17.9.13

La recuperación es para los ricos

"Hace unos días, The New York Times publicaba un reportaje sobre una sociedad cuyos cimientos estaban siendo socavados por la desigualdad extrema. Esta sociedad proclama que recompensa a los mejores y más brillantes, independientemente de cuáles sean sus antecedentes familiares. 

En la práctica, sin embargo, los hijos de los ricos se benefician de oportunidades y relaciones inaccesibles para las criaturas de las clases media y trabajadora. Del artículo se desprende que la brecha entre la ideología meritocrática de la sociedad y su realidad cada vez más oligárquica está teniendo un efecto profundamente desmoralizador.

El reportaje explicaba, en pocas palabras, por qué la desigualdad extrema es destructiva, por qué suena hueca la afirmación de que las desigualdades no son importantes siempre que haya igualdad de oportunidades. Si la diferencia entre los ricos y el resto de la gente es tal que los primeros viven en un universo social y material diferente, con esto basta para vaciar de sentido cualquier noción de igualdad de oportunidades.

Por cierto, ¿de qué sociedad estamos hablando? La respuesta es: de la Escuela de Negocios de Harvard, una institución de élite actualmente caracterizada por una profunda división interna entre los alumnos corrientes y una especie de aristocracia de hijos de familias adineradas. (...)

La cuestión, por supuesto, es que en Estados Unidos las cosas funcionan como en la escuela, o incluso peor, algo que parecen confirmar los últimos datos sobre la renta de los contribuyentes. (...)

Pero los ricos han vuelto con fuerza, hasta el punto de que el 95% de los ingresos de la recuperación económica desde 2009 han ido a parar al famoso “1%”. De hecho, más del 60% fue al 0,1% de la población con los ingresos más altos, gente cuyas rentas anuales superan los 1,9 millones de dólares.

Básicamente, mientras que la gran mayoría de estadounidenses vive aún en una economía deprimida, los ricos han recuperado casi todas sus pérdidas y siguen avanzando posiciones.

Un inciso: estas cifras deberían (aunque probablemente no lo harán) acabar por fin con las pretensiones de que la desigualdad creciente se debe tan solo a que a los que tienen un mejor nivel de instrucción les va mejor que a los menos preparados. Solo una pequeña parte de los licenciados universitarios accede al selecto círculo del “1%”, mientras que muchos jóvenes con un alto nivel de formación —la mayoría, incluso— están pasando por momentos muy difíciles. 

Tienen sus títulos, con frecuencia conseguidos a costa de adquirir deudas importantes, pero una gran parte de ellos siguen sin empleo o están subempleados, mientras que muchos más descubren que acaban realizando trabajos en los que no hacen uso de sus costosos estudios. El licenciado universitario sirviendo cafés en Starbucks es un tópico, pero refleja una situación absolutamente real.

¿A qué se deben estos astronómicos ingresos de las clases más altas? (...)

Creo que ya he señalado que una gran parte de esas rentas superaltas procede del sector financiero que, como posiblemente recordarán, es el sector que los contribuyentes tuvieron que rescatar después de que su inminente quiebra amenazase con arrastrar al fondo a toda la economía. (...)

En todo caso, sea cual sea la causa de la concentración creciente de la renta en las clases más altas, el efecto es que está socavando todos los valores que definen a Estados Unidos. Año tras año nos vamos apartando de nuestros ideales. Los privilegios heredados están desplazando a la igualdad de oportunidades, y el poder del dinero está ocupando el lugar de la verdadera democracia. (...)"                     ( , El País, 15 SEP 2013 )

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