"1. La
pertenencia de un país a una zona monetaria común puede ser muy positiva
y deseable pero solo pueden si se cumplen determinadas condiciones. En
otro caso, una moneda común se convierte en un experimento que provoca
más problemas de los que puede resolver
(Ver Juan José R. Calaza, Teoria economica de la moneda única : El euro contra España. Ed. Pirámide, Madrid 1998. Un análisis más resumido en Juan Torres López, El euro: lo que nos quieren contar. Sevilla 1995. En www.juantorreslopez.com/wp-content/uploads/EURO.pdf).
2. La unión monetaria europea prácticamente no cumplió cuando se
aprobó, y ni siquiera ahora, ninguno de esos requisitos. Pero no por un
simple fallo de diseño: tanto los países con capacidad para
generar grandes excedentes de capital como las grandes empresas con
fuerte dominio del mercado se benefician extraordinariamente de este
diseño.
3. En las condiciones a las que acabo de hacer referencia fue
inevitable que las economías (llamémosle periféricas en un sentido
amplio) que se iban incorporando a la unión monetaria desde posiciones
más atrasadas, estuvieran condenadas a sufrir graves perjuicios:
- a) Un progresivo proceso de descapitalización interna y de auténtica colonización por parte de los capitales procedentes de las economías “centrales”.
- b) La especialización en actividades muy dependientes del ciclo y de los vaivenes de los flujos financieros (con especial incidencia de las burbujas), lo que aumenta su inestabilidad y la debilidad estructural.
- c) Una gran dependencia, no solo económica, sino política, al fortalecerse los grupos oligárquicos.
- d) Carencias de capital social cada vez más grandes.
En resumidas cuentas, la opción de integrarse en una zona monetaria
de esta naturaleza era sencillamente suicida para los países de la
periferia europea, entre ellos España.
4. España no tomó prácticamente ningún tipo de defensa para hacer
frente a los peligros que iba a conllevar su entrada en el euro en las
condiciones en que estaba diseñado y en las que se encontraba nuestra
economía.
Es verdad que la pertenencia al euro ha permitido la entrada de un
gran caudal de recursos pero eso hay que ponerlo al lado de los que han
salido de España para retribuir a los capitales que se han adueñado de
la inmensa mayor parte de nuestro aparato productivo prácticamente en
todas las actividades económicas.
El cambio que ha dado nuestro país es
evidente pero igualmente lo es que se han dedicado principalmente a
consolidar un modelo productivo caracterizado por el gran derroche
energético, por el gran coste ambiental de las grandes infraestructuras,
a la larga insostenible, muy desigualitario, y solo aparentemente
orientado a ganar competitividad restringiendo costes salariales porque a
la postre (cuando se ha producido la mayor contención salarial de la
OCDE prácticamente desde que estamos en el euro) no ha permitido mejorar
nuestra balanza exterior, sino todo lo contrario.
Tampoco la consolidación de ese modelo es casual: es el que mejor responde a la política de deuda,
es decir, al objetivo explícito de generar más demanda de crédito para
favorecer el negocio bancario y alimentar la ganancia especulativa que,
en los años del euro, se ha disparado.
5. La extraordinaria magnitud de la crisis ha golpeado como un misil a
la línea de flotación de la economía española que ahora se encuentra
frente a cuatro grandes problemas o desequilibrios, obviamente
entrelazados:
- a) Una crisis de demanda muy profunda, agravada actualmente por la política de austeridad.
- b) Una crisis bancaria.
- c) Una crisis de deuda soberana y de deuda privada.
- d) Un crisis de modelo productivo.
6. Para salir de una crisis de, al menos, las cuatro dimensiones que
acabo de señalar, la economía española necesitaría disponer a muy corto
plazo, al menos, de:
- a) Un plan de estímulo que recupere la generación de ingreso y la demanda interna.
- b) Una reconversión radical del sistema financiero para disponer de la financiación que evite la continuada destrucción de actividad.
