"Si nos liberamos por un segundo de la
ideología dominante y nos preguntamos fríamente de qué depende la
eficiencia, la respuesta seguramente irá encaminada a hablar de unos
objetivos congruentes basados en unos criterios de organización y
gestión adecuados ¿Es entonces el tipo de propiedad lo más inmediato
para relacionar con la eficiencia? No parece lo más natural.
La evidencia también se muestra tozuda
frente al neoliberalismo; algunos ejemplos: El agua que con tanto
ahínco buscan privatizar en Madrid, volvió a ser recuperada y convertida en una empresa rentable en Paris.
Tampoco parecen ser buenas las experiencias de los ferrocarriles privatizados en Argentina y Reino Unido, hundidos ante la falta de inversión.
¿Y la sanidad? No parece ser que el amado modelo estadounidense, que
permite morir a ciudadanos de enfermedades tratables, sea además, ningún ejemplo de ahorro.
Se acusa al sector público de tendencia a
la burocratización, de generar organigramas ineficientes, como si el
sector privado estuviera inmunizado cual superhéroe ante estos males.
Pero los gigantes ineficientes de pies de barro, tampoco parecen
entender de propiedad si miramos las antaño imbatibles
Ford o General Motors postradas
y rescatadas, o como empresas chinas de capital mixto han demostrado
desde el pragmatismo de la ausencia de derechos, ser mejores
explotadores que muchos de sus competidores del “purismo del libre
mercado”.
Aun así, aceptemos la premisa: el sector
privado es más eficiente por definición. Y entonces miremos un poco
más allá, haciéndonos la pregunta que sesudos analistas omiten hacer:
¿Qué entendemos por eficiencia?
Otra vez, si miramos un poco más allá, comienzan a surgir los problemas debajo de la alfombra.
¿Es la sanidad más rentable la más
eficiente? Pongamos un sencillo ejemplo: El antiguo paciente de la
sanidad pública es ahora un cliente de la eficiente sanidad privada.
Bien, si nos encontramos sujetos a la lógica de la máxima rentabilidad
como criterio, y el gestor privado del hospital tiene la opción de
elegir entre curar una enfermedad o cronificar la misma con
tratamientos paliativos
¿Cuál será su incentivo? Asusta pensarlo, pero
en marketing lo llaman fidelización del cliente.
Pensemos también en la agricultura, y en el peligro latente de las llamadas semillas terminator,
esterilizadas para hacer dependientes año a año a los pequeños
productores. Tampoco nadie duda de lo rentable que resulta destruir la
también privatizada IBERIA, no para los trabajadores claro, sino para
los eficientes bolsillos de los corsarios financieros.
¿Hacer negocio
con la muerte? Seguro que privatizar cementerios y cobrar tasas por
mantener los nichos es eficiente, es decir, rentable. (...)
La propiedad en última instancia claro
que importa; y mucho. Importa porque solo desde fuera de la empresa
privada podemos entender la eficiencia como algo diferente al máximo
beneficio económico: la eficiencia en pro del beneficio social, la
única compatible con un desarrollo ecológicamente sostenible, con no
esquilmar ecosistemas bajo la lógica de la ganancia.
Importa porque,
al fin y al cabo, todo el mundo prefiere ser el dueño del fruto de su
trabajo a vivir con un salario cada vez más precario, subempleado en un
puesto de trabajo donde no comprendes muy bien para qué estudiaste
tantos años aquello que te gustaba.
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