"Los recortes en el gasto público y los aumentos de impuestos durante
una depresión siempre contraen la demanda, aumentan el desempleo y detienen el
crecimiento. Los ingresos fiscales caen, mientras los gastos por prestaciones
por desempleo y otras partidas sociales se disparan.
El déficit aumenta, los
objetivos de la política fiscal se incumplen, lo cual lleva a aplicar nuevas
medidas de austeridad para tratar de reducir la brecha. Se trata de una espiral
viciosa dictada por la idolatría tóxica de la teoría económica dominante. (...)
Pero el fracaso y la responsabilidad de la elites griegas es
si cabe aún mayor. Fueron los políticos, banqueros y patrones de los medios de
comunicación quienes acabaron poniendo su país de rodillas tras 40 años de
ejercicio inmisericorde de su capitalismo corrupto y clientelar.
Harán lo
imposible para retrasar el final inexorable de su modus vivendi. Grecia
constituye un caso de manual de un proceso de descomposición moral y colapso
político de un sistema de poder. Existes muchas evidencias de que el gobierno
griego maquilló las cifras macroeconómicas en 2001 para conseguir entrar en el
euro.
La espiral imparable de créditos y acumulación de deuda fue entonces
utilizada por las elites gobernantes para engrasar a fondo los mecanismos
clientelares. El gobierno de Papandreu actualizó las cifras del déficit,
pasando del 3% al 15,4% y provocando así la intervención europea.
Para taparlo
todo, cada paquete de medidas que se aprobaba significaba un aumento de la
deuda. En 2009, la deuda griega representaba el 120% del Producto Interior
Bruto. Al año siguiente ya estaba en el 190% y, tras un sufrimiento indecible
de una docena de años, puede que en 2021 se haya reducido al 125%, es decir por
encima del guarismo del año 2009.
Las medidas de austeridad son un
multiplicador de la deuda, que no deja de aumentar y actúa como la metástasis
de un tumor maligno.
La sociedad griega se está hundiendo antes nuestros ojos y
la única respuesta consiste en más préstamos para refinanciar los préstamos
antiguos, lo cual aumenta la cuantía global de lo que se debe. Es como tomar
prestado de la Visa para cancelar la deuda de la Mastercard.
He denominado la combinación de neocolonialismo europeo y
obediencia servil de la elite griega “el deseo de deuda”.
Y al ser un “doble genitivo”, el deseo de deuda nos obliga a hacernos dos preguntas a la vez: ¿Quién deseó la deuda y qué desea la deuda?
La única explicación coherente
consiste en que las elites deseaban la deuda, primero a través de su insensata
borrachera de gasto y endeudamiento y después a través de los deliberados
incrementos en el cálculo de la misma.
¿Qué desea la deuda? Puesto que los
griegos son deudores, entonces los griegos deben destruir lo viejo y adoptar
valores económicos, culturales y morales radicalmente nuevos. Como el platónico
pharmakon, la deuda es veneno y cura,
maldición y bendición, causa de pasión y a la vez de resurrección.
La austeridad apunta a una reestructuración entera de la
vida en el capitalismo tardío sumido en una crisis crónica. Las prácticas
laborales se van pareciendo cada vez más a las de China. La urdimbre moral de
las relaciones sociales entre las personas, los lazos de amistad, solidaridad y
hospitalidad que aun persistían del periodo previo a la modernización
capitalista están siendo debilitados.
La moralidad dominante es ahora el
cinismo y el nihilismo. La austeridad puesta a prueba en Grecia se exporta
ahora a Portugal, Irlanda, España, Italia y Gran Bretaña. Lo que nos espera es
la reinstauración de un capitalismo victoriano a través de un Estado
autoritario. Grecia puede ser el futuro de Europa." (Grecia y el futuro de Europa, de
Costas Douzinas, Sin Permiso, 06/01/2013)
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