"El aumento del empleo indefinido a tiempo parcial es preocupante. Puede que estemos yendo hacia modelos como los de otros países europeos, aunque con la diferencia de que aquí se trata de una parcialidad involuntaria, no deseada por los trabajadores", explica Carlos Gutiérrez, secretario confederal de Estudios y Formación Sindical de CCOO, que plantea que, al mismo tiempo, cabe la hipótesis de que ese aumento de las jornadas incompletas pueda estar enmascarando que trabajadores "con ese tipo de contratos estén haciendo jornadas más largas que las que reflejan esos contratos. No sabemos cuántas horas de más se hacen, ni si se pagan bajo mano o no".
Varios registros de la EPA (Encuesta de Población Activa) avalan las impresiones de Gutiérrez, como el hecho de que casi la mitad de los empleados a jornada parcial (1,38 millones de 2,81) acepten ese régimen por no encontrar un puesto de 40 horas semanales o que las horas extra no remuneradas volvieran a superar los 3,2 millones semanales la pasada primavera, algo que solo había ocurrido en otra ocasión desde mediados de 2016.
Ese avance del empleo parcial, especialmente mal remunerado por la combinación de bajos salarios y jornadas incompletas, una confluencia que acaba haciendo que los sueldos de cuatro de cada cinco empleados con ese tipo de contratos se concentren entre el 20% de los más bajos, o que lleguen a ser el 90% de los que reciben el 10% de pagas más escuálidas, está haciendo rebrotar con fuerza el pluriempleo, situación en la que al cierre del mes de junio se encontraban 547.800 ocupados, la segunda cifra más elevada de este siglo tras los 571.800 de la primavera de 2008, cuando se acercaba el estallido de la burbuja inmobiliaria.
El grueso de las ocupaciones tanto primarias como secundarias de los pluriempleados se realizan bajo el formato de asalariado (448.000 y 375.000), aunque el recurso a esta fórmula está creciendo entre los autónomos, régimen que alcanza a casi la quinta parte de ellos (99.000) en la ocupación principal pero que ya alcanza el 30% en la segunda, en la que lleva un año por encima de las 168.000 y llegó a alcanzar una marca de 182.500.
Por sectores, los principales movimientos se dan dentro del sector servicios, en el que se ubican los dos o más trabajos de cuatro de cada cinco pluriempleados (439.000), mientras que la distribución por género queda emparejada, con una mayor frecuencia entre las mujeres en los últimos cinco años aunque con brechas que nunca han superado los 40.000 trabajadores.
Este aumento del pluriempleo coincide con otras tendencias del mercado laboral como el crecimiento de las ocupaciones de menos de cuarenta horas semanales, que eran en junio de este año 612.000 más que en el mismo mes de 2019, con el grueso de ese avance concentrado en las de 20 a 29 horas (+236.000) y las que superan esa cifra sin llegar a las 40 (+246.000), y con una mayor presencia de contratos de jornada parcial, un concepto que incluye a los fijos discontinuos por ser las suyas incompletas en cómputo anual, entre loa afiliados a la Seguridad Social.
Es decir, que el incremento del pluriempleo es simultáneo con el crecimiento de los empleos que no alcanzan para cubrir toda la jornada ni, por lo general, un salario suficiente. Que eso esté ocurriendo en un periodo de récord de ocupación y en el que las horas trabajadas vuelven a acercarse a las de hace tres crisis y catorce años (658,6 millones semanales ahora, 679,5 al cierre de 2008) no dejan de ser unas condiciones adecuadas para que el pluriempleo comience a situarse como una puerta para empezar a salir de la precariedad.
"Cuando se genera empleo, se genera empleo de todo tipo. En España, cuando eso ocurría el nuevo empleo era muy temporal pero eso lo está corrigiendo la reforma laboral", explica Gutiérrez. (...)" (Eduardo Bayona, Público, 21/08/22)
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