17.12.23

Un récord de empleo imposible sin trabajadores extranjeros... Sin ellos el sistema productivo griparía... “La población española es decreciente. No va a bastar con los hijos de los españoles para que la economía se mantenga como ahora. Los inmigrantes son más jóvenes, la mayoría de ellos están en edad de trabajar y tienen más hijos. Sin ellos, ¿quién va a pagar las pensiones?”... los extranjeros también han sido protagonistas en los aumentos en empleos relacionados con la información y las comunicaciones, en sanidad, o en actividades científicas y técnicas

 "España nunca había logrado emplear a tantos trabajadores como ahora, 21,3 millones según la última Encuesta de Población Activa (EPA). Este hito tan positivo, que ayuda a fomentar el consumo, a dotar de fondos a los servicios públicos o a rebajar la presión en prestaciones sociales, es cada vez menos atribuible a la fuerza laboral nacida en España. Nunca antes había sido tan alta la proporción de trabajadores extranjeros (14,1%, tres millones) o con doble nacionalidad (4,7%, un millón). Hace un año sumaban el 17,1%; hace diez el 12,8% y hace dos décadas, el 8,6%. Son los empleados que impulsan la ocupación a niveles desconocidos. La principal razón de este fenómeno, explican las expertas consultadas por EL PAÍS, es que la economía española necesita mano de obra y la estructura poblacional de los nacionales no satisface esas necesidades. Lo que la bajísima natalidad y el intenso envejecimiento restan lo compensan los flujos migratorios. Sin ellos el sistema productivo griparía.

Una de las cifras que mejor ilustra esta tendencia hace referencia al empleo atribuido a cada colectivo. En el último año (del tercer trimestre de 2022 al mismo periodo de 2023), según la EPA, se crearon 720.200 puestos de trabajo. Entre extranjeros y empleados con doble nacionalidad aportaron 482.300 trabajadores, más que nunca. Del total solo un tercio (237.900) corresponde con trabajadores españoles, la segunda proporción más baja en lo que llevamos de siglo. Solo fue inferior en el periodo 2018-2019.

Otro dato en la misma línea: la creación de empleo se impulsó en los últimos 12 meses un 3,5% en España, el mayor alza desde la burbuja del ladrillo (y sin contar el rebote anómalo de la pandemia). Este impulso global coincide con el segundo menor incremento anual de la población trabajadora española en un año de creación de empleo. Casi toda la subida se debe al acelerón de trabajadores con doble nacionalidad (13,4%) y extranjeros (13,8%). Fuentes del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones hacen una interpretación positiva de estos datos: “Reflejan el gran dinamismo del mercado de trabajo español en los últimos dos años como resultado conjunto de políticas en el ámbito económico, laboral y migratorio”. Además, desde el departamento de Elma Saiz destacan “el fortalecimiento de las finanzas de la Seguridad Social y la mejora en la sostenibilidad del sistema de pensiones”.

 Rosa Aparicio, experta en migraciones e investigadora del Instituto Universitario Ortega-Marañon, cree que una de las principales explicaciones es demográfica. “La población española es decreciente. No va a bastar con los hijos de los españoles para que la economía se mantenga como ahora. Los inmigrantes son más jóvenes, la mayoría de ellos están en edad de trabajar y tienen más hijos. Sin ellos, ¿quién va a pagar las pensiones?”, indica esta experta. Coincide Mónica María Monguí, doctora en Sociología e investigadora de la Universidad Complutense de Madrid: “La llegada de inmigrantes en edad laboral y la incorporación de jóvenes con doble nacionalidad en la búsqueda de empleo han llevado a un incremento de la población activa en estos colectivos”. Monguí cree que su mayor tasa de paro (16,5% entre extranjeros, 11% entre españoles), en un escenario de creación de empleo como el actual, también favorece que sean los principales protagonistas del incremento.

Las estadísticas de población confirman estas impresiones: hay 6,37 millones de extranjeros, más que nunca. Es un millón más que en el anterior pico registrado, los 5,4 millones de 2010, un máximo impulsado por la burbuja del ladrillo y que se fue desinflando con la Gran Recesión. Cayó hasta 4,38 millones en 2016 y desde entonces ha crecido en dos millones. Su edad media es de 37 años, ocho menos que los nacionales, y la tasa de natalidad es el doble que la de las españolas. Esto también queda claro en las estadísticas de empleo: la proporción más alta de trabajadores españoles se da entre los mayores de 55 años (89,2%) y la menor, de 25 a 34 años (76,3%). Si nos fijamos en los residentes en edad de jubilación el desfase es aún mayor, dado que muchos extranjeros vuelven a sus países: en global son el 15,2% de la población, pero solo el 5,2% de los mayores de 65 años es extranjero.

