"(...) La creciente rivalidad geopolítica es reflejo de un mundo que transita por un borde peligroso. En su interpretación de la Segunda Guerra Mundial, el trotskista belga Ernest Mandel argumentó que el gran conflicto bélico del siglo XX había sido en realidad la superposición de muchos choques simultáneos: «una guerra entre grandes potencias por la hegemonía mundial, una guerra defensiva de la URSS contra la agresión nazi, una guerra de liberación de los países europeos ocupados por las fuerzas del Eje, una guerra civil entre antifascistas y colaboracionistas y una guerra de los países colonizados contra el imperialismo».
En la guerra de Ucrania podemos detectar la simultaneidad de dos conflictos: una guerra de defensa nacional ucraniana contra la invasión rusa y, al mismo tiempo —y considerando el papel central de la OTAN—, un conflicto interimperialista entre Occidente y Rusia. Más allá de la responsabilidad inexcusable de Putin, la invasión a Ucrania no puede comprenderse dejando de lado los intentos de ampliación hacia el este que, desde los años 1990 y violando los acuerdos que siguieron a la desarticulación del «campo socialista» y del Pacto de Varsovia, viene llevando adelante la OTAN.
En este cuadro, la invasión de Ucrania devino rápidamente en una guerra por delegación de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia, que anhelan convertirla en un Afganistán eslavo que sirva para debilitar al gigante asiático. La afirmación de Zelensky acerca de querer convertir a la Ucrania de posguerra en un «gran Israel» —una sociedad hipermilitarizada al servicio de la OTAN situada en una frontera hostil— muestra a las claras la inscripción de este conflicto en la competencia interimperialista que opone Occidente a Rusia.
La guerra es, entonces, efecto de la crisis multidimensional del capitalismo. Pero también, y en gran medida contra los deseos de sus protagonistas, se ha convertido en un gran acelerador de la misma. El aumento de los precios de la energía y los alimentos desató una dinámica inflacionaria general de fuerte impacto político. La economía mundial parece ir hacia un nuevo estancamiento. Al mismo tiempo, la invasión permitió revivificar a la OTAN y al liderazgo estadounidense, mostrando nuevamente el papel debilitado y subalterno de Europa, degradada al rol de potencia de segundo orden. Una dinámica de bloques se instala y quiebra en dos el supuesto «espacio liso» de la globalización neoliberal, según la desafortunada expresión de Negri y Hardt.
Pero el árbol está tapando el bosque, porque la verdadera amenaza que se asoma por el horizonte de Occidente es la emergencia de China como potencia mundial. En esta suerte de revival de la Guerra Fría en el que parece estar sumido el mundo este último tiempo, los parecidos son engañosos. Porque la URSS era una economía cerrada que se había sustraído de la acumulación capitalista. Hoy en día, al contrario, Rusia y China son tan parte del mercado mundial como lo son Inglaterra o Estados Unidos.
En varios sentidos, el paralelo más indicado para la situación actual
es con el período iniciado en 1914, donde las potencias capitalistas se
disputaron sus áreas de influencia y dieron lugar a un largo ciclo de
crisis, inestabilidad e incertidumbre. Muchas de las características de
ese período hoy nos resultarán familiares: ascenso de la extrema
derecha, debilidad de los sistemas políticos, crisis del liberalismo,
grandes movilizaciones de masas, rivalidad interimperialista… (...)" (Martín Mosquera y Florencia Oroz , JACOBINLAT, 19/10/22)
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