"Hoy es una creencia aceptada considerar a Alemania como ganadora en la
crisis del euro. La triste verdad es, sin embargo, que el euro aún no ha
producido un ganador real, en tanto que las aparentes ganancias de
Alemania en la crisis del euro son en gran parte una ilusión a punto de
desvanecerse. (...)
Las políticas aplicadas y las reformas emprendidas desde 2009 bajo
dictado alemán han hecho a Europa más vulnerable y son, también cada vez
más, una amenaza para la estabilidad global. Por de pronto, el euro
sigue firmemente la senda de su liquidación, un acontecimiento en el que
Alemania se encontraría entre los mayores perdedores.
La visión de Alemania como ganadora en la crisis del euro ofrece como
prueba el bajo índice de desempleo actual, un presupuesto público
equilibrado y unos bajos costes de endeudamiento. (...)
Sin embargo, la situación de la economía alemana está lejos de ser
estelar y el hecho de que su superior desempeño actual en términos
relativos se haya producido en gran medida a expensas de sus socios en
el euro debería provocar alarma más que asombro. La esperanza de vida
del euro siempre ha dependido de la convergencia en el seno de la unión
monetaria.
En vez de ello, las persistentes divergencias y el aumento de
desequilibrios no solo han originado la crisis en curso, sino también
la ilusión de que Alemania, su aparente ganadora, lo tiene que haber
hecho todo bien y debería ser ahora el incuestionable modelo. (...)
Tiene que entenderse también que Alemania no puede ser el modelo, porque
precisamente la factibilidad del modelo alemán depende de que los demás
se comporten de un modo diferente. Está en la esencia del modelo de
crecimiento de Alemania, cuyo fundamento es la exportación, presuponer
unos importadores dispuestos a ejercer de tales. (...)
Cuando, en los años noventa, ese motor exportador no pudo dirigir la
economía al modo habitual, Alemania se embarcó en la restricción
salarial para “restaurar” la competitividad. Un desempleo masivo, del
que se culpó en gran medida a la unificación, pareció suministrar una
excusa perfecta.
Las “reformas de Hartz” de la pasada década fueron la
etapa final de un viaje que vio a los costes laborales unitarios
alemanes apartarse, en dirección descendente, de la norma de estabilidad
acordada, preparando el terreno para la actual crisis del euro. (...)
Mientras los precios inmobiliarios se hundían en Alemania, las burbujas
financieras que crecían por otras partes crearon el exceso de gasto que
Alemania necesitaba para encender su motor exportador. (...)
Los exuberantes flujos de crédito privado finalizaron con la crisis del
euro. El crédito oficial y el balance del BCE acudieron al rescate, pero
solo añadiendo más deuda a la carga de los países ya en apuros.
Alemania solamente puede satisfacer su aparente deseo de permanentes
superávits comerciales mediante transferencias fiscales. Resulta irónico
que el mercantilismo alemán haya hecho inevitable una transfer union, cuando algo así es lo que más teme el país. (...)
Una quiebra del euro provocaría masivas pérdidas de riqueza en el país, junto con un emergente nuevo deutschmark que paralizaría el motor de la exportación alemana.
Con tanto que ganar impidiendo la definitiva calamidad del euro,
¿cómo se puede sacar al liderazgo alemán de su trampa intelectual? Al
igual que la deflación salarial y la absurda austeridad fiscal hicieron
enfermar a Alemania en la década de 2000, estamos observando hoy una
ciega repetición de esa experiencia por toda la unión monetaria.
El
parasitismo de Alemania con respecto a la demanda externa proporcionó
los antecedentes de la actual e irresuelta crisis del euro. El estado de
la economía global parece incapaz de soportar un esfuerzo similar por
parte de una Europa germanizada. La unión monetaria de Europa tiene que
empezar a gestionar —en lugar de asfixiar— la demanda interna. (...)" (
Jörg Bibow , El País,
21 AGO 2013 )
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