"Impulsadas por la creciente conciencia ambiental y la necesidad de diversificar la matriz energética, las comunidades energéticas en España están experimentando un crecimiento significativo.
Decenas de personas han encontrado en esta nueva alternativa una manera más democrática y participativa de convertirse en protagonistas de la transición energética. Desde pequeñas aldeas rurales hasta áreas urbanas densamente pobladas, diversas poblaciones en toda España están adoptando esta modalidad colaborativa para producir, compartir y gestionar energía renovable localmente.
A inicios de este año, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) publicó la primera fase del mapa de comunidades energéticas del programa CE IMPLEMENTA, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR).
Nueve meses después, los datos del mapa revelan que en la actualidad España cuenta con 68 comunidades energéticas que fueron adjudicatarias de la ayuda de CE Implementa 1 y 2. Comunidades Autónomas como País Vasco (14), Cataluña (13) y la Comunidad Valenciana (6) toman la delantera en esta carrera por la sostenibilidad.
Sin embargo, hay quienes aun consideran que el despliegue de las comunidades autónomas en el país ibérico necesita mejores decisiones y más ambición. Pedro Fresco, director general de Avaesen,compartió sus opiniones respecto a la situación actual de las comunidades energéticas en el país y explicó a Review Energy cuáles son las medidas más urgentes para abrir un camino más adecuado en su proceso de desarrollo.
La entrevista completa a continuación:
Review Energy (R.E.): Hace poco el gobierno dio entidad jurídica a las comunidades energéticas. ¿Considera el texto como adecuado? ¿Es un factor de aceleración para las mismas?
Pedro Fresco (P.F.): El texto me parece insuficiente, ya que no pasa de ser una definición de las figuras y poco más. Probablemente fue hecho así por la situación especial que produjo la disolución de las cortes generales y la convocatoria electoral, pero ha dejado sin establecer los mecanismos concretos para impulsar estas figuras y que puedan competir con otros actores.
La mera definición jurídica clara ayudará a evitar problemas que se estaban encontrando los promotores de Comunidades Energéticas, pero deberíamos ser más ambiciosos.
R.E: La Comunidad Valenciana es uno de los referentes en el desarrollo de las comunidades energéticas. ¿Cuáles han sido los pasos que le ha permitido ir un paso adelante?
P.F.: Han contribuido varias cosas. Tener el pionero en nuestra Comunidad, Enercoop, obviamente ayudó. También hubo un compromiso por parte del anterior Consell para su promoción, donde había una convicción general de que debían ser promocionadas y se les daba bastante visibilidad. Las ayudas que se establecieron fueron varias y eso obviamente ayuda.
Este dinamismo creó un ecosistema interesante. Por ejemplo, nosotros en AVAESEN impulsamos el programa ‘Acelera tu CEL’, un programa mediante el que asesoramos y mentorizamos a ayuntamientos y asociaciones para que puedan impulsar una Comunidad Energética. Es un programa que está funcionando muy bien gracias a que existe mucho interés social en estas figuras.
R.E.: ¿Qué otras CCAA considera ejemplo de desarrollo de comunidades energéticas en España?
P.F.: Creo que Euskadi está haciendo un buen trabajo de la mano del Ente Vasco de Energía, y también Navarra. Las destacaría porque lo están haciendo a pesar de su menor recurso solar.
R.E: ¿Qué otros vehículos, además de la fotovoltaica, mueven a las comunidades energéticas?
P.F.: Es normal que las Comunidades Energéticas comiencen por la fotovoltaica, porque es la energía más rentable y su modularidad de adapta bien a cualquier entorno. Lo ideal es que empiecen por ahí, pero con el objetivo de ampliar posteriormente a otras energías o servicios energéticos.
Aquí en la Comunidad Valenciana tenemos por ejemplo a Alterna Coop. Que ofrece Vehículos eléctricos en carsharing para los miembros de la Cooperativa. Esto también puede ser considerado una Comunidad Energética. Pero podríamos hablar igualmente de eólica, redes de calor o servicios energéticos de cualquier tipo.
R.E.: ¿Se está pensando lo suficiente en las comunidades energéticas no sólo en cuestión de generación sino también de consumo?
P.F.: Es una buena pregunta. El problema es que la regulación de la generación en autoconsumo está mucho más desarrollada que las cuestiones de demanda flexible y gestión de consumos. Al final los promotores se adaptan a lo que hay, además de ser conceptualmente más sencillo. La figura de la Comunidad de Energías Renovables, además, está como muy pensada para la generación.
