"Pónganse, por ejemplo, en la piel de un profesor de secundaria en
Grecia. Para empezar, aplíquense un recorte en su sueldo de un tercio y
renuncien a la casi totalidad de sus pagas extraordinarias.
Según un
informe de la Agencia Europea de Educación Eurydice, hace dos cursos en
Grecia el salario base en secundaria oscilaba entre 11.820 19.992 euros
anuales y en España entre 33.344 y 46.692. A esto hay que añadir el
recorte adicional del pasado mes de octubre que deja a los profesores
griegos con un sueldo mensual de entre 660 y 1.400 euros. Además,
aumenten en un 4% su declaración del impuesto sobre la renta, aumenten
también su factura de la luz en un 9%, el tipo máximo de IVA en un 10%
adicional, e imagínense que les aplican un nuevo impuesto de bienes
inmuebles que les lleva a pagar entre 600 y 1.000 euros anuales por un
piso de 100 metros cuadrados, según la zona donde se encuentre.
A esto
añadan el elevado precio de la gasolina (1,65 el litro) y de los
productos básicos (un 40% más altos que en España, a excepción de la
fruta y verdura que es, aproximadamente, un 30% por ciento más barata).
En esta situación, Alemania exige que la Unión Europea pase a
controlar por completo las cuentas de Grecia y que ésta sólo atienda a
sus partidas de gasto una vez cubiertos los vencimientos de la deuda. (...)
Los griegos, igual que los alemanes, o que los españoles, responden
bastante a incentivos y castigos. Según esto, la pregunta sería ¿qué
incentivos tienen los griegos para sacrificarse de forma obediente en
las condiciones actuales? Alguien podría decir que la respuesta es tan
simple como salir de la crisis.
Pero no es esto lo que perciben los
principales afectados. La sensación que predomina es que, hagan lo que
hagan, irán directos al precipicio. Es decir, que aunque se sacrifiquen,
serán sacrificados. (...)
Dado que buena parte de la crisis griega parece deberse al fraude fiscal
y a la incapacidad del Estado para recaudar, otro incentivo podría ser
el evitar que este problema se perpetúe o, al menos, se agudice. Pero lo
que se les está pidiendo más bien parece perseguir el objetivo
contrario.
La pérdida progresiva de la soberanía griega no hace sino
debilitar cada vez más al Estado. A ello contribuye también el aumento
del fraude fiscal. A muchos griegos no les duelen prendas en admitir –
incluso en sus declaraciones a los medios de comunicación – que no
piensan pagar el impuesto de bienes inmuebles. (...)
La percepción de que las medidas son injustas e ilegítimas no sólo hace
que el fraude siga aumentando sino que también lleva a que se desarrolle
una tolerancia creciente hacia quienes lo practican. Ante este
panorama, ¿no haría falta un debate serio sobre cómo crear incentivos
para romper este círculo vicioso, en vez de seguir castigando a la
población con una insoportable presión impositiva que difícilmente
logrará el objetivo recaudatorio que se propone?
El fortalecimiento del
Estado griego y la legitimidad de las medidas que adopte no pasan
tampoco por debilitar la soberanía del país. Los griegos están
dispuestos a sacrificarse pero, ni ellos ni nadie, se somete voluntario a
ser sacrificado." (Irene Martín Cortés: Los griegos, sacrificados en el altar de Europa, El País, 11/02/2012)
Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
13.2.12
Los griegos están dispuestos a sacrificarse pero, ni ellos ni nadie, se somete voluntario a ser sacrificado
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