"Milosz comentó en una ocasión que la condición de los escritores de la "otra Europa" (como él llamaba a Mitteleuropa) era "apenas imaginable" para los ciudadanos de los Estados de Europa occidental. Parte de esta heterogeneidad se debe a la ausencia de Estados nacionales y a la presencia en su lugar, durante siglos y hasta el final de la Primera Guerra Mundial, del Imperio de los Habsburgo. Para quienes hemos nacido en un Estado nación y no distinguimos entre ser italiano y ser ciudadano italiano, no es fácil imaginar una situación en la que ser italiano, húngaro, checo o ruteno no significara una identidad estatal.
La relación con el lugar y la lengua para los ciudadanos del imperio era sin duda diferente y más intensa, libres como estaban de toda implicación jurídica y connotación nacional. La existencia de una realidad como el imperio de los Habsburgo sólo era posible sobre esta base.
Conviene no olvidarlo cuando hoy vemos que Europa, que se constituyó como un pacto entre Estados-nación, no sólo no tiene ni ha tenido nunca realidad alguna fuera de la moneda y la economía, sino que hoy está reducida a un fantasma, de facto totalmente supeditado a los intereses militares de una potencia que le es ajena.
Hace algún tiempo, retomando una sugerencia de Alexandre Kojève, propusimos la constitución de un "imperio latino", que uniera económica y políticamente a las tres grandes naciones latinas (junto con Francia, España e Italia) de acuerdo con la Iglesia católica y abierto a los países mediterráneos. Independientemente de que tal propuesta siga siendo pertinente hoy en día, quisiéramos llamar la atención de los interesados sobre el hecho de que si algo como Europa ha de adquirir una realidad política autónoma, ello sólo será posible mediante la creación de un Imperio europeo similar al Imperio austrohúngaro o al Imperium que Dante en De monarchia concibió como el principio unitario que debía ordenar los reinos particulares hacia la paz como "fin último".
Es posible, es decir, que en la situación extrema en la que nos encontramos, los propios modelos políticos que se consideran completamente obsoletos vuelvan a encontrar una relevancia inesperada. Pero para ello sería necesario que los ciudadanos de los Estados-nación europeos redescubrieran un vínculo con sus propios lugares y sus propias tradiciones culturales lo suficientemente fuerte como para poder deponer sin reservas sus ciudadanías estatales y sustituirlas por una ciudadanía europea única, encarnada no en un parlamento y unas comisiones, sino en un poder simbólico algo parecido al del Sacro Imperio Romano Germánico.
La cuestión de si tal imperio europeo es o no posible no nos interesa, ni corresponde a nuestros ideales. Sin embargo, adquiere un significado especial si nos damos cuenta de que la actual comunidad europea carece hoy de sustancia política real y se ha convertido de hecho, como todos sus Estados miembros, en un organismo enfermo que corre más o menos conscientemente hacia su propia autodestrucción."
(Giorgio Agamben, El Imperio Europeo, Sinistrainrete, 07/02/23; traducción DEEPL)
No hay comentarios:
Publicar un comentario