¿Cómo es posible que pequeñas naciones europeas como Portugal se tambaleen bajo los golpes de la especulación? De entrada, es precisamente por tamaño: hoy, sus bonos del Tesoro son adquiridos por colosos financieros cuyo balance supera el de muchos Estados.
En segundo lugar, es porque estos países tienen demasiadas deudas, tanto públicas como privadas: a pesar de la política fiscal de austeridad, sus gobiernos no consiguen cuadrar los números.
La economía irlandesa representa el 1,7% de la zona euro; sin embargo, los bancos irlandeses han absorbido una cuarta parte de los fondos ofrecidos por el Banco Central Europeo (BCE). Grecia, con el 2% del PIB de la zona euro, ha absorbido el 17,3% del dinero procedente de Frankfurt.
Portugal, menos voraz, representa el 8% del producto bruto de la zona euro y sólo ha absorbido el 7,5% de los préstamos. Sin embargo, los portugueses están más endeudados que los griegos: si se suman las deudas de los hogares, las empresas y el gobierno, se alcanza el 300% del PIB, mientras que en Grecia es el 240%.
Por último, existe una tercera razón, ciertamente la más importante a largo plazo: estos países no logran producir suficientes ingresos para pagar sus deudas. Portugal, con una ratio del 7,2% entre la deuda y el PIB, prevé un crecimiento del 0,7% este año.
La agencia de calificación Standard & Poor’s, que es la que anima a los mercados, espera en cambio un decrecimiento del 1,8% para el próximo año. (...)
De un día para otro, Portugal comenzó a vivir, producir, vender y exportar con una divisa fuerte, más o menos tan fuerte como el marco. No es pues ninguna casualidad que la situación comenzara a empeorar desde 2001.
El crecimiento real de los diez últimos años ha sido cinco puntos inferior a la media del conjunto de la zona euro. Portugal no consiguió aprovecharse del boom español y la industria portuguesa ha perdido presencia en el mercado en todos los sectores de la economía. (...)
Corchos, porto, vinho verde, ropa, componentes electrónicos, turismo: todos los elementos importantes en la balanza comercial portuguesa han perdido peso, con el resultado de una pérdida de riqueza para el país. (...)
Fue en este momento cuando intervinieron los bancos. Las familias portuguesas, antes tan dadas al gasto como las italianas, se endeudaron con sus bancos. Con el agravante de que éstos recurrieron de forma masiva a los préstamos extranjeros.Esta fuerte dependencia ha hecho que la economía portuguesa, ya de por sí débil y poco competitiva, terminara siendo tan vulnerable como la griega.(...)
He aquí pues otro país que ha vivido por encima de sus posibilidades, menos por causa de los derroches públicos y de la pereza privada que de su incapacidad de adaptar su propio sistema al nuevo contexto creado por la moneda única." (Press Europ,18 noviembre 2010, citando a Il Foglio Milán
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