"En diciembre llegó la primera factura de Iberdrola que cuatriplicaba el consumo habitual de su sistema de acumuladores de calor con la antigua y desaparecida Tarifa de Discriminación Horaria (antes tarifa nocturna): 1.076,50 euros. En enero la segunda de 1.103 euros. Y a la tercera, de 764,47 euros, ya no aguantaron más. Juan y su pareja, vecinos de la calle Witiza de la colonia carabanchelera de Tercio Terol decidieron actuar. Cambiaron de compañía para paliar el sangrado y se movilizaron para crear junto a sus vecinos la comunidad energética en el barrio, la primera en haberse formado en la ciudad de Madrid. Tienen problemas relacionados con el carácter histórico y protegido de la colonia, y dependen de una decisión vinculante de la Comisión de Patrimonio, que puede ser contraria al avance de la ciencia energética y la legislación europea medioambiental.
Rosario Novalbos, amiga de la pareja de Witiza, socióloga que trabaja en la promoción de la ecología y el desarrollo sostenible a través de su empresa Contaluz Investigación y colaboradora de la ONG Light Humanity, les convenció de las posibilidades y la idoneidad del barrio, y les presentó a Randy González y Eugenio Calderón, los ingenieros de la ONG que habían contribuido, entre otros proyectos nacionales e internacionales, a la instalación de placas solares en la Cañada Real cuando Naturgy dejó el asentamiento sin electricidad.
Novalbos nos cuenta cómo “los primeros vecinos hablaron con otros vecinos y vecinas interesados, sobre todo con los que ya habían colaborado durante más de 10 años en conseguir que se aprobara un Plan Especial de mejora de las condiciones del Área de Planeamiento Específico en 2019”. Ese plan les ha permitido poder construir un baño en la parte de arriba de sus pequeñas casas con patio, concebidas y construidas apenas sin servicios en los años 50 al lado del parque de San Isidro. Tercio Terol es un barrio de unas 620 unifamiliares, en origen para familias necesitadas, ahora muy valoradas y ocupadas por ancianos con exiguas pensiones o receptores del RMI, actores, actrices, productores, periodistas, y familias de trabajadores y profesionales que disfrutan de un oasis en plena urbe madrileña.
Según Novalbos, “se trata de todo un amalgama de ciudadanía muy variada, ideal para llevar a cabo un proyecto social de autoconsumo energético, en el que participan instituciones cercanas sociales, como la Fundación San Martín de Porres, que prestará buena parte de sus tejados y aportará mano de obra de su tutela para la instalación de la placas solares. Todavía se está gestionando la posibilidad de contar con otras instituciones”, como la cercana Fundación Tomillo, donde adolescentes aprenden oficios, o alguno de los colegios públicos y mercados de la zona.
Compartir gastos y obtener subvenciones
Los ingenieros de Light Humanity visitaron las casas, estudiaron las posibilidades del barrio, hablaron con empresas instaladoras y entidades financieras, y a finales del pasado mes de marzo convocaron una asamblea en el local del barrio gestionado por La Asociación de Vecinos Tercio Terol, que ha facilitado todos los medios para que se produjera el milagro, y también participa en la CE. La reunión fue un éxito, con más de 75 asistentes, ante los que Randy y Eugenio explicaron cómo se podían instalar placas solares en los tejados “soles” y compartirlas con los vecinos y vecinas “planetas”, cuyos tejados no fueran idóneos para obtener el máximo de energía.
Explicaron que se trataba de formar una comunidad energética colocando el máximo de placas solares en los tejados, principalmente, que dan al sur, y disfrutar así de producir, consumir, almacenar, compartir o incluso vender, si la legislación lo permitiera, la energía producida, con el consiguiente ahorro económico de las familias del barrio en su factura de la luz, “acordando y ajustando los precios de las tarifas con la comercializadora, y sin depender de los precios de las Iberdrolas y las Naturgys de turno”, dice Juan convencido de luchar para que no se rían de él las energéticas.
