"(...) La economía española no tiene un problema de competitividad exterior,
sino un problema de larga recesión provocada por un desplome de la
demanda interna (consumo e inversión) como consecuencia del pinchazo de
la burbuja inmobiliaria y de las políticas de austeridad aplicadas.
Aunque es verdad que desde que ingresamos en el euro (2000) hemos
mantenido un persistente diferencial de inflación que ha ido mermando la
competitividad-precio, nuestras exportaciones han crecido, siempre y no
solo ahora, a tasas elevadas señalando la puesta en marcha de otros
elementos capaces de compensar posiciones competitivas. Como simple
recordatorio, nuestras exportaciones crecieron el 3,7% (2003); el 4,2%
(2004) o el 6,7% (2006).
Esas buenas cifras del sector exterior de las
que tanto se enorgullece ahora el gobierno presentándolas como uno de
los principales “signos esperanzadores” serían, sin embargo, prueba de
mi tesis: de competitividad exterior, andamos bien, incluso antes de que
la intensa devaluación interna puesta en marcha, nos haya posicionado
en el segmento de precio bajo, en lugar de donde deberíamos estar que es
en el valor añadido elevado.
Pretender, sin embargo, compensar mediante
el crecimiento de las exportaciones el impacto negativo sobre la
evolución del PIB del desplome del consumo (privado y público) y de la
inversión (privada y pública) es un grave error cuantitativo. Las
exportaciones representan menos de un 30% del PIB y son, por sí mismas,
incapaces de provocar, en un plazo temporal socialmente útil, una
recuperación suficiente capaz de crear el empleo que necesitamos.
Para crecer, por tanto, hay que estimular la demanda
interna. Y para ello, habría que hacer cosas que no se están haciendo:
en primer lugar, absorber parte de la devaluación interna vía reducción
de cotizaciones sociales (como acaba de proponer el FMI y figura en el
Memorándum del rescate a la banca) en lugar de bajando empleo y
salarios, estrategia seguida, que tanto perjudica al consumo y al
ahorro.
En segundo lugar, reactivando el crédito, de verdad. Para eso,
mientras que a los bancos se les envíe mensajes contradictorios no
podrán, a la vez, incrementar la concesión neta de crédito, reducir su
morosidad y recapitalizarse, que es la razón por las que todas las
líneas del ICO cuyo riesgo gravite sobre la entidad privada que las
canalice, están condenadas al fracaso.
Tal vez por ello, durante 2012,
según la Memoria del Instituto de Crédito Oficial recientemente
publicada, este organismo dedicó más recursos a comprar deuda pública
que a conceder créditos a las pymes. Tal vez por ello, el Gobernador
Linde reconoció en su reciente comparecencia parlamentaria que “el
crédito a actividades productivas, excluyendo construcción, ha sido
negativo en 2011, 2012 y en los meses transcurridos del presente año”.
Conseguir de Alemania que autorice al Banco Central Europeo a conceder
liquidez a los bancos españoles aceptando como garantía títulos de
préstamos a pymes, o a que autorice emplear para ello el tramo no
utilizado del rescate bancario, ayudaría a resolver el problema más que
lanzar una discutible campaña de publicidad.
En tercer lugar, ante los problemas evidentes de un
sector privado en pleno proceso de desapalancamiento lento con que hacer
frente a su elevada deuda y ante las dificultades constatadas para que
los incrementos de liquidez experimentados se trasladen a la actividad
real, el sector público debería aprovechar el relajamiento de los plazos
de cumplimiento del déficit público para lanzar un programa nacional de
inversiones públicas (cuyo gasto ha caído a la mitad en los últimos
tiempos) de amplio espectro recurriendo, si hace falta, al anunciado
apoyo por parte del Banco Central Europeo para comprar deuda pública.
Como reconoce en su informe el FMI, en plena confrontación con los otros
dos socios de la troika, un ajuste presupuestario demasiado rápido,
daña inevitablemente al crecimiento.
Los países que mejor comportamiento están teniendo en
esta crisis son, precisamente, aquellos donde crece el crédito al
sector privado o donde su Banco Central mantiene los programas de deuda
pública con que sus gobiernos contrarrestan la caída de la demanda
privada.
Mientras España no tenga lo uno o/y lo otro, será difícil creer
que combatir la recesión es la prioridad del Gobierno. La estrategia de
devaluación interna seguida, así como las llamadas reformas
estructurales, refuerzan nuestras posibilidades competitivas a medio
plazo pero agudiza, en lo inmediato, nuestra recesión con paro masivo,
sin que podamos aceptar una visión por etapas según la cuál, lo uno (el
paro y la recesión), son sacrificios inevitables para que brote lo otro
(el crecimiento).
Porque no es verdad. Sería como aceptar que la manera
más rápida de ir en coche desde Madrid a Valencia es, pasando por San
Sebastián. Son objetivos contradictorios. Por eso deberemos
preguntarnos, en algún momento, si no podíamos haber evitado tanto
sufrimiento y acelerado la recuperación, siguiendo otra política
económica. Mi respuesta es, si. A lo mejor, ahora, la rectificación
viene de Europa." (Jordi Sevilla, 01/09/2013,. (Publicado en Mercados de El Mundo)
No hay comentarios:
Publicar un comentario