"Casi todos los pánicos y colapsos son precedidos por
períodos sostenidos de crecimiento artificial, que no se basan en
ninguna mejora de la productividad o en las condiciones de vida de la
ciudadanía, sino en una falsa expansión artificial del dinero,
con la complicidad de los especuladores, banqueros y financieros.
A
pesar de que no actúan en cooperación abierta, sin embargo, hay una
colusión inconfundible en sus acciones y dinámicas. El objetivo siempre
es el mismo, forrarse a toda costa, da igual los efectos colaterales.
En la actualidad sigue pasando exactamente eso. Hay que mantener
artificialmente altos los precios de los activos financieros e
inmobiliarios para evitar nuevas quiebras bancarias y así seguir
manteniendo los emolumentos y la riqueza de la superclase. En Europa, por ejemplo, el Banco Central Europeo
da barra libre a los bancos privados, que a su vez financian a los
diferentes Tesoros.
El último eslabón del acuerdo tácito entre las
élites contempla que los distintos Estados europeos, salvo honrosas
excepciones, rescatan y avalan a la banca con dinero de los
contribuyentes, contaminando así la deuda pública. Se trata de una deuda ilegítima que algún día habrá que repudiar.
Lo que más asusta a los bancos a fecha de hoy es cualquier crítica
que vaya más allá de las reclamaciones de codicia, fraude o
incompetencia, en concreto todas aquellas que cuestionen el sistema en
sí mismo.
Lo que los banqueros están comprometidos a proteger y a
defender a toda costa es la “santidad y perfección” del sistema y su
derecho a "autorregularse". Porque en última instancia es el sistema lo
que les da su condición social y riqueza. Y es aquí donde son
vulnerables.
Ya es hora de cuestionar no sólo la probidad u honradez, o incluso la
solvencia de los grandes bancos mundiales, sino su fundación
intelectual. La élite financiera ha pasado estos últimos años
reescribiendo la historia para que la culpa de la actual crisis
económica y bancaria no recayera sobre ellos.
Han sido otros los
culpables, braman en voz alta, la culpa es del pueblo y de naciones
enteras que tomaron deudas que no podrían pagar. Y aquí entra en juego
otro elemento clave de lo que está pasando, una disminución a mínimos de
toda conciencia moral, tanto en políticos como en las élites
económicas. (...)
Casi todos los pánicos y hundimientos económicos y financieros
involucran a grupos relativamente pequeños de personas que parecen estar
en el meollo de la cuestión. Éstos están estrechamente vinculados entre
sí en pequeños cárteles que negocian entre ellos de
manera corrupta, e involucran la acumulación de enormes fortunas
personales. Esta situación se suele producir cuando los gobiernos son
débiles y la supervisión brilla por su ausencia, predominando el culto a
la autorregulación.
Por último, siempre existe una sobre extensión del crédito y un apalancamiento excesivo. Siempre. Así es como crece el esquema Ponzi que precede a una situación de crisis y pánico. (...)
Pero la labor de estos grupos y lobbies de poder es muy sibilina.
Alienta a los ciudadanos a desconfiar de su gobierno y de los políticos,
a concentrarse en sus propios intereses, a quejarse de los impuestos; a
cambiar el compromiso activo por gratificaciones simbólicas de
patriotismo.
Sobre todo, se promueve la despolitización envolviendo a la sociedad en una atmósfera de temor colectivo y de impotencia individual: miedo a la pérdida de puestos de trabajo, incertidumbre de los planes de jubilación, gastos en educación y sanidad en ascenso.
Si realmente deseamos evitar el caos, y caer en una sociedad egoísta, superficial y autodestructiva, hoy más que nunca es necesario movernos y hacer frente a aquellos que actúan exclusivamente guiados por la codicia, el miedo o el odio. Una sociedad libre y justa no es un premio que se gana o un regalo que se nos da, sino que es un compromiso recurrente, y una obligación permanente." (Juan Laborda, Vox Populi, 08/03/2014)
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