En febrero había en España 33 comunidades energéticas, cuando en Europa hay países que tienen casi 2.000. La increíble subida de los precios de la energía eléctrica ha sido la espoleta para que un total de 87 familias se hayan unido para formar a finales de este mes de junio esta primera Comunidad Energética de la ciudad de Madrid. En 2019 desapareció el 'impuesto al sol' (cargo transitorio por energía autoconsumida), un peaje que se aplicaba a la energía generada mediante instalaciones fotovoltaicas, aprobado por el gobierno de Mariano Rajoy en 2015, y que el actual Gobierno de coalición derogó en otoño de 2018, permitiendo el desarrollo de este tipo de obtención de electricidad al común de todos los mortales. Ya entonces un grupo inicial de vecinos y vecinas se reunió con otros promotores, pero la pandemia paralizó el proyecto. Sin embargo desde entonces ya hay en el barrio al menos unas 10 instalaciones individuales; la mayoría se van a integrar en la comunidad energética que se acaba de formar.
En la reunión de finales de marzo, los vecinos conocieron que además de las ventajas sociales al poder aunar fuerzas y diseñar el futuro del barrio más allá de las placas (futuros puntos de carga para coches eléctricos y optimización de otros aspectos de las viviendas) “con la compensación por la energía sobrante producida, y las ventajas ecológicas, al reducir la cantidad de materiales y la electrónica necesaria para empezar a generar energía, están las indudables ventajas económicas”, tal y como nos explica Randy González. “Se trata —continúa— de compartir el coste de instalaciones y hacer muchas a la vez, lo que puede suponer entre 2.000 y 3.000 euros de ahorro en cada instalación. También puede propiciar la obtención de una financiación personalizada y muy favorable, gracias a la posibilidades de obtención de ayudas públicas, que se paga con el posterior ahorro en la factura”.
Y eso es más que interesante; los vecinos y vecinas del Tercio Terol podrán tener acceso hasta al 80%, o más, del retorno de la inversión gracias a las ayudas recientemente aprobadas por el Gobierno a través de su Plan de Recuperación, Transformación y Resilencia, financiado por los Fondos Europeos Next Generation de la UE, que apuestan por las energías renovables, y donde el autoconsumo fotovoltaico residencial es uno de los principales focos. Estas ayudas están gestionadas por los municipios, las comunidades autónomas y por el programa Implementa del IDAE (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía). Adicionalmente las viviendas en las que se instalen paneles fotovoltaicos, tendrán una bonificación del 50% del IBI durante 3 años.
Randy González los explica con cifras: “La colonia del Tercio y Terol podrá ser una gran 'galaxia'. Las familias que inicialmente constituirán la comunidad energética ya van a compartir la energía de un total de 15 instalaciones de autoconsumo idóneas previstas, con 120 kW de potencia instalada entre todas ellas. El coste total será de 160.682 euros. La comunidad económica podrá usar el IVA soportado, 28.000 euros, para entre otras cosas ayudar a familias del barrio a financiar su instalación, costear el mantenimiento de las instalaciones y conseguir mejor rendimiento, entre otras opciones. Gracias a las compras colectivas y poder juntar varios tejados las familias tendrán que pagar solo 1.339 euros por cada kilovatio que deseen instalar”.
Los ingenieros de Light Humanity concibieron desde el principio a la colonia como una galaxia energética. “De estas 15 instalaciones, soles, tenemos ya tres en las que se han logrado poner de acuerdo hasta cuatro familias para hacer instalaciones mucho más grandes, constelaciones, y ayudar a reducir mucho más los costes, además de poder compartir parte de su energía con otras familias de la colonia, es decir, planetas”.
Con estas cuentas hechas, a principios del mes de junio el grueso de los vecinos del Tercio Terol interesados se reunieron para aprobar la creación de una comunidad energética con el formato de asociación, y una junta directiva que será rotativa y participativa. Lidia, vecina y vocal de la Junta, ha sido una de las promotoras de la iniciativa. Le entusiasma pensar que “la comunidad energética no solo va a formarse con vecinas y vecinos de las viviendas unifamiliares; va a reflejar la singularidad del barrio desde un punto de vista demográfico, porque queremos acoger más entidades sociales, ayudar a una gran mayoría de vecinos con los que compartir la energía si no pueden pagar los precios de mercado, y tenemos el ilusionante objetivo medioambiental en una ciudad tan contaminada como lo es Madrid”.
José, otro vecino de la calle Recesvinto y miembro de la junta directiva, que ya cuenta con placas instaladas y conoce en profundidad sus ventajas, nos señala que “este proyecto es muy chulo, no solo es ponerse paneles y reducir la factura, es entender de dónde viene la luz, cómo cambiar nuestros hábitos de consumo o quién lo está montando. En nuestro caso daremos tarea a las personas tuteladas por la fundación San Martín de Porres como trabajo local y de inserción laboral. Es un proyecto ilusionante”.
