" Aunque habitualmente los gráficos que
elaboramos los economistas son de una ininteligibilidad insoportable, el
que resume la evolución de la economía española desde que comenzó la
crisis es muy descriptivo: muestra cómo la contracción del PIB, que
había comenzado a finales de 2008, tocó fondo a mediados de 2009,
produciéndose una recuperación de la actividad económica desde el último
trimestre de 2010, que se vio, sorprendentemente, truncada un año
después.
Es decir, que a pesar de que nuestra
economía estaba empezando a salir a flote, una nueva recaída la hizo
volver a transitar el camino hacia el abismo en el que ahora mismo nos
encontramos, alejando sine die la posibilidad de una salida de la crisis. (...)
... esa forma de W que está tomando el gráfico está dibujada con el mismo tipo de letra que la de los “papeles de Bárcenas“:
la letra de un gobierno (presuntamente) corrompido hasta sus mismas
entrañas que tenía clarísima su misión al llegar al poder: poner en
marcha las más brutales políticas de ajuste de nuestra historia para
apuntalar la posición privilegiada de aquéllos a los que dichas
políticas favorecen.
Nunca estuvo tan claro lo que la crisis, en
realidad, significa.
En efecto. No es posible dejar de
resaltar la coincidencia entre esa recaída del PIB a partir del cuarto
trimestre de 2011 y la llegada al gobierno del Partido Popular después
de las elecciones del 20 de noviembre de ese mismo año.
... por mucho que el actual gobierno trate de escudarse en ello, lo ocurrido
en la economía española durante el último año tiene muy poco que ver
con la herencia recibida. (...)
Nos equivocaríamos si pensásemos que
esta opción no se eligió por algún tipo de miopía de los economistas
neoliberales que asesoran y/o legitiman al gobierno. Por el contrario,
no tenemos que dudar ni un momento de que conocen perfectamente las
lecciones de la crisis de 1929.
Igualmente, es imposible pensar que el
presidente del gobierno y los ministros que le acompañan no sabían
perfectamente cuál iba a ser el resultado de las políticas que estaban
poniendo en marcha. No en vano, basándose en un claro cálculo político,
se están apresurando a tomarlas al inicio de su mandato.
Confian en que,
a pesar de su claro efecto destructivo, la recuperación de la economía
mundial se producirá antes del final del mismo, permitiéndoles
argumentar (aunque, como ya hemos dicho, nada se encontraría más lejos
de la realidad) que son las dolorosas medidas tomadas por ellos las que
habrán hecho resurgir a España de sus cenizas.
Por el contrario, la forma a dar a la
gráfica del PIB, de “V”, como estaba siguiendo hasta esa fecha, o de
“W”, como se promete ahora que seguirá, era una decisión política. Y,
sin caer en ninguna teoría conspirativa, es posible afirmar que la
decisión tomada por el gobierno del PP, siguiendo la estrategia
promovida por los grupos de interés,
o mejor dicho, la clase social a la que dicho gobierno representa (y de
la que forma parte), fue la de postergar conscientemente la
recuperación económica.
El objetivo: ahondar en la ya referida
destrucción de empleo y, por medio de ella, en la desigualdad de la distribución de la renta para así apuntalar la posición de la oligarquía empresarial en nuestro país.
Ese es el sentido real de las políticas
de ajuste, que, aunque son absolutamente irracionales en términos
económicos, tienen una lógica política indudable. De hecho, no hay otra
manera racional de explicarlas que atendiendo al vínculo existente entre
dicha desigualdad, la concentración del poder económico y el control de
éste sobre el sistema político.
En efecto, la primera es el pilar sobre
el que, en nuestra sociedad, se desarrollan el desigual reparto de la
riqueza y el control privado tanto del aparato productivo, como de los
medios de comunicación. Y estos instrumentos son utilizados por la
citada oligarquía para lograr imponer a nuestros supuestos
representantes las políticas que aseguran la ampliación de esa
desigualdad y, de este modo, de su mismo poder.
Lejos de tratarse de una relación abstracta, un vistazo al listado de donantes que aparecen en los papeles de Bárcenas (y al de las contraprestaciones obtenidas por sus donaciones), o un repaso al destino
seguido por la clase política de nuestro país después de prestar sus
servicios, demuestra que el vínculo existente entre ese poder económico,
cuyo origen es la concentración de la riqueza
de nuestro país, y el poder político es claro.
Por ello, el precio que
estamos pagando por las políticas que el primero ha logrado que el
segundo imponga desde el inicio de la crisis, no es sólo el del empeoramiento de nuestras condiciones de vida, sino también el de la aún mayor degradación de nuestro sistema político." (Economía crítica y crítica de la economía, 08/02/2013)

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