"¿Acaso la situación mundial de hoy no insufla oxígeno a la tesis de la
decadencia de Occidente, argumentada en obra a sí mismo nombrada, por
Oswald Spengler (1880-1936)? (...)
Para analistas como Jorge Berstein no hay duda: “La ‘crisis global’
(todavía se la sigue llamando así) sigue su curso, se va profundizando
con el correr de los años, deteriora las instituciones de las potencias
centrales, quiebra las tramas económicas y culturales que cohesionaban a
esas sociedades, queda al descubierto como decadencia, es decir como
proceso de deterioro general irreversible.
También va llegando a los
denominados ‘países emergentes’, derrumbando el mito del
rejuvenecimiento capitalista desde la periferia, de la superación
burguesa del neoliberalismo occidental gracias a la intervención del
Estado”.
En artículo reproducido por una miríada de medios
digitales, Berstein apunta que en los años 2008 y 2013 se aceleró la
declinación del capitalismo; en ambos lapsos el desastre tuvo como
origen el centro imperial, para después irradiarse.
“Podríamos
establecer un corte aún más preciso y fijar los meses de septiembre de
2008 y septiembre-octubre de 2013 como los ‘momentos’ en los que la
historia incrementó bruscamente su velocidad cuando la acumulación de
degradaciones produjo un gran salto de cantidad en calidad.
Desde el
punto de vista de los amos del sistema es posible hablar de ‘annus
horribilis’, es decir, años de grandes desgracias, aunque desde el lado
de las víctimas, de los miles de millones de seres humanos que habitan
en el subsuelo del planeta burgués podemos afirmar que se trata de
‘annus mirabilis’, de períodos donde el sistema avanza claramente hacia
su ruina, es decir, de acontecimientos ‘maravillosos’ que alientan la
esperanza en la posible conquista de un mundo mejor”. (...)
La detención del alucinante monto marca el fin del largo
“crecimiento drogado” del capitalismo neoliberal. “Desde los años 1970
transcurre la reconversión financiera que permitió la reproducción
ampliada del área imperial del sistema: los Estados centrales se
endeudaban y subsidiaban a la industria (gastos militares, reducciones
fiscales de todo tipo, etc.), y frenaban la desaceleración del consumo
(subsidios a los desempleados), las empresas se endeudaban para seguir
invirtiendo y los consumidores se endeudaban sosteniendo a esos grandes
mercados, por otra parte las caídas tendenciales en las tasas de
ganancias productivas de grandes grupos económicos eran más que
compensadas por la expansión de los negocios financieros”.
A
la postre, se sabe, la burbuja estalló. Sobrevino una “degradación
financiera-productiva controlada; las deudas públicas y privadas de las
potencias centrales tradicionales siguieron creciendo, la Unión Europea
se estancó para entrar finalmente en recesión, Japón transitó un camino
aún más dramático (Fukushima mediante) y los Estados Unidos tuvieron un
crecimiento anémico que a lo largo de 2012-2013 amenazaba convertirse en
estancamiento o directamente en recesión. El sistema había ingresado en
una nueva etapa”. (...)
De otra parte, en Europa la recesión se empecina, “y aunque algunas
cifras muestren una desaceleración mínima de la crisis, a pesar del
esfuerzo de los Gobiernos en presentarlas como positivas, solo se trata
de que el ritmo de la caída parece enlentecerse ligeramente.
Esto no
deja a los Gobiernos muchos márgenes de maniobra para jugar a la
política exterior, exceptuando quizás a una Alemania que sigue
pretendiendo manejar los destinos de la Unión Europea o una Francia que
se permite algunos desplantes, como el intento de sabotear el acuerdo
entre Irán y los países centrales”. (...)
Jamás tal cantidad de actores internacionales se había atrevido a
plantar cara a la superpotencia. Al desplegar la tesis del declive de
EE.UU., metáfora de Occidente, Enrique Muñoz Gamarra ( argenpress.info )
plantea que, “en principio, el edificio unipolar ha venido diluyéndose
casi desde cuando se impuso, exactamente desde finales de la última
década del siglo XX (1995-1999).
Esto es a raíz de los remezones que
empezaron a sentir sus experimentos en el sudeste asiático (tigres
asiáticos). Sabíamos que se había impuesto en 1991, tras la caída de la
ex URSS. Entonces su vigencia fue tan fugaz. Luego, con la gran crisis
económica de 2008 su situación estaba complicada.
En 2010 se hizo aún
más aguda. A finales de ese mismo año soportó la ruptura de la alianza
estratégica sino-estadounidense en lo económico y desapareció en ese
mismo momento (2010) vapuleado por la gran crisis económica y enterrada
para siempre con la reacción político-militar de Rusia y China a finales
de 2011”. (...)
Una nota hurga aún más en lo tétrico de la circunstancia: “La crisis
capitalista comenzó con una crisis hipotecaria. Aparecieron los Estados
para salvar bancos. Luego vino la crisis industrial. Y nuevamente
apareció el Estado salvando a grandes compañías y multinacionales.
Luego
vino la crisis de los Estados. Era lógico, salvaron multinacionales y
comenzaron a quebrar los Estados. Comenzaron los salvatajes de Estados.
Sin embargo, cuando llegó la crisis social no hubo nadie que quisiera
salvar a las sociedades. Los trabajadores perdieron y pierden el empleo,
les rebajan los salarios, pierden sus casas y finalmente terminan
suicidándose. Ha sido una epidemia…”.
Que conste: lo peor
está por venir. “Los riesgos sistémicos en los que incurren las grandes
compañías mundiales, el agotamiento de recursos petroleros, el creciente
consumo de energía, así como la inflación de una burbuja en el mercado
de capitales, debido a la existencia de activos obsoletos”, conducirán a
una crisis energética que hará saltar los precios en 2015 y conllevará
una confusión en los mercados financieros, según peritos como Jeremy
Leggett. (...)" (Eduardo Montes de Oca, Rebelión, 09/01/2014)
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