2.5.11

"La mayoría, unos 135.000, han sido acogidos en Liberia, cuyo Gobierno, siguiendo su tradición, no los ha internado en campamentos"

"El 8 de abril de 2011, un portavoz de la ONU informó de que miles de refugiados de Costa de Marfil continúan llegando a los países vecinos.

"La mayoría, unos 135.000, han sido acogidos en Liberia, cuyo Gobierno, siguiendo su tradición, no los ha internado en campamentos, sino que los ha distribuido entre distintos poblados", explicaba un comunicado oficial. (...)

El 24 de marzo, el ministro italiano del Interior se reunió con sus 26 colegas de la Unión Europea (UE) para pedir solidaridad ante la "crisis" desencadenada por la llegada de "decenas de miles" de libios que huyen de la guerra en su país.

Si se leen con cuidado los gráficos y estadísticas que acompañan esas informaciones, publicadas en toda la prensa europea, se comprueba que hasta la fecha han llegado a Italia 27.700 refugiados procedentes del norte de África.

Cierto que al estar todos juntos en los campos de acogida levantados en la pequeña isla de Lampedusa (20 kilómetros cuadrados y 5.000 habitantes habituales) y no repartidos por Italia (60 millones de habitantes) parecen muchos, pero los medios de comunicación deberíamos ayudar a que impere la sensatez y traducir con toda la exactitud que podamos las "decenas de miles" de las que se habla con tanta alarma.

Repitamos: son, hasta el momento, 23.000 tunecinos y 4.700 libios los que han intentado, y logrado, llegar a Italia, es decir, a la Unión Europea.

La comparación con la crisis de Costa de Marfil no pretende ser demagógica ni ocultar la realidad del pánico europeo, sino situar lo que está ocurriendo en sus justos términos: nadie, ni en Italia, ni en Francia, ni en España, está haciendo frente, ni por lo más remoto, a una crisis humanitaria provocada por la huida hacia nuestras fronteras de millones, centenares de miles, ni tan siquiera decenas de miles de refugiados del norte de África. (...)

Lo que está sucediendo es que la inmigración se ha convertido ya en una de las áreas más importantes, quizá vital, de la política interna de la mayoría de los países que componen la UE. (...)

Es muy probable que todo el pánico creado en la Unión Europea no sea consecuencia del aumento real y desproporcionado de la inmigración, sino la primera derivada de un problema interno europeo que tiene sus profundas y terribles raíces en nuestra propia historia, y no en lo que ocurre en Libia: el nacionalismo. (...)

Y va a ser el nacionalismo, y no la inmigración, lo que termine pudriendo la vida política europea.Es el nacionalismo húngaro, el nacionalismo del "verdadero" finlandés (que odia probablemente más a los suecos que a los somalíes), el nacionalismo francés y, sobre todo, el nacionalismo alemán el que se está escondiendo detrás de la alarma antiinmigración.

Es el nacionalismo lo que está infectando, de nuevo y para nuestra desgracia, el corazón de Europa. "
(SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ OPINIÓN: Son exactamente 27.700. SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ, El País, Domingo, 24/04/2011, p. 13)


"La Comisión de Bruselas acaba de aceptar revisar las reglas del espacio de Schengen para la libertad de circulación dentro de la Unión Europea.

La danza del vientre a la que se han entregado Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi en lo que respecta a la "invasión" de los inmigrantes tunecinos desde hace cuatro meses tiene algo que ver con eso.

No merece que nos detengamos en ella, de tan escandalosa que es desde el punto de vista político y humano. (...)

Pero esta "invasión" no va precisamente en el sentido que se dice: más de 650.000 personas han huido de Libia; si sigue el conflicto, se esperan más de un millón de personas de aquí al verano.

Túnez, que ahora está implicada en la guerra por Gadafi, ya ha recibido más de 500.000 refugiados por una población de 10,2 millones de habitantes y un PIB en caída desde la revolución, una tasa de desempleo superior al 30%, una situación de decrecimiento grave y una inestabilidad en cuanto a la seguridad peligrosa para la democracia naciente.

Europa, con una población que supera los 520 millones de habitantes, un PIB 10 veces superior al de los países de la ribera sur del Mediterráneo, ha tenido que gestionar, aunque por supuesto en el estruendo mediático y los resabios de racismo de Estado... ¡26.000 tunecinos!

En Túnez, lo he visto con mis propios ojos, los refugiados son acogidos por las poblaciones fronterizas, alimentados, invitados a dormir en las casas mientras esperan soluciones. El primer ministro Beyi Caid Esebsi, me dijo, tal cual, durante una charla:

"¿Qué quiere usted? tampoco vamos a abandonarles sedientos y hambrientos en el desierto" (Túnez, 25-4-11).

Por supuesto, esta situación no puede durar, es insoportable para Túnez. Pero no vemos comedia histérica alguna a costa de los extranjeros, animosidad alguna en el comportamiento de la población." (SAMI NAÏR: Revoluciones e inmigración. El País, 07/05/2011, p. 10)

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