"(...) En cambio, la Europa de hoy es otra cosa, algunos no la reconocemos.
En un libro muy reciente (Le viol d’Europe. Enquète sur la disparition
d’une idée, Presses Universitaires de France 2013) el economista Robert
Salais enuncia así lo que es, sin duda, la paradoja europea ante la que
vamos a tener que tomar posición con el voto: “Si el mercado (común)
lanza la creación de la Comunidad europea, también firma la desaparición
de la idea de Europa.
Por tanto, cuanto más profundice la construcción
europea en la vía del mercado y deje de lado a los pueblos y la
democracia, tanto más —aun invocando la idea de Europa— afianzará las
condiciones que hagan imposible su realización”.
¿Qué sucede hoy con aquella idea magnífica de colaboración y
solidaridad? Sintetizando el jeroglífico que implican estas cosas: hemos
visto en la última década cómo, pacientemente, se ha ido construyendo
(¿solo desde Alemania?) la idea de las dos Europas: el diligente norte y
el perezoso sur.
Hemos visto cómo hasta el comisario Almunia reconocía
hace poco haber sido “un ingenuo” (¡a estas alturas!) ante el cartel
organizado por los bancos más influyentes. ¿Qué sucede con la energía,
la alimentación y tantos asuntos estratégicos en Europa? Nuestra
información es pésima: los eurodiputados españoles apenas han informado
de nada, su descrédito es también el de Europa.
Cualquiera percibe que Europa ya no es lo que fue y que una secuela
europea del Tea Party ha trabajado (al menos desde la Guerra de Irak) a
fondo para crear una cultura que ataca los puntos fuertes del modelo
europeo: el Estado de bienestar y la colaboración entre países.
En un
libro memorable (Misa negra, 2007) el politólogo británico John Gray
sitúa al nacionalismo autoritario practicado por Franco entre las
influencias importantes en las dinámicas de los primeros neocon.
Sin compartir tal hipótesis parece evidente que el retroceso de la
democracia en Europa, el nuevo auge de la extrema derecha y, sobre todo,
la hegemonía política de la cultura economicista y de culto al
beneficio, crean formas sociales autoritarias inconcebibles hace 15
años. Las protestas sociales hablan por sí mismas.
El jeroglífico
europeo, la democracia y la equidad, depende ahora del voto. Nos jugamos
demasiado para callar. Ah. ¡Y mucho cuidado con la insidiosa,
omnipresente, propaganda!" (
Margarita Rivière
, El País, 10 DIC 2013 )
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