14.9.21

El ánimo colectivo en Estados Unidos cambió del estupor y el horror a la rabia y el ansia de venganza... Cualquier extranjero que no agitara las barras y las estrellas se había convertido en un potencial enemigo y convenía someterle a aislamiento... El furor de los “buenos americanos” obtuvo eco en la prensa, incluyendo la más solvente, dentro de Estados Unidos y fuera... En el momento, sin embargo, los lectores pedían mentiras euforizantes o reconfortantes. Y ningún medio quería ser acusado de falta de patriotismo... hoy, Al Qaeda es más fuerte que nunca

 "Descarguemos de entrada la obviedad: el terror engendra terror. De aquello no podía salir nada bueno. Pero en ese momento apenas había tiempo para pensar. Era el momento del vértigo. (...)

Estarán tal vez hartos de recordar el 11 de septiembre de 2001. Les acompaño en el sentimiento. A mí también me fatiga. Sin embargo, ese día aún no ha terminado del todo y, por tanto, insistir en la jornada oscura tiene una cierta utilidad.

 En retrospectiva, ciertos detalles cobran sentido. Este antiguo corresponsal había asistido, dos días antes, a un desfile de modas en Nueva York. El diseñador mallorquín Miguel Adrover presentó una colección inspirada en gran medida en la vestimenta tradicional musulmana y obtuvo grandes aplausos. (...)

El 12 de septiembre, él y su ropa moruna eran exorcizados. Unos meses después, la empresa de Adrover estaba en quiebra y el diseñador, con un carro y un caballo, se ganaba el jornal paseando a turistas por Egipto. Su vida cambió, como tantas otras.Ni él ni nadie sabía aún lo que estaba por venir aquella mañana soleada de septiembre.  (...)

Tras el impacto de un tercer avión en el Pentágono, el Ejército se desplegó en torno a la Casa Blanca y el Capitolio. Se alzaron barreras con sacos terreros. Unos cuantos vehículos blindados intentaban apostarse en los accesos al corazón político de Estados Unidos, pero no había forma de moverse entre los miles de automóviles que bloqueaban las calles. La gente intentaba huir sin saber a dónde. Circulaban rumores apocalípticos acerca de decenas de otros aviones a punto de estrellarse y de la inminente destrucción de Washington.  (...)

Horas más tarde, el ánimo colectivo en Estados Unidos empezaba a mutar del estupor y el horror a la rabia y el ansia de venganza. Las televisiones emitían el desplome de los rascacielos e intercalaban imágenes de palestinos y ciudadanos de países árabes que celebraban los atentados. Era cuestión de señalar ya al enemigo, los musulmanes en general, encabezados por Osama bin Laden, fundador de Al Qaeda y supuestamente oculto en Afganistán.

Si uno lograba distanciarse un poco, podía comprender. La orgullosa superpotencia sufría una humillación inesperada y quienes habían sufrido la bota del imperio creían disfrutar de una revancha. (...)

Al día siguiente, o al otro, la casa del antiguo corresponsal (Military Road, Rock Creek Park, un suburbio de clase media) era la única de la calle que no exhibía la bandera estadounidense y, por tanto, quedaba excluida del fervor patriótico con que los vecinos se abrazaban unos a otros. Cuando llegó Halloween, fue la única casa de la calle que los niños evitaron en su periplo de trick or treat (truco o trato). Cualquier extranjero que no agitara las barras y las estrellas se había convertido en un potencial enemigo y convenía someterle a aislamiento.  

Ahora nos parece que la Administración de Donald Trump es lo más estrambótico que ha pasado por la Casa Blanca. Pero no es así. George W. Bush, el presidente que fue presidente gracias a unos jueces supremos nombrados por su padre (George H. Bush) y a unos votos dudosos que su hermano (Jeb Bush, gobernador de Florida) dio por buenos, se había rodeado de tipos siniestros. 

El vicepresidente Dick Cheney, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el subsecretario Paul Wolfowitz alentaron a conciencia el rencor que ardía en el corazón del americano medio e inventaron una Guerra contra el Terror que, además de causar centenares de miles de muertes, emponzoñó la democracia estadounidense. 

Guantánamo, las detenciones arbitrarias en terceros países, el uso sistemático de la tortura, el fomento del racismo, la islamofobia, la mentira, la estupidez, el delirio patriótico, compusieron la herencia que dejó George W. Bush. Trump se limitó a hacer un uso intensivo de ese legado.

Resulta curiosa la figura de la víctima por delegación. Meses después de los atentados, el antiguo corresponsal almorzó con Lou Reed y surgió la cuestión de las consecuencias del 11 de septiembre. (...)

Reed, (...) dijo sentirse sorprendido por el hecho de que Nueva York, la ciudad que más había sufrido, con las ruinas del World Trade Center aún humeando y con miles de pedacitos de cadáver pendientes de identificación, estuviera ya recuperándose del trauma emocional, y en cambio en el interior del país, donde no había ocurrido nada, no dejaran de crecer el resentimiento y la convicción de que la condición de víctima da derecho a cometer cualquier barbaridad.

 Eso lo hemos visto también en otros lugares. Si la víctima real se resiste a odiar tanto como debiera, las víctimas imaginarias la consideran traidora. (...)

El furor de los “buenos americanos” obtuvo eco en la prensa, incluyendo la más solvente, dentro de Estados Unidos y fuera. Años después, The New York Times tuvo que pedir perdón a sus lectores por las mentiras que había publicado (firmadas por Judith Miller y por otros) para allanar el camino hacia la guerra y la venganza. Las armas de destrucción masiva, la participación de Sadam Husein en los atentados, ese tipo de cosas. 

En el momento, sin embargo, los lectores pedían mentiras euforizantes o reconfortantes. Y ningún medio quería ser acusado de falta de patriotismo. Estados Unidos iba a acabar con el terrorismo islámico y a establecer democracias sólidas en Afganistán e Irak. No había discusión posible.

Veinte años después, el cadáver de Osama bin Laden yace en el fondo del mar. Los talibanes derrotados en 2001 han recuperado el poder en Afganistán y han asistido a la huida vergonzante de Estados Unidos y sus aliados; tanta guerra, tantos muertos y tanto dinero malgastado, para volver al punto de partida. De las ruinas del Irak invadido y ocupado surgió un nuevo fanatismo, el Estado Islámico o ISIS, robustecido en la guerra de Siria. Al Qaeda es más fuerte que nunca. 

El terror islamista se extiende por África. Madrid, Londres, París y otras ciudades han padecido ataques brutales. Y cualquier día un nuevo atentado atroz herirá otra vez el alma occidental.

El 11 de septiembre de 2001 sigue siendo, hasta cierto punto, hoy mismo."                  (Enric González, El País, 12/09/21)

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