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Los gobiernos conservadores de Italia y Reino Unido gravan los sobre-beneficios de las energéticas. Y el gobierno de centro derecha francés recorta el beneficio de la principal eléctrica del país en 8.500 millones. Hungría también han seguido esa senda, metiendo también en el saco a bancos y aseguradoras ¿Para cuando una medida así en España?... “Es una medida necesaria: hay un problema distributivo entre consumidores y empresas, y, si queremos corregirlo, no queda otra”

Carlos Martín Urriza @carlosurriza

Los gobiernos conservadores de Italia y Reino Unido gravan los sobre beneficios de las energéticas. Y el gobierno de centro derecha francés recorta el beneficio de la principal eléctrica del país en 8.500 millones. ¿Para cuando una medida así en España?

8:46 a. m. · 6 jun. 2022
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"Los impuestos sobre los beneficios caídos del cielo de las energéticas se extienden en Europa.

Italia y el Reino Unido, dos países gobernados por liberales y conservadores, respectivamente, endurecen la fiscalidad sobre las eléctricas y las petroleras. Grecia y Hungría también han lanzado medidas en esa dirección

 El poder recaudatorio probablemente acabe siendo menor de lo deseado, pero el mensaje político y económico es contundente. Con los mercados energéticos en llamas y los consumidores afrontando facturas disparatadas, dos de los mayores países de Europa —el Reino Unido e Italia— han lanzado y aumentado, respectivamente, en las últimas semanas gravámenes específicos sobre los beneficios caídos del cielo de las empresas energéticas, los derivados de la brutal escalada de precios del gas, el petróleo y la electricidad. No están solos: Grecia y Hungría también han seguido esa senda. En el segundo caso, metiendo también en el saco a compañías de otros sectores, como bancos y aseguradoras.

La simbología es especialmente significativa por el color político de los gobiernos que han dado el paso. Dos de los cuatro países que lo han hecho (el Reino Unido y Grecia) están gobernados por partidos conservadores; otro (Hungría), por una formación ultraconservadora; mientras que el Gobierno italiano está comandado por el liberal Mario Draghi. Nada sospechosos, por tanto, de una intervención excesiva del sector público o de ir en contra de los postulados del libre mercado.

“Es una medida necesaria: hay un problema distributivo entre consumidores y empresas, y, si queremos corregirlo, no queda otra”, opina Natalia Fabra, catedrática de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid. “Preferiría otras iniciativas encaminadas a evitar que se produzcan esos beneficios extraordinarios de las eléctricas, pero, como hemos visto en España, esos intentos se enfrentan a barreras para su implementación. Además, la fiscal parece la única vía posible para incluir también a las petroleras y las gasistas”, sentencia por teléfono.

Ganancias disparadas

De entre los grandes nombres del Viejo Continente, Italia ha sido uno de los más ágiles en aplicar un gravamen específico sobre los beneficios extraordinarios de las energéticas. El Ejecutivo de Draghi lanzó en marzo un impuesto del 10%, que elevó un mes después hasta el 25%. El objetivo: ayudar a financiar el paquete de ayudas a consumidores y empresas por valor de 14.000 millones de euros aprobado para contener la escalada de la luz y los carburantes.

La medida italiana es retroactiva: afecta al período que va desde octubre de 2021 —cuando el estallido de precios ya era un hecho— a abril de este año. Los analistas, sin embargo, calculan que tendrá un impacto limitado en las cuentas de las compañías energéticas. Las empresas afectadas cuentan con un desembolso de entre 10 y 30 millones de euros cada una por este concepto, cifra que el banco privado de inversión Equita eleva hasta una horquilla de entre 25 y 75 millones. En ambos casos, son cuantías muy bajas respecto a las ganancias millonarias del sector: la mayor eléctrica del país, Enel, ganó 1.430 millones de euros solo en el primer trimestre de 2022, un 22% más que en el mismo periodo del año anterior. El gigante petrolero Eni se anotó, por su parte, un beneficio de casi 3.600 millones, cuatro veces más que un año antes.

Aunque quitando hierro al impacto de la medida sobre su cuenta de resultados, el sector se ha levantado en armas contra el Gobierno, que defiende la tasa como “una contribución de solidaridad”. Para las empresas de la energía —que podrán abonar las tasas en dos cómodos plazos: en junio, el 40%, y en noviembre, el 60% restante— se trata de “una medida injusta y punitiva que, además, crea una señal fuertemente negativa con respecto a la transición energética y las tecnologías renovables”, como han protestado en un comunicado conjunto las principales asociaciones energéticas del país, que engloba a empresas, públicas y productores y operadores de todo ámbito, desde el petróleo hasta las energías renovables.

Volantazo ‘tory’ en Londres

La semana pasada, el ministro británico de Economía tuvo que echar mano de un eufemismo para intentar disimular lo que claramente era un volantazo del Gobierno de Boris Johnson. Rishi Sunak anunció una “tasa finalista y temporal sobre los beneficios energéticos” del 25%. Se resistía a llamar por su nombre lo que la oposición laborista llevaba seis meses pidiendo: una windfall tax, o impuesto sobre los “beneficios caídos del cielo”, según la jerga de los economistas, para gravar las ganancias extraordinarias obtenidas por las empresas petroleras y gasísticas.

Downing Street expresó hasta el último minuto su oposición a una medida que, según argumentaba el equipo económico de Johnson, penalizaría la necesaria inversión para ganar en independencia energética. “No queremos hacerlo, no nos gusta”, había proclamado Johnson una semana antes en la Cámara de los Comunes en respuesta a los reproches de la oposición. “Las petroleras tienen intención de invertir más de 80.000 millones de euros en nuestro país en los próximos años, y ya pagan un tipo impositivo del 40%”. (...)

 La consultora Wood Mackenzie constató la semana pasada en un informe como las petroleras y gasistas que operan en el mar del Norte están logrando “más beneficios que nunca antes, en una era en la que la industria está en fase de declive progresivo”.               (Ignacio Fariza , Rafa de Miguel , Lorena Pacho , El País, 06/06/22)

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