"(...) La creación un espacio socialista propio de
orientación antineoliberal incorporándolo a un Frente de Izquierdas siguiendo
el ejemplo francés y griego podría provocar aquí un reforzamiento y una
pluralización importante del polo antineoliberal.
Como en Francia, en Alemania y Grecia,
dicho espacio sólo puede ser el resultado de un agrupamiento de votantes y
miltantes socialistas, su transformación en una organización o corriente
independiente y la incorporación de esta a un Frente de Izquierdas con el resto
de las fuerzas antineoliberales. Este proceso ya está en marcha (http://contruyendolaizquierda.blogspot.com.es/)
El columna del poder institucional es
fundamental para enfrentarse al neoliberalismo. Ni la justificada crítica de
las culturas políticas institucionales o del secuestro de las instituciones por
parte de los intereses endogámicos (financieros, “clase política” etc.) debe
dar lugar a engaño: la legitimidad democrática no emana sólo de la “gente”
activa en las plazas o en las ONGs. Las instituciones, tal y como han sido diseñadas, no facilitan los
cambios profundos, pero siguen siendo fundamentales para provocarlos.
(...) urge
inaugurar ahora una nueva etapa: toca darle
prioridad a la convergencia, a la construcción de una
hegemonía compartida, también en alianza con los movimientos ciudadanos
pero
en cualquier caso frente a las dinámicas endogámicas y a la tentación de
crear
hegemonías unilaterales.
El
formato
que más se ajusta a la contrucción de una hegemonía compartida es el de
la formación de una una coalición tipo “Front de Gauche” en Francia o
tipo
“Syrizia” en Grecia. En ella tienen que estar representadas las dos o
tres grandes tradiciones de
la izquierda y, en cualquier caso, la tradición socialista debido a su
particular peso en la izquierda hispana.
También los sectores más
antineoliberales de los partidos de adscripción identitaria dispuestos a
desarrollar proyectos compartidos, así como sectores del ecologismo
organizado, tienen un lugar en este espacio.
La incorporación a un
Frente de Izquierdas no
tiene que conducir a la liquidación
de la identidad
programática de las diferentes organizaciones políticas, pero en ningún
caso
debe debería tratarse sólo de una coalición electoral. Puede y debe
generar,
además, una dinámica de comunicación con