"La austeridad no es solo trágica por su impacto sobre la salud sino
que es cómica porque no cumple con sus propias metas de reducciones de
deuda. ¿Por qué demonios lo estamos haciendo? Pues, para proponer una
respuesta alternativa a la de nuestros gobiernos, reproduzco aquí, una
carta irónica que Mark Blyth incluye en su libro.
Es una carta
hipotética de un gobierno de la periferia europea que, de repente, sufre
un ataque de integridad (como aquel político demócrata en la película
de Warren Beatty, Bulworth), y empieza a decir La Verdad, y nada más que la verdad:
Para: Los votantes
De: El primer ministro de país X de la periferia europea
¡Mis
apreciados conciudadanos: Hace cuatro años que les insistimos en que el
motivo por el que muchos de ustedes están en paro y que la próxima
década va a ser un suplicio para la mayoría de ustedes, es que los
estados hayan gastado demasiado, que debemos ser austeros y volver a
algo que calificamos como finanzas publicas sostenibles.
Sin embargo, ha
llegado el momento de decir la verdad. La explosión de la deuda
soberana es un síntoma y no una causa de la crisis en la que nos
encontramos.
Lo que ocurrió en realidad era que los bancos
más grandes de los países del centro de la zona euro (Alemania,
Francia, etc.) compraron mucha deuda soberana de sus vecinos
periféricos, los llamados PIIGs.
Esto inundó a los PIIGs de dinero
barato para que pudieran comprar productos de los países del centro, de
ahí los desequilibrios por la cuenta corriente en la zona euro de los
que se habla tanto y la perdida consiguiente de competitividad en estas
economías periféricas.
A fin de cuentas ¿por qué vas a fábricar un
automóvil que compita con BMW si los franceses te dejen dinero para que
compres uno? Todo iba muy bien hasta que los mercados entraron en pánico
por lo que ocurría en Grecia en el 2010 y calcularon a partir de
nuestras respuestas insuficientes diseñadas a aplazar el problema hasta
otro día, que las instituciones europeas no están capacitadas para hacer
frente a lo que ocurria.
El dinero que lubricaba las ruedas dejó de
circularse de manera retina y el precio de nuestros bonos se disparó.
El
problema era que habíamos abandonado nuestra maquinita monetaria y
nuestras tasas de cambio independientes al adoptar el euro. Estos eran
nuestros amortiguadores económicos. Mientras tanto, el BCE, la
institución que, en teoría, debía estabilízar el sistema, resultó ser un
banco central falso. No ejerce ninguna función de prestamista de último
recurso.
Existe para luchar contra la inflación pero la inflación murió
en 1923. La Fed y el Banco de Inglaterra pueden aceptar cualquier
activo que quieran a cambio de la cantidad de dinero que ellos quieran
emitir; el BCE es constitucionalmente e intelectualmente limitado.
No
puede monetizar ni mutualizar la deuda. Tampoco puede rescatar a países.
Tampoco puede prestar directamente a bancos con cantidades suficientes.
Va aumentado sus poderes sobre la marcha en esta crisis pero sus
capacidades son limitadas.
Bien, si añadimos a esto el
hecho de que el sistema bancario europeo es tres veces mas grande y dos
veces más apalancado que el sistema bancario estadounidense; si
consideramos el hecho de que el sistema europeo está lleno de activos de
muy baja calidad, se verá que tenemos un problema muy gordo. Hemos
celebrado más de 20 cumbres, nos hemos comprometido a mas disciplina
fiscal, hasta hemos sustituido a algún gobierno democráticamente elegido
para resolver esta crisis.
Pero no lo conseguimos. De modo que ya es
hora para que digamos la verdad. La respuesta es que no podremos
arreglar la crisis. Lo único que podemos hacer es aplazar la decisión.
Lo cual supone que usted va a sufrir una década perdida.
No podemos
crear inflación para pasar el coste a los ahorradores, no podemos
devaluar y pasar el coste a los extranjeros; y no podemos declarar una
moratoria sobre la deuda sin suicidarnos; de modo que necesitamos la
deflación interna durante todo el tiempo que sea necesario hasta que los
balances de los bancos estén en mejores condiciones.
Es horrible pero bueno. Así es la vida. El paro de ustedes va a salvar a los bancos y salvar el euro. Nosotros, las clases políticas de Europa quisiéramos agradecerles su sacrificio. (...)" (Andy Robinson, La Vanguardia, Rebelión, 16/07/2013)
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