Rubén, de la calle Sigerico, ha asumido la presidencia de la junta. Como los demás, está ilusionado. “Llevamos un tiempo aquí y hemos visto cómo se vive en una colonia tan familiar y tan distinta. Te da la posibilidad de hacer cosas que en una comunidad de vecinos o en un PAU no te puedes permitir. Ser dueños de casas independientes que pueden hacer cosas en común, da pie a realizar iniciativas que mejoran la vida de las personas, a ser lo menos contaminante posible, porque el planeta no puede esperar. Además, vamos a poder apoyar a otros vecinos que no tengan la capacidad económica para asumir determinadas inversiones. El aspecto colaborativo que tiene la comunidad energética es un modelo de vida”.
Para Rubén la iniciativa del Tercio va a verse replicada, “como cualquier otra novedad humana, como un efecto llamada. En cuanto un grupo grande inicia una novedad y esta se ve, otras personas acabarán sumándose o copiándola. Nosotros solo vamos a encender la mecha”. Sostiene, como el resto de las familias implicadas, que estas iniciativas deberían venir promovidas por las instituciones y gobiernos, “y que fueran ellos los motores. Pero interfieren cuestiones políticas, económicas y burocráticas; al final tenemos que movilizarnos y hacer esto la sociedad civil; los vecinos de a pie”.
Reconoce que en la actualidad hay muchas ayudas económicas a las que acceder, “y menos mal, porque al final para cualquier cambio en el modelo energético hace falta dinero, y como ahora desde las instituciones ofrecen esos fondos, es el momento de hacerlo”.
Legislación superior versus Comisión de Patrimonio municipal
Las comunidades energéticas se pueden formar en España gracias a las normativas europeas Comunidad Ciudadana de Energía, CCE (Directiva UE 2019 / 944, sobre normas comunes para el mercado interior de la electricidad, Art. 16), Comunidad de Energía Renovable, CER (Directiva UE 2018 / 2001, de fomento de uso de energía procedente de fuentes renovables, Art. 22), y al Real Decreto-ley 23/2020, de 23 de junio, por el que se aprueban medidas en materia de energía y en otros ámbitos para la reactivación económica mediante “entidades jurídicas basadas en la participación abierta y voluntaria, autónomas y efectivamente controladas por socios o miembros que están situados en las proximidades de los proyectos de energías renovables que sean propiedad de dichas entidades jurídicas y que estas hayan desarrollado”, según explican desde el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía, IDAE. (...)" (Marián Álvarez , El Salto, 3 jul 2022)
Rosario Novalbos, amiga de la pareja de Witiza, socióloga que trabaja en la promoción de la ecología y el desarrollo sostenible a través de su empresa Contaluz Investigación y colaboradora de la ONG Light Humanity, les convenció de las posibilidades y la idoneidad del barrio, y les presentó a Randy González y Eugenio Calderón, los ingenieros de la ONG que habían contribuido, entre otros proyectos nacionales e internacionales, a la instalación de placas solares en la Cañada Real cuando Naturgy dejó el asentamiento sin electricidad.
Novalbos nos cuenta cómo “los primeros vecinos hablaron con otros vecinos y vecinas interesados, sobre todo con los que ya habían colaborado durante más de 10 años en conseguir que se aprobara un Plan Especial de mejora de las condiciones del Área de Planeamiento Específico en 2019”. Ese plan les ha permitido poder construir un baño en la parte de arriba de sus pequeñas casas con patio, concebidas y construidas apenas sin servicios en los años 50 al lado del parque de San Isidro. Tercio Terol es un barrio de unas 620 unifamiliares, en origen para familias necesitadas, ahora muy valoradas y ocupadas por ancianos con exiguas pensiones o receptores del RMI, actores, actrices, productores, periodistas, y familias de trabajadores y profesionales que disfrutan de un oasis en plena urbe madrileña.
Según Novalbos, “se trata de todo un amalgama de ciudadanía muy variada, ideal para llevar a cabo un proyecto social de autoconsumo energético, en el que participan instituciones cercanas sociales, como la Fundación San Martín de Porres, que prestará buena parte de sus tejados y aportará mano de obra de su tutela para la instalación de la placas solares. Todavía se está gestionando la posibilidad de contar con otras instituciones”, como la cercana Fundación Tomillo, donde adolescentes aprenden oficios, o alguno de los colegios públicos y mercados de la zona.
