria por sí misma es prácticamente impotente para estabilizar economías destruiría el edificio intelectual que sustenta la actual teoría macroeconómica. (...)

La conclusión es que para que el dinero afecte la economía de una manera predecible, se debe gastar de una manera predecible. Y eso puede ocurrir únicamente si quien gasta es el gobierno. Por ello, la efectividad de la política monetaria depende de que el banco central sea el agente del Tesoro. 

Pero nadie puede admitirlo, porque el Tesoro es perverso y el banco central es virtuoso. Así, el lenguaje oficial de la política macroeconómica sigue siendo el de la política monetaria. Cualquier correlación con la política fiscal es pura coincidencia."                  (

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