"La Comisión Europea tiene que dar algunas explicaciones el viernes, cuando los ministros de energía nacionales se reúnan para debatir las formas de reducir los precios de la energía, según varios diplomáticos.
Quieren saber por qué Bruselas aún no ha detallado cómo podría ser un límite al precio del gas natural importado, tres semanas después de que se le pidiera en el último Consejo de Energía de urgencia.
Esta semana, 15 ministros de Energía volvieron a insistir en esta exigencia y enviaron una carta a la Comisaria de Energía, Kadri Simson, en la que le instaban a preparar un menú detallado de opciones de limitación del gas antes del viernes, "seguido de una propuesta legislativa lo antes posible".
A pesar del creciente impulso a la intervención directa en el mercado del gas, el ejecutivo de la UE se atrinchera.
Un documento político de la Comisión destinado a guiar el debate del viernes consiste principalmente en advertencias contra la limitación del precio de todas las importaciones de gas, y anima a los países a consumir menos y a renegociar mejores contratos de suministro con proveedores "fiables" como Noruega y Argelia.
También vuelve a proponer la idea de la Presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ampliamente criticada, de limitar sólo el precio de las importaciones de gas ruso.
Un diplomático nacional resumió la reacción general a los restos de la política recalentada: "¿Qué coño es esto?"
"Han pasado tres semanas desde que dijimos lo que necesitábamos, y la Comisión sólo se centra en los riesgos", se quejó otro. "Si sólo hablamos de desventajas y no de ventajas no avanzaremos mucho".
Los países "están furiosos porque la Comisión está jugando al escondite con el límite del precio del gas", dijo un tercer diplomático.
"Muchos países criticaron el documento, y lo dejaremos muy claro [el viernes]", dijo un cuarto.
"Esperemos que la Comisión tenga en cuenta el resultado del debate y no siga impulsando su propia idea de un tope sólo para Rusia", dijo un quinto diplomático de la UE.
Un borrador de compromiso del Consejo obtenido por POLITICO muestra un acuerdo sobre medidas menos controvertidas, como un recorte del 10% de la demanda de electricidad durante el periodo invernal y los impuestos extraordinarios a los productores de energía.
Pero en cuanto al gas, "no esperen nada definitivo", advirtió un funcionario de la Comisión.
Mientras las capitales se preparan para la lucha, Bruselas insiste en que está haciendo todo lo que puede, incluso pidiendo más tiempo.
"No hay confrontación, estamos buscando un terreno común para abordar una situación excepcional", dijo el jueves un segundo funcionario de la Comisión. En cuanto a la limitación del precio del gas, "nos hemos adelantado a abordar los riesgos... pero, por supuesto, si los Estados miembros consideran que hay que ir en esa dirección, profundizaremos en nuestro análisis".
Ese es el tiempo que los países de la UE dicen no tener: La temporada de calefacción comienza el sábado, y los precios del gas al contado siguen siendo casi cinco veces más altos que hace un año.
Pero París, al menos, dice que Bruselas se está acercando lentamente -aunque a regañadientes- a la idea de permitir que los precios del gas sean subvencionados.
"La Comisión expuso sus ideas preliminares, que van en la buena dirección... en particular la posible extensión del mecanismo ibérico a todo el mercado de la UE", dijo un funcionario del Ministerio de Energía francés.
Se trata de un sistema especial implantado por España y Portugal, por el que se subvenciona parcialmente el precio del gas utilizado para la producción de electricidad, en un intento de reducir los precios de la energía, sin intervenir directamente en el proceso de licitación en los mercados mayoristas.
Alemania anunció el jueves que aplicaría su propia versión, emitiendo 200.000 millones de euros de nueva deuda para fijar un límite a los precios del gas al por mayor y pagar la diferencia entre ese tope y el coste real de importación de los proveedores mundiales.
La cuestión es muy política, y los líderes de la UE la seguirán debatiendo en una reunión informal en Praga el mes que viene. " (
America Hernandez , POLITICO, 29/09/22; traducción DEEPL)
"Este invierno no va a ser fácil. Pero el próximo será incluso más difícil".
Es el pronóstico que impera en todas las quinielas europeas. Los ministros de Energía de la Unión Europea, reunidos en el segundo Consejo extraordinario de este mes, han acordado el primer cortafuego para reducir el consumo energético y aliviar la tarifa de la luz de sus ciudadanos. Pero el próximo asalto se presupone más complicado. Los Veintisiete han confirmado sus divisiones en torno a la cuestión clave de cómo hacer frente al precio desorbitado y volátil del gas.
