17.9.13

La democracia en España da un gran salto hacia atrás

"Desde el año 2008 la Fundación Alternativas elabora un informe anual sobre la calidad de la democracia en España. Este estudio se basa en una encuesta entre politólogos, sociólogos y otros científicos sociales conocedores de la realidad española para establecer una medición de la calidad de la democracia en términos de procesos y de resultados. 

En este informe la calidad de la democracia se mide a través de un conjunto de 59 indicadores independientes que los encuestados evalúan de 1 a 10. Dichos indicadores se agrupan en cinco ámbitos claramente diferenciados: ciudadanía y Estado de derecho, representación política, gobernabilidad y rendición de cuentas, sociedad civil y participación y relaciones internacionales.

 El informe señala que el año 2012 –al que corresponde el estudio de 2013– fue descorazonador para la democracia española: el estudio arroja la puntuación más baja desde que se realiza, con un 5,2 sobre 10 y además constituye el mayor descenso en la puntuación desde que se realiza, en más de 0,6 puntos.

Los motivos de este acusado descenso en la calidad de la democracia tienen que ver fundamentalmente con el deterioro de las condiciones de vida como resultado de la crisis –los resultados de la democracia– con la erosión de la confianza en las instituciones – los procedimientos de la democracia – y con la pérdida de soberanía en el marco de la crisis del euro.

 El único ámbito en el que se observa una evolución positiva es en el relativo a la participación ciudadana gracias a la fuerte activación de movimientos sociales en el año 2012. (...)

  Llama la atención además la forma poco democrática de gestionar la política económica en la medida en que la impopularidad de las políticas de austeridad no impide su puesta en práctica. En lo relativo a la política institucional el informe señala el claro deterioro debido fundamentalmente a la ausencia de rendición de cuentas –abuso del decreto, falta de transparencia y debilidad de la oposición– y a la corrupción sumada a la percepción de impunidad.

 Este deterioro se manifiesta en un acusado descenso en la valoración de las instituciones por parte de los ciudadanos.  (...)

Los ciudadanos pueden preguntarse legítimamente qué valor tienen las promesas políticas, en la medida en que tanto los gobiernos del PSOE en 2010 como del PP en 2012 han llevado a cabo medidas contrarias a las prometidas en sus programas electorales. 

Si  bien un cambio de programa de gobierno puede entenderse en un marco representativo en el que los ciudadanos pueden optar por otras formaciones en las siguientes elecciones, esta justificación resulta difícil de extender al terreno económico en la medida en que se institucionaliza la falta de alternativas. Por otra parte resulta cuestionable que podamos hablar de una democracia de calidad ante la ausencia de todo elemento deliberativo. 

Puesto que no se puede aceptar el argumento del desconocimiento de la situación de las cuentas públicas en las elecciones celebradas en 2011 las promesas electorales se hicieron a sabiendas de la imposibilidad de aplicarlas y resulta difícil aceptar que los ciudadanos hayan dado su consentimiento. La falta de credibilidad de las instituciones tiene que ver con el incumplimiento sistemático de los compromisos: sería más fácil creer al presidente del Gobierno en el asunto Bárcenas si no viniese precedido de un incumplimiento de muchas de sus promesas

 Quizá también debamos exigirles realismo a los ciudadanos respecto a sus preferencias electorales –muchos sabían que numerosas promesas eran imposibles de cumplir– pero si nos conformamos con institucionalizar el cinismo no nos extrañemos de tener una democracia de poca calidad. "                              (eldiario.es, 28/08/2013)

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