"La madre de todos los mensajes de las manifestaciones del pasado 2 de
marzo [1] fue la afirmación de la vida contra la muerte. Una afirmación
con tres nombres: dignidad, democracia y patriotismo. Y una canción [2],
donde cupo todo el país, excepto el gobierno.
Sintiendo un peligro y
una amenaza viscerales, los portugueses se niegan a dejar de gustar de
sí mismos y de su país. Viven un momento de intensa inteligencia
intuitiva más allá de lo que afirman los discursos y las
representaciones oficiales.
Se niegan a aceptar que una vida honesta
hecha de mucho trabajo y estudio pueda ser calificada de perezosa,
liviana y aventurera, que los impuestos y descuentos pagados durante
toda la vida hayan sido en vano, que quien menos pagó sea quien está más
protegido en un momento de dificultad colectiva.
Se niegan a aceptar que la democracia sea una máquina de triturar la
esperanza, un molino que sólo sabe hacer moler el molinero, una farsa
donde sólo son reales los hilos que mueven a las marionetas, un
engranaje encallado en un parlamento enterrado a la orilla del mar.
Se
niegan a aceptar que los representantes elegidos por el pueblo
representen exclusivamente los intereses de acreedores depredadores, que
los gobernantes tengan otra patria que no sea la de los gobernados, que
la riqueza del país y el bienestar de los ciudadanos se conviertan en
el embargo de un futuro hipotecado, que el robo deja de serlo sólo por
estar institucionalizado y apreciado internacionalmente.
Se niegan a
aceptar que un gobierno nacional se comporte como la comisión de
liquidación del país, que reduzca la historia y la cultura a números (de
los que por cierto tiene tantas previsiones como imprevisiones), que
viaje a escondidas por el país y sólo hable en público cuando su
interlocutor es extranjero.
Esta inteligencia intuitiva, que
afirma la dignidad, la democracia y el patriotismo, permite entender lo
que parece inexplicable: que el gobierno sea indigno, a pesar de ocupar
instituciones dignas; antidemocrático, a pesar de haber sido elegido
democráticamente; y antipatriótico, a pesar de llamarse nuestro ante
otros países.
La inteligencia intuitiva no exime de errores ni desconoce riesgos,
pero tiene con unos y otros una relación indirecta o fractal. Tiene así
una ligereza traicionera que torna complejo su tratamiento político.
He
aquí algunas de las razones. Cerca de 20% del rendimiento fiscal se
destina al pago de intereses (de cada 100 euros, 20 van a los
acreedores); pagamos en intereses más de lo que gastamos en educación
(108%) y 86% de lo que gastamos en salud; los intereses representan 15%
del gasto efectivo total del Estado; la política de austeridad aniquila a
los deudores hasta el punto de que lo único que no puede quitarles es
la vida desnuda que todavía les queda; si propusiésemos una
renegociación de la deuda y no pagásemos intereses durante el período de
negociación (moratoria), nuestro presupuesto estaría equilibrado y
sería posible liberar recursos para la inversión y creación de empleo.
¿Cuáles son los riesgos? Si se mantiene la política actual, los
portugueses transferirán su ahorro al exterior durante los próximos
treinta años; con el ritmo migratorio de 40 mil personas por año, en su
gran mayoría jóvenes y mucho de ellos altamente calificados, dentro de
diez años Portugal será un inmenso desierto con globos Google y de
resorts para turistas.
Más que riesgos, se trata de certezas. Contra
ellas hay que ponderar los riesgos de la moratoria. ¿Portugal quedará
sin acceso a los mercados? ¿Pero acaso no es la situación actual? ¿Qué
ocurrió con Islandia? ¿Los acreedores, confrontados con una amenaza
creíble de moratoria, serán rígidos o negociarán recibir algo en vez de
nada?
¿La Unión Europea dejará caer definitivamente a la periferia, como
está haciendo, o entenderá finalmente que la crisis del sur de Europa
solo es grave porque hay un norte que se alimenta de ella y dispone de
una moneda apenas coherente con su economía? Ante riesgos de desastre y
certezas desastrosas, la inteligencia intuitiva no vacila.
El
himno a la vida que se oyó en el país entero fue una moción popular por
la dimisión del gobierno. Parafraseando lo que Humberto Delgado dijo
sobre lo que haría de Salazar si ganase las elecciones: obviamente,
¡dimitan!" (Boaventura de Sousa Santos, Visão, Rebelión, 26/03/2013)
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