Compartir gastos y obtener subvenciones
Los ingenieros de Light Humanity visitaron las casas, estudiaron las posibilidades del barrio, hablaron con empresas instaladoras y entidades financieras, y a finales del pasado mes de marzo convocaron una asamblea en el local del barrio gestionado por La Asociación de Vecinos Tercio Terol, que ha facilitado todos los medios para que se produjera el milagro, y también participa en la CE. La reunión fue un éxito, con más de 75 asistentes, ante los que Randy y Eugenio explicaron cómo se podían instalar placas solares en los tejados “soles” y compartirlas con los vecinos y vecinas “planetas”, cuyos tejados no fueran idóneos para obtener el máximo de energía.
Explicaron que se trataba de formar una comunidad energética colocando el máximo de placas solares en los tejados, principalmente, que dan al sur, y disfrutar así de producir, consumir, almacenar, compartir o incluso vender, si la legislación lo permitiera, la energía producida, con el consiguiente ahorro económico de las familias del barrio en su factura de la luz, “acordando y ajustando los precios de las tarifas con la comercializadora, y sin depender de los precios de las Iberdrolas y las Naturgys de turno”, dice Juan convencido de luchar para que no se rían de él las energéticas.
En febrero había en España 33 comunidades energéticas, cuando en Europa hay países que tienen casi 2.000. La increíble subida de los precios de la energía eléctrica ha sido la espoleta para que un total de 87 familias se hayan unido para formar a finales de este mes de junio esta primera Comunidad Energética de la ciudad de Madrid. En 2019 desapareció el 'impuesto al sol' (cargo transitorio por energía autoconsumida), un peaje que se aplicaba a la energía generada mediante instalaciones fotovoltaicas, aprobado por el gobierno de Mariano Rajoy en 2015, y que el actual Gobierno de coalición derogó en otoño de 2018, permitiendo el desarrollo de este tipo de obtención de electricidad al común de todos los mortales. Ya entonces un grupo inicial de vecinos y vecinas se reunió con otros promotores, pero la pandemia paralizó el proyecto. Sin embargo desde entonces ya hay en el barrio al menos unas 10 instalaciones individuales; la mayoría se van a integrar en la comunidad energética que se acaba de formar.
En la reunión de finales de marzo, los vecinos conocieron que además de las ventajas sociales al poder aunar fuerzas y diseñar el futuro del barrio más allá de las placas (futuros puntos de carga para coches eléctricos y optimización de otros aspectos de las viviendas) “con la compensación por la energía sobrante producida, y las ventajas ecológicas, al reducir la cantidad de materiales y la electrónica necesaria para empezar a generar energía, están las indudables ventajas económicas”, tal y como nos explica Randy González. “Se trata —continúa— de compartir el coste de instalaciones y hacer muchas a la vez, lo que puede suponer entre 2.000 y 3.000 euros de ahorro en cada instalación. También puede propiciar la obtención de una financiación personalizada y muy favorable, gracias a la posibilidades de obtención de ayudas públicas, que se paga con el posterior ahorro en la factura”.
Y eso es más que interesante; los vecinos y vecinas del Tercio Terol podrán tener acceso hasta al 80%, o más, del retorno de la inversión gracias a las ayudas recientemente aprobadas por el Gobierno a través de su Plan de Recuperación, Transformación y Resilencia, financiado por los Fondos Europeos Next Generation de la UE, que apuestan por las energías renovables, y donde el autoconsumo fotovoltaico residencial es uno de los principales focos. Estas ayudas están gestionadas por los municipios, las comunidades autónomas y por el programa Implementa del IDAE (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía). Adicionalmente las viviendas en las que se instalen paneles fotovoltaicos, tendrán una bonificación del 50% del IBI durante 3 años.
Randy González los explica con cifras: “La colonia del Tercio y Terol podrá ser una gran 'galaxia'. Las familias que inicialmente constituirán la comunidad energética ya van a compartir la energía de un total de 15 instalaciones de autoconsumo idóneas previstas, con 120 kW de potencia instalada entre todas ellas. El coste total será de 160.682 euros. La comunidad económica podrá usar el IVA soportado, 28.000 euros, para entre otras cosas ayudar a familias del barrio a financiar su instalación, costear el mantenimiento de las instalaciones y conseguir mejor rendimiento, entre otras opciones. Gracias a las compras colectivas y poder juntar varios tejados las familias tendrán que pagar solo 1.339 euros por cada kilovatio que deseen instalar”.
