"La eurozona necesita una nueva política común para la gestión de la deuda soberana que acumularon los estados miembros para hacer frente a la pandemia. Buena parte de esa deuda hoy está en poder del Banco Central Europeo, pero en algún momento este tendrá que desarmar esas posiciones por razones de política monetaria.
Cuando eso suceda, puede producirse turbulencia en los mercados financieros de la eurozona; turbulencia que al encarecer la renovación de la deuda pública, despertará el fantasma de la inestabilidad sistémica en un sector bancario que estará debilitado por una nueva ola de morosidad. (...)
Pero dada la necesidad de seguir dando apoyo a la recuperación, la receta tradicional (pagar la deuda apelando al recorte presupuestario) es incompatible con la sostenibilidad de la deuda. Además, limitaría la capacidad de los estados miembros para evitar que las heridas económicas y sociales infligidas por la pandemia dejen cicatrices permanentes.
Y tampoco puede apelarse a una reestructuración, porque haría estragos en las economías de los países muy endeudados, con riesgo para la estabilidad económica y financiera de toda la eurozona.Así pues, esta acumulación de deuda soberana no es un problema que los estados miembros puedan manejar por sí solos. Las dificultades que plantea afectan a todos los países, de modo que demanda una solución colectiva. (...)
A principios de 2021, la cartera de títulos soberanos del BCE ya superaba los tres billones de euros (3,6 billones de dólares), es decir, alrededor del 30% del total de deuda pública en circulación en la eurozona y un porcentaje similar del PIB de la eurozona. Y los programas en curso para hacer frente a la pandemia todavía pueden añadir un billón y medio de euros más.Si estas deudas no se renuevan a su vencimiento, los estados miembros tendrán que colocar títulos equivalentes e
n los mercados financieros, y puede haber un endurecimiento de las condiciones de liquidez. Para garantizar la resiliencia financiera de la eurozona y evitar una situación crítica para los países muy endeudados, hay que mantener estos títulos de deuda soberana fuera de los mercados de capitales por más tiempo del que resulta recomendable según un análisis exclusivamente monetario. Pretender que la refinanciación de la deuda derivada de la COVID‑19 se someta a la disciplina del mercado es un sinsentido, porque sería castigar a los gobiernos por proteger a la ciudadanía durante la pandemia.Es decir, la estabilidad financiera, y no la política monetaria, es la principal razón para intervenir en la gestión de la deuda pública en circulación en la eurozona.
Encomendar esa tarea en forma permanente al BCE desdibujaría la frontera entre política monetaria y política fiscal (tal como dejó sentado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en Gauweiler y otros y en Weiss y otros). Por eso proponemos un nuevo mecanismo de crédito que permita al MEDE comprar títulos de deuda pública en poder del BCE y renovarlos en forma indefinida.
Según este esquema, el riesgo soberano no se transferirá al MEDE, sino que seguirá a cargo de los bancos centrales nacionales. El MEDE se convertirá en una agencia de gestión de deuda de la eurozona, pero como no asumirá el costo de su devolución, no habrá riesgo de infringir la «cláusula antirrescate» del Tratado de Funcionamiento de la UE.Para financiar las compras de deuda soberana, el MEDE emitirá obligaciones propias, que contarán con el respaldo de su cartera de deuda pública, su abundante provisión de capital y los estados miembros del MEDE.
De modo que el instrumento proveerá una base adecuada para el surgimiento de un mercado con volumen, profundidad y liquidez para un nuevo activo europeo seguro.Las compras del MEDE continuarán todo el tiempo que sea necesario para reducir el promedio de deuda pública en manos de inversores privados en la eurozona a menos del 75% del PIB; esta cifra se podría fijar como nueva referencia para el cociente deuda/PIB dentro del bloque (mediante una enmienda al protocolo del Tratado sobre el procedimiento aplicable en caso de déficit excesivo). (...)
Hallar un modo de gestionar la montaña de deuda que se acumuló en la
eurozona durante la pandemia puede estabilizar las expectativas de
crecimiento y crear un entorno favorable para la inversión privada.
Nuestra propuesta para que el MEDE compre toda la deuda de la eurozona
derivada de la COVID‑19 en poder del BCE puede brindar una solución
permanente y creíble a lo que de otro modo amenaza con convertirse en un
difícil problema a largo plazo." (
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