En este sentido hay dos bloques opuestos. España, Italia o Francia
lideran el grupo de 15 Estados miembros que exigen imponer un precio
límite al precio de todo el gas que importa la UE e intervenir el
mercado del Title Transfer Facility (TTF) neerlandés, que marca el
precio de referencia global del gas. Pero en el otro lado se encuentra
el bando capitaneado por Alemania y Países Bajos, que temen que estas iniciativas deparen en un alejamiento de los proveedores de gas, como Argelia o Noruega.
Su argumento es que estos productores de gas podrían ver otros mercados
más atractivos derivando en escasez y desabastecimiento en el
suministro energético a un bloque comunitario que todavía lucha por
desprenderse de su dependencia energética con Rusia.
Es en esta disyuntiva donde se encaja el doble dilema y reto de la UE para hacer frente a unos mercados energéticos "volátiles" e "inestables" a causa de lo que en la capital comunitaria definen como un "chantaje" del presidente ruso, Vladímir Putin: el alto precio del gas y los problemas de desabastecimiento y falta de estructuras energéticas. Una de las causas por las que esta crisis energética está resultando más punzante en Europa que en otros rincones del mundo responde a la estructura del sistema eléctrico europeo. Bajo el modelo vigente, la energía más cara marca el precio de salida del resto. Y así, en una industria que opera con mucha opacidad, el gas ha arrastrado a otras fuentes más baratas como las renovables.
Las medidas aprobadas en el Consejo del viernes pasan por asentar una reducción obligatoria del consumo energético del 5% en las franjas de mayor demanda y por una intervención del mercado energético en torno al límite de las energías inframarginales –principalmente nucleares y renovables- y una tasa del 33% a los beneficios extraordinarios de las compañías fósiles.
Pero para España
estas iniciativas son "insuficientes". Teresa Ribera, vicepresidenta a
cargo de Transición Ecológica, aterrizaba en la cita de la capital
comunitaria expresando su "decepción" por unas medidas sobre la mesa que consideraba "cortas" ante los retos actuales.
Tras el encuentro con sus homólogos europeos ha pedido más contundencia
y urgencia. "Si no ponemos un tope al gas podríamos tener un impacto
importante sobre el Producto Interior Bruto (PIB) de la UE, sobre la
producción industrial y sobre los consumidores", ha asegurado con
contundencia en la rueda de prensa posterior.
Próximos pasos
El mensaje principal ha calado: transmitir a la Comisión Europea la sensación de urgencia para medidas más contundentes que contengan una crisis en la que los europeos ya van tarde. Bruselas presentará en los próximos días más medidas en el campo energético. Se espera que lleguen antes de la cumbre que los 27 líderes europeos celebran el próximo jueves y viernes en Praga. (...)
Los expertos del Berlaymont trabajan ya en el análisis de varios escenarios que evalúen el impacto de las diferentes medidas como el tope a todo el gas, un límite dinámico o una compra conjunta de gas, como ocurrió con las vacunas en la crisis del coronavirus. Su principal objetivo es enviar un mensaje de calma a sus proveedores de gas natural licuado (GNL) con los que quiere abrir negociaciones para llegar a un acuerdo sin medidas unilaterales y a la fuerza.
Una de las opciones que se abre paso es extender la llamada excepcionalidad ibérica, que España y Portugal aplican desde junio, al grueso de la UE. Así, los Veintisiete desacoplarían el precio del gas al de la producción energética. En España se congratulan porque consideran que el Ejecutivo de Pedro Sánchez está marcando el paso con el que Bruselas "se inspira" para hacer frente a la actual crisis energética.
En definitiva, hay muchas opciones sobre la mesa. Pero todas tienen un puerto común: reducir el precio del gas sin motivar un mayor consumo de este recurso y poner la zancadilla a la transición verde. La segunda meta compartida es la de que el gas no puede condicionar el precio de la electricidad. Por ello, una vía que tampoco se descarta es la de cambiar la referencia europea del índice de gas establecida por el TTF por otro que "refleje mejor las dinámicas actuales del mercado". (María G. Zornoza, Público, 30/09/22)
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