Los ingenieros de Light Humanity concibieron desde el principio a la colonia como una galaxia energética. “De estas 15 instalaciones, soles, tenemos ya tres en las que se han logrado poner de acuerdo hasta cuatro familias para hacer instalaciones mucho más grandes, constelaciones, y ayudar a reducir mucho más los costes, además de poder compartir parte de su energía con otras familias de la colonia, es decir, planetas”.
Con estas cuentas hechas, a principios del mes de junio el grueso de los vecinos del Tercio Terol interesados se reunieron para aprobar la creación de una comunidad energética con el formato de asociación, y una junta directiva que será rotativa y participativa. Lidia, vecina y vocal de la Junta, ha sido una de las promotoras de la iniciativa. Le entusiasma pensar que “la comunidad energética no solo va a formarse con vecinas y vecinos de las viviendas unifamiliares; va a reflejar la singularidad del barrio desde un punto de vista demográfico, porque queremos acoger más entidades sociales, ayudar a una gran mayoría de vecinos con los que compartir la energía si no pueden pagar los precios de mercado, y tenemos el ilusionante objetivo medioambiental en una ciudad tan contaminada como lo es Madrid”.
José, otro vecino de la calle Recesvinto y miembro de la junta directiva, que ya cuenta con placas instaladas y conoce en profundidad sus ventajas, nos señala que “este proyecto es muy chulo, no solo es ponerse paneles y reducir la factura, es entender de dónde viene la luz, cómo cambiar nuestros hábitos de consumo o quién lo está montando. En nuestro caso daremos tarea a las personas tuteladas por la fundación San Martín de Porres como trabajo local y de inserción laboral. Es un proyecto ilusionante”.
Rubén, de la calle Sigerico, ha asumido la presidencia de la junta. Como los demás, está ilusionado. “Llevamos un tiempo aquí y hemos visto cómo se vive en una colonia tan familiar y tan distinta. Te da la posibilidad de hacer cosas que en una comunidad de vecinos o en un PAU no te puedes permitir. Ser dueños de casas independientes que pueden hacer cosas en común, da pie a realizar iniciativas que mejoran la vida de las personas, a ser lo menos contaminante posible, porque el planeta no puede esperar. Además, vamos a poder apoyar a otros vecinos que no tengan la capacidad económica para asumir determinadas inversiones. El aspecto colaborativo que tiene la comunidad energética es un modelo de vida”.
Para Rubén la iniciativa del Tercio va a verse replicada, “como cualquier otra novedad humana, como un efecto llamada. En cuanto un grupo grande inicia una novedad y esta se ve, otras personas acabarán sumándose o copiándola. Nosotros solo vamos a encender la mecha”. Sostiene, como el resto de las familias implicadas, que estas iniciativas deberían venir promovidas por las instituciones y gobiernos, “y que fueran ellos los motores. Pero interfieren cuestiones políticas, económicas y burocráticas; al final tenemos que movilizarnos y hacer esto la sociedad civil; los vecinos de a pie”.
Reconoce que en la actualidad hay muchas ayudas económicas a las que acceder, “y menos mal, porque al final para cualquier cambio en el modelo energético hace falta dinero, y como ahora desde las instituciones ofrecen esos fondos, es el momento de hacerlo”.
Legislación superior versus Comisión de Patrimonio municipal
Las comunidades energéticas se pueden formar en España gracias a las normativas europeas Comunidad Ciudadana de Energía, CCE (Directiva UE 2019 / 944, sobre normas comunes para el mercado interior de la electricidad, Art. 16), Comunidad de Energía Renovable, CER (Directiva UE 2018 / 2001, de fomento de uso de energía procedente de fuentes renovables, Art. 22), y al Real Decreto-ley 23/2020, de 23 de junio, por el que se aprueban medidas en materia de energía y en otros ámbitos para la reactivación económica mediante “entidades jurídicas basadas en la participación abierta y voluntaria, autónomas y efectivamente controladas por socios o miembros que están situados en las proximidades de los proyectos de energías renovables que sean propiedad de dichas entidades jurídicas y que estas hayan desarrollado”, según explican desde el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía, IDAE. (...)" (Marián Álvarez , El Salto, 3 jul 2022)
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