El extraordinario incremento de empleados extranjeros cambia de ritmo en función del sector económico. El mayor salto absoluto se da en la hostelería, una de las actividades con condiciones más penosas (14,4% más que el año pasado, 50.244 trabajadores). También destacan en otras profesiones con horarios difíciles, como el comercio (12,9% más y 22.437 empleados), o de gran esfuerzo físico, como la construcción (10,9% y 27.557). “Creo que los sectores que más sufrieron durante la pandemia, como el turismo y el comercio, han experimentado un acelerón. Y son actividades donde los inmigrantes están sobrerrepresentados, algunas que muchos españoles no quieren hacer, así que esto puede tener bastante que ver en el aumento general”, opina Myriam González-Rabanal, profesora de Economía Aplicada de la UNED.

Pero cabe destacar que el acelerón no se limita a ese tipo de actividades. En el último año los extranjeros también han sido protagonistas en los aumentos en empleos relacionados con la información y las comunicaciones (13% y 8.548), en sanidad (12,7% y 11.887) o en actividades científicas y técnicas (12,6% y 9.693), todas ellas con retribuciones por encima de la media. La única rama en la que el aumento de profesionales españoles ha sido proporcionalmente mayor que el de extranjeros ha sido educación. (...)

Los cambios normativos también juegan un papel clave. En los últimos años el Gobierno ha fomentado la llegada de mano de obra extranjera. Esta posición parte del convencimiento del ministro de Migraciones durante la pasada legislatura, José Luis Escrivá, de que España sufre un problema de vacantes sin cubrir, falla que el Ministerio de Trabajo solo advierte en sectores muy específicos. Con la tasa de paro más alta de Europa, Yolanda Díaz y los sindicatos siempre se han mostrado reticentes ante ese planteamiento de Escrivá.

Pese a las diferencias, ha habido modificaciones clave. “La actualización de las figuras de arraigo, la creación de una tipología nueva (arraigo por formación), la flexibilización de los requisitos para la reagrupación familiar, la actualización del Catálogo de Ocupaciones de Difícil Cobertura, una mayor estabilidad en los procesos de migración circular o los cambios sustanciales para que los estudiantes compaginen trabajo y formación, entre otros, están detrás de estos datos”, resaltan en el ministerio. Estas políticas han motivado un incremento en las autorizaciones de trabajo para extranjeros: en 2022 se aprobaron casi 200.000, el récord desde la Gran Recesión. La previsión es que en 2023 sean aún más. Con todo, son cifras alejadas de las que se llegaron a registrar a principios de siglo, cuando la inmigración tomó velocidad de la mano de la burbuja del ladrillo.

¿Quiénes son?

La cifra de trabajadores extranjeros actual no es muy diferente de la que se registró en la burbuja del ladrillo. En el primer trimestre de 2008 había 2,86 millones de empleados foráneos, una cifra que se desplomó durante la Gran Recesión. Muchos volvieron a sus países y otros muchos dejaron de venir, hasta rebajar el total en más de un millón en 2014. Entonces la tasa de paro era más del doble que la actual, un 25,9%. A medida que mejoró la economía volvieron estos trabajadores, hasta los casi tres millones de la última EPA (2.996.700). El elemento diferencial entre el escenario previo a la crisis inmobiliaria y el actual son los trabajadores con doble nacionalidad. Por primera vez son más de un millón, cuando hace dos décadas solo eran unos 70.000.

Por países, el que más aporta al total de extranjeros españoles es Rumanía. Son 337.765, según los datos de Seguridad Social de septiembre. Completan los cinco primeros puestos Marruecos (309.639), Italia (182.757), Colombia (171.982) y Venezuela (146.126). Es un reparto parecido al de 2012 (primer dato disponible), con la salvedad de que entonces Ecuador estaba en tercera posición y ahora está en séptima, mientras que China era quinta y ahora es sexta. Con una mirada más amplia destaca el acelerón de América Latina en conjunto: en 2019 había 937.200 trabajadores procedentes de países de la Unión Europa, lo que les convertía en el grupo más numeroso, seguido de los latinoamericanos con 738.700; solo cuatro años después hay 1,23 millones de latinoamericanos, frente a los 856.000 procedentes de la UE. “La población latinoamericana, al guardar parentescos culturales y de idioma con España, posibilita que su contingente esté en constante crecimiento y su inclusión en la sociedad española sea mucho más acelerada”, analiza Monguí.

 “Hay una diferencia importante respecto a la anterior gran llegada de inmigrantes, en los años 2000. Ahora vienen más mujeres y es mayor la proporción de las que trabajan”, indica la investigadora Nicoleta Enache, autora de la tesis doctoral Relaciones laborales e impacto económico de los trabajadores inmigrantes rumanos en España y profesora de la Universidad Valahia de Targoviste. Las estadísticas le dan la razón: hoy hay 100.000 trabajadores extranjeros menos que en el primer trimestre de 2008 (el anterior récord de la ocupación extranjera), pero 200.000 trabajadoras más. (...)"              (Emilio sánchez Hidalgo, El País, 17/12/23)

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