"Los riesgos que afronta la zona del euro se han reducido desde el
verano, cuando la salida de Grecia parecía inminente y los costos del
endeudamiento de España e Italia alcanzaron nuevos niveles
insostenibles, pero, si bien han disminuido las tensiones financieras,
las condiciones económicas en la periferia de la zona del euro siguen
siendo precarias.
Varios factores explican la
reducción de los riesgos. Para empezar, el programa de “transacciones
monetarias directas” del Banco Central Europeo ha sido increíblemente
eficaz: los márgenes de los tipos de interés de España e Italia se han
reducido en unos 250 puntos básicos, aun antes de que se gastara un solo
euro para comprar bonos estatales.
La introducción del Mecanismo
Europeo de Estabilidad (MEDE), que aporta otros 500 millones de euros
(650 millones de dólares) para sostener los bancos y las deudas
soberanas, también ha ayudado, como también el reconocimiento por los
dirigentes europeos de que una unión monetaria por sí sola es inestable e
incompleta, pues requiere una integración bancaria, fiscal y política
más profunda.
Pero tal vez
lo más importante es que la actitud de Alemania para con la zona del
euro en general y Grecia en particular ha cambiado. Los funcionarios
alemanes entienden ahora que, dados los amplios vínculos comerciales y
financieros existentes, una zona del euro desordenada no sólo perjudica a
la periferia, sino también al centro.
Han dejado de hacer declaraciones
públicas sobre una posible salida de Grecia y acaban de apoyar un
tercer plan de rescate para este país. Mientras España e Italia sigan
siendo vulnerables, un desplome griego podría desencadenar un grave
contagio antes de las elecciones alemanas del año próximo, lo que
pondría en peligro las posibilidades de la Canciller Angela Merkel de
conseguir otro mandato. Así, pues, Alemania seguirá financiando a Grecia
de momento.
No obstante,
la periferia de la zona del euro da pocas señales de recuperación: el
PIB sigue contrayéndose, por la actual austeridad fiscal, la fortaleza
excesiva del euro, una grave crisis crediticia mantenida por la escasez
de capital de los bancos y la deprimida confianza de las empresas y los
consumidores.
Además, la recesión de la periferia está extendiéndose
ahora al centro de la zona del euro, pues la producción francesa se ha
contraído e incluso Alemania se ha estancado, ya que el crecimiento en
sus dos principales mercados de exportación está disminuyendo (el resto
de la zona del euro) o aminorándose (China y otros países de Asia).
Además,
continúa la balcanización de la actividad económica, los sistemas
bancarios y los mercados de deuda pública, pues los inversores
extranjeros huyen de la periferia de la zona del euro y buscan seguridad
en el centro. Los niveles de deuda pública y privada son altos y
posiblemente insostenibles.
Al fin y al cabo, se sigue sin abordar la
pérdida de competitividad que propició los grandes déficits exteriores,
mientras que unas tendencias demográficas adversas, unos débiles
aumentos de la productividad y una lenta aplicación de las reformas
estructurales reducen el crecimiento potencial. (...)
Los riesgos imprevistos de una salida de Grecia de la zona del euro o
una pérdida de acceso a los mercados en gran escala en Italia y en
España han quedado reducidos para 2013, pero la crisis fundamental de la
zona del euro no se ha resuelto y otro año de ir tirando mal que bien
podría reavivar esos riesgos de forma más virulenta en 2014 y años
posteriores.
Lamentablemente, es probable que la crisis de la zona del
euro no desaparezca en los próximos años, con lo que seguirán siendo más
probables reestructuraciones de deuda coercitivas y salidas de la zona
del euro." (Nouriel Roubini, Project Syndicate, 24/12/2012)
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