En mi opinión las cosas irán poco a poco avanzando también en ese terreno conforme la regulación avance y las comunidades se consoliden. Obviamente es mucho más fácil e intuitivo para los vecinos hablar de un autoconsumo compartido que de cuestiones de demanda.
R.E: ¿Cuál será el panorama de las comunidades energéticas en España para lo que queda de este año y el siguiente?
P.F.: En principio, los fondos europeos destinados y las ayudas vigentes van a mantener el dinamismo. También es verdad que el relajamiento de los precios eléctricos también puede reducir el impulso, como pasa con el autoconsumo individual. No obstante, aquí hay un gran caballo de batalla para las comunidades energéticas con la tramitación del autoconsumo colectivo, que se está encontrando enormes complejidades administrativas que no están justificadas.
En la Comunidad Valenciana, en el segundo trimestre de 2023, solo el 0,5% de las instalaciones de autoconsumo eran colectivas, dato que no será muy diferente a nivel estatal y que nos muestra que existe un gran cuello de botella administrativo que afecta no solo a las comunidades energéticas sino también a las personas que viven en bloques de edificios, que son mayoritarias en España.
Esa es una de las principales cuestiones a trabajar, porque cuando estos procedimientos sean ágiles la puesta en marcha de las Comunidades será mucho más rápida y su ejemplo será mucho más contagioso.
R.E.: ¿Se están aprovechando de manera adecuada los fondos Next Generation y todas las ayudas para acelerar a las comunidades energéticas?
P.F.: Como en todo en la vida, hay ayudas mejor y peor pensadas, más o menos efectivas. Hay ayudas muy costo-efectivas, como creo que es una que creamos en la Dirección General de Transición Ecológica cuando yo era director, aunque quizá no soy la persona más objetiva para decir esto. Luego hay otras que quizá tienen una intensidad demasiado elevada, tramitaciones tediosas u otras cuestiones, y eso hace que abarquen a pocos beneficiarios o se conviertan en subvenciones paralizantes.
No quiero que se me malinterprete: una intensidad de ayuda muy elevada es esencial cuando quieres hacer cosas que todavía no existen y necesitas pioneros. Pero esto evoluciona muy rápido y cada momento es distinto. Mi paso por la administración me demostró que muchas veces es mejor y más incentivador una simplificación de los trámites y una deducción fiscal inteligente que subvenciones maravillosas sobre el papel, pero ingestionables para beneficiarios y administración.
En todo caso, los fondos Next Generation tienen una serie de restricciones que las hacen inherentemente burocráticas y que impiden subvencionar determinadas cosas, y eso también hay que tenerlo en cuenta para que la crítica sea justa.
Finalmente, tengo mucho interés en ver cómo funciona el CE Oficinas, que si se ha acertado con los beneficiarios puede ser más incentivador que enormes subvenciones directas.
R.E.: ¿Cómo trabajar en comunidades vulnerables y hacerlas parte de esta transición energética?
P.F.: Este es uno de los focos donde las ayudas de mucha intensidad son necesarias, es más, debemos hablar de fórmulas imaginativas. Durante mi tiempo de cargo público ideamos un programa para beneficiar a familias vulnerables de autoconsumos colectivos de edificios públicos, sin coste para ellas. La idea era buena y escalable y la quise extender de la mano de organizaciones sociales, como la propia Cáritas, aunque no me dio tiempo a hacerlo.
En este campo no hay que perder de vista que las energías renovables representan algo más que la mera descarbonización, pueden representar accesibilidad a estándares de consumo mínimos. Ese es el enfoque del desarrollo de la energía solar en determinadas zonas del mundo donde la electrificación no ha llegado mediante las energías tradicionales. En España no tenemos ese problema, pero sí el de la pobreza energética.
La energía debe convertirse en un input más de la política social, pero adaptada a los estándares de generación renovable y eficiencia.
Que no se trate solo de pagar facturas de suministros sino de cómo
crear estructura energética para que estas facturas sean mínimas y poder
destinar el excedente a mejorar otras cuestiones. Creo que ese enfoque
es óptimo, es eficiente y además ayudaría a que los segmentos más
vulnerables de la sociedad viesen la transición energética como una
oportunidad y no como una amenaza." (Entrevista a Pedro Fresco, Review Energy, 17/09/23)
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