"El hasta ahora presidente del Constitucional, Pedro González-Trevijano, ha defendido este lunes en su discurso de despedida al frente de este cargo la decisión que tomó el tribunal en diciembre para paralizar la votación en el Senado de la ley que perseguía facilitar la renovación del propio órgano de garantías.
En sus palabras, Trevijano ha subrayado la preocupación del Constitucional por los derechos fundamentales y se ha reafirmado en la tesis de que la Constitución no preceptúa “cláusulas de intangibilidad”. Por tanto, ha proseguido, no hay zonas exentas al control del tribunal, y si bien la Carta Magna “no impone un modelo uniforme de vida política o de convivencia”, es función del órgano de garantías asegurar que se respeta “un límite infranqueable”.
González-Trevijano entiende que, en consecuencia, es necesario reaccionar cuando “se vulneran los principios democráticos, los derechos fundamentales, y no se satisface el marco de los procedimientos de reforma, pues el respeto a esos procedimientos es, siempre y en todo caso, inexcusable”.
Trevijano ha expuesto que al tribunal de garantías se le ha encomendado “el control del respeto a la Constitución” por parte de los tres poderes, “incluyendo al legislativo”, además del ejecutivo y el judicial. Ahora bien, ha matizado que “obviamente, el control sobre la constitucionalidad de las leyes no puede realizarse sin reconocer y respetar el muy amplio margen de configuración que le corresponde al legislador para dar curso a sus opciones políticas”.
La conclusión de Trevijano ha sido que “sin supremacía de la Constitución ni imperio de la ley (…) no habrá democracia, ni libertad, ni Constitución”, para destacar también que “desde hace ya varias legislaturas”, los sucesivos gobiernos vienen abusando del uso de los decretos-leyes, lo que, en su opinión, “desapodera a las minorías y atenta contra la centralidad del Parlamento”.
Algunos de los aplausos de los propios magistrados al discurso de Trevijano fueron tibios, lo que cabe relacionar precisamente con el hecho de que 5 de los 11 miembros del tribunal no suscribieron la paralización del citado proceso legislativo. Estos cinco votos discrepantes estimaron que esa paralización había supuesto una interferencia injustificada en la labor del Parlamento. (...)
La intervención de Trevijano, en la que se advierten referencias a la grave crisis institucional entre los poderes del Estado de diciembre, en la que el Constitucional frenó en el Senado la votación de una reforma impulsada por el Gobierno para la renovación del propio tribunal de garantías, incide en la supremacía de la Ley Fundamental frente a “paralelas soberanías parlamentarias”. (...)
“Los ciudadanos y los poderes públicos han de tomar conciencia de que su apelación [al Constitucional] solo ha de producirse tras agotar todas las vías de solución, no como instrumento de la refriega política o de indefinidas instancias judiciales”, ha destacado Trevijano en su discurso de despedida. Fue el PP quien recurrió al tribunal de garantías para intentar frenar la iniciativa del Gobierno. “Recalquemos que el Tribunal Constitucional no constituye una tercera cámara, ni una cuarta instancia, ni una suerte de supercasación”, ha añadido.
Además, ha incidido, sin citar casos concretos, en que, “en ocasiones” se producen “injustificadas recusaciones en cascada (...) con el burdo fin de obstaculizar su funcionamiento y atentar a su credibilidad, cuando no de alterar fraudulentamente su composición”. PSOE y Unidas Podemos pidieron en diciembre la recusación del propio Trevijano y del magistrado Antonio Narváez ―cuyos mandatos están caducados desde junio y que fueron nombrados a propuesta del Ejecutivo de Mariano Rajoy (PP)― alegando que no podían decidir sobre la reforma legal que impulsaba el Gobierno porque tenían intereses personales en esa decisión.
González-Trevijano ha resaltado la importancia del “cumplimiento de los plazos” y de los “procedimientos” para la renovación del tribunal de garantías, además de la “debida elección” de los “mejores y más aptos” si no se quiere caer, como apuntó el presidente emérito Cruz Villalón, “en la irrelevancia”. Trevijano también ha recordado que, pese a la renovación, el Tribunal Constitucional permanece incompleto, y ha pedido a los partidos políticos que cubran la vacante del magistrado Alfredo Montoya, quien abandonó el tribunal en julio por motivos de salud, “a la mayor brevedad posible”.
En otro momento de su discurso, de unos 50 minutos, González-Trevijano ha arremetido contra las clasificaciones de los magistrados según su ideología o quienes los han propuesto. “No comparto la falsaria dicotomía entre jueces conservadores y progresistas (...); un magistrado no representa a nadie, está a solas con su conciencia y solo de ella depende”, ha manifestado.
Los nuevos
componentes del tribunal sustituyen al propio González-Trevijano y al
magistrado Antonio Narváez, nombrados por el Gobierno de Rajoy, y al
vicepresidente del Constitucional, Juan Antonio Xiol, y al magistrado
Santiago Martínez Vares, designados por el Poder Judicial. Xiol es el
único progresista de los cuatro. Con la renovación, se invierte el
anterior equilibrio interno, al entrar con esta renovación tres
progresistas y un solo conservador. (...)" (José María Brunet , El País, 09/01/23)
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