- c) La puesta en marcha de nuevas formas de generación de riqueza y empleo
- d) Una reestructuración de la deuda.
- e) Un banco central auténtico que aliviara el peso creciente de la deuda que generan los intereses vinculados a su financiación privada sin que sea suficiente con que intervenga puntualmente en los mercados secundarios.
- f) Una reforma fiscal muy profunda y apoyada desde fuera para evitar salidas de capitales y una exacerbación de la evasión fiscal.
- g) Y todo ello requiere, por encima de todo, capacidad de maniobra.
Es evidente que este tipo de medidas básicas requerirían la
comprensión y complicidad en unos casos o el apoyo y la colaboración
explícitos en otros de la Unión Europea. Pero es realmente impensable o
incluso imposible que eso se de en el muy corto plazo de tiempo en que
sería necesario aplicarlas (y posiblemente ni siquiera a medio plazo).
Por tanto, creo que los problemas de nuestra economía no tiene
solución completa posible en el seno de la Unión Monetaria Europea si
nos limitamos a aceptar las condiciones en que ésta está diseñada y las
políticas que viene imponiendo en los últimos tiempos.
7. Ahora bien, la pertenencia a la unión monetaria (incluso en las
condiciones imperfectas y dañinas actuales que he comentado) no impide
que en cada país, y en concreto en España, se tomen medidas que
permitirían dar un giro distinto a la evolución de la crisis.
- - Se podrían obtener fondos que reactivaran la demanda interna revirtiendo las reformas laborales y financieras que han provocado una caída continuada de ingresos.
- - Se podría disponer a corto plazo de financiación para la actividad económica a partir de fórmulas que incluso son variadas: nacionalizando bancos o creando una central de depósitos en la línea de propuestas de reforma bancaria que incluso el propio Fondo Monetario Internacional está aireando.
- - Se podrían poner en marcha nuevas experiencias de actividad productiva, de canales de distribución o de impulso de nuevos sectores (Hay propuestas interesante al respecto en Antonio Quero, Bases para un Acuerdo Nacional para la salida de la crisis y la defensa de la soberanía económica. En http://www.basesenred.org/images/Bases_Acuerdo_Nacional_8-10-2012_II.pdf).
- - España también tiene a su alcance la posibilidad de llevar a cabo reformas fiscales y de poner en marcha una batalla contundente contra el fraude fiscal que permitiría incrementar en una gran medida los ingresos fiscales.
- - Aunque contraería mayores dificultades, ni siquiera es aventurado pensar que España podría diversificar las fuentes internacionales de financiación con el fin de romper a corto y medio plazo las servidumbres que viene imponiendo el capital europeo.
- - E incluso se puede plantear la creación de una moneda paralela al euro y cerrada al mercado y a las operaciones de pago internas, tal y como ha propuesto Juan J. Calaza. Una propuesta muy importante porque, siendo compatible con la pertenencia al euro, permitiría un reflotamiento de la financiación y de la actividad en el mercado interno que es la condición previa y sine qua non para salir de la crisis (Juan J. R. Calaza, Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas), en: http://bit.ly/vurblgy Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es, en: http://bit.ly/YFrfkl).
8. Un tercer escenario para hacer frente a la situación en la que se
encuentra la economía española es el de la salida del euro que obliga a
poner sobre la mesa dos consideraciones previas: la posibilidad
intrínseca de llevarla a cabo, y las ventajas e inconvenientes que
supondría.
La salida del euro ni siquiera se encuentra contemplada formalmente
como tal en los Tratados Europeos, de modo que cabe pensar que solo se
podría producir mediante una ruptura institucional radical con la Unión
Europea.
Lo que no quiere decir que no sea viable, como se propone en un
reciente trabajo de Rober Bootle (Leaving the euro: A practical guide. En http://bit.ly/HM09dX. Vid. también Jacques Sapir, Si hay que salir del euro…. En Miguel Riera, ¿Salir del €uro? El Viejo Topo, Barcelona 2012).
