"Angela Merkel va a apoyar la petición de Rajoy de que el Banco Central Europeo vuelva a comprar deuda española e italiana, como hizo el año pasado. No importan los gritos del talibán, Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, y de otros, opuestos a ese escenario.
La Moncloa podrá presentar el asunto como “espaldarazo” cuando reciba a Merkel en el encuentro hispano alemán
de hoy, pero la canciller no actúa por amor a Rajoy, sino por interés.
De lo que se trata es de continuar socializando las pérdidas del sector
financiero-privado a costa de la esfera pública y social bajo el lema
“hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.
Rajoy acaba de justificar la subida del IVA en la necesidad de
financiar el estado social, las pensiones de los mayores, la educación y
la sanidad, sin mencionar siquiera que el agujero que hay que pagar es
el del sector financiero internacional en sus diversas modalidades, un
problema común a países tan diferentes como España y Alemania. (...)
Desde el punto de vista alemán el pulso que hay que observar en el
anuncio de Draghi de hoy no es tanto la compra de deuda, sino el nivel
de control y supervisión que el BCE recibirá sobre los bancos. La
desastrosa situación de la banca alemana –y francesa- es el gran secreto
y tabú de la eurocrisis.
El gobierno alemán, en nombre de su sector
bancario, se ha rebelado contra la posibilidad de que el BCE reciba poderes de supervisión sobre todos los bancos.
El ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, ha dejado claro –en un artículo en el Financial Times
del 30 de agosto- que la supervisión del BCE es para los bancos
griegos, españoles, italianos y portugueses, pero en ningún caso para
los alemanes, cuya implicación en los pufos inmobiliarios globales,
desde Baltimore a Castellón de la Plana, y estafas financieras, es
extraordinaria y tan irresponsable como el necio ladrillo celtíbero.
El gobierno alemán quiere supervisión sólo para los bancos
“sistémicamente más relevantes”, lo que va a dejar fuera de control a
los Landesbanken, sus propias flores. Se espera que Draghi se someta hoy
a esa disciplina alemana.
Mientras tanto Alemania va financiando su
deuda pública, más abultada que la española, a precios de risa sin
interés, gracias al flujo de capital Sur-Norte que fluye de la sangría
meridional en busca de la seguridad del bono alemán.
Berlín dice que la terapia de choque que se está aplicando en Grecia,
España y otros países meridionales son las “reformas” que ellos
hicieron antes. La realidad es que no tienen nada que ver en su
profundidad, sentido, ritmo y crueldad.
Alemania recortó mucho menos y
en un estado social mucho más rechoncho. Y lo hizo, además, en aras de
una estrategia exportadora global, completamente ausente en la actual
asfixia meridional que, como se está viendo, solo sirve para incentivar
la recesión.
Desde 2005 Merkel ha congelado ese tipo de sangría. Su
ministra de asuntos sociales, Ursula von der Layen, ya habla de
incrementar las pensiones que en su actual vector condenarán a la
pobreza a muchos jubilados. (...)
El único problema son las exportaciones. La absurda
política que estrangula a sus clientes europeos ya afecta a Alemania y
el enfriamiento de BRICS, China y Estados Unidos impide compensar la
pérdida de ventas en el mercado europeo, como ha venido ocurriendo en
los últimos dos años.
Si la exportación alemana pincha, la política
europea de Berlín se hundirá. ¿Se producirá eso antes o después de la
campaña electoral alemana?" (Rafael Poch, La Vanguardia, 05/09/2012)
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