Sobre sus ventajas e inconvenientes hay que considerar, por un lado,
el impacto a corto plazo, muy traumático y costoso. Y, por otro, el que
podría tener a medio y largo plazo, que solo podría ser positivo si se
consigue no solo superar el efecto depresivo y desestabilizador
inmediato de la devaluación interna y externa que supondría y de la
descapitalización acelerada que produciría, sino se logra cambiar de
dirección en no demasiado tiempo, poniendo en marcha actividad económica
y proyectos empresariales en nuevos ámbitos y con incentivos y formas
de propiedad, gestión y financiación muy distintas a las hoy día
predominantes.
Sea cual fuere el saldo final de este proceso, no cabe la menor duda
de que comportaría igualmente grandes dificultades, desórdenes y
sacrificios, sobre todo, en los dos o tres primeros años.
9. En conclusión, me parece que hay un peligro más grande y un riesgo cierto en el futuro.
El peligro es el que comporta continuar en el euro bajo las políticas
de recorte de derechos, de restricción del gasto y de descapitalización
que se vienen llevando a cabo. Si no se frenan cuanto antes pueden
dejar a España frente a una o dos décadas perdidas en el futuro
inmediato y sumida no solo en una depresión económica sino ante
continuas convulsiones sociales, algo muy peligroso en una sociedad
donde el poder oligárquico procedente de la dictadura no solo no se ha
desarticulado sino que ha salido reforzado en la democracia.
El riesgo es el que conllevaría romper con la inercia y enfrentarse a
los poderes dominantes en Europa, aparte, naturalmente, del que
significaría no poner en marcha adecuadamente alternativas llamémosle
reformistas mientras se sigue perteneciendo al euro. Y, por supuesto, el
de enfrentarse a los mercados y a los grandes grupos empresariales y
financieros que están definiendo el camino que recorre Europa. Pero si
España no lo asume cuanto antes, pagará un precio muy elevado.
Si hubiera que ordenar las alternativas por deseabilidad, creo que la
más atractiva sería pertenecer a otra Europa sin los déficits sociales y
democráticos actuales y a una zona monetaria única concebida
cooperativamente para desarrollar a las naciones y no para que los
centros de poder se aprovechen de las más frágiles.
Pero es evidente que
el deseo no es suficiente para hacer realidad los proyectos sociales.
Lo ideal actualmente sería la estrategia intermedia, que proporcionaría
ingresos, financiación y, sobre todo, capacidad de maniobra, reduciendo
los abismos que hoy día conllevan permanecer en el euro con una actitud
pasiva ante las políticas dictadas por los países europeos generadores
de excedentes de capital o salir de él. Y de ser ésta inviable, muy
posiblemente la única solución que quedaría sería la salida del euro, en
cualquiera que fuesen las circunstancias en que se diera.
10. En cualquier caso, lo que me parece más relevante y la conclusión
principal a la que deseo llegar es que ninguna de esas alternativas es
viable en las condiciones políticas en las que estamos.
Mientras
predomine en España la fragmentación política y bajo el esquema de
partidos y el equilibrio resultantes de los pactos de la transición ni
se podrá tratar de modificar la situación en la que estamos dentro de
Europa, ni se podrán poner en marcha reformas internas dentro del euro,
ni, por supuesto, será viable salir de éste.
Se requiere una previa
modificación de nuestro marco político y el nacimiento de una nueva
mayoría social en torno a un proyecto que en otro lugar se llamaría
“nacional” pero que, como prueba de las dificultades que hay para
ponerlo en marcha en España, aquí ni siquiera sabríamos qué calificativo
deberíamos ponerle para definirlo como deseado por esa inmensa mayoría
de personas y clases, colectivos sociales, sin herir un buen número de
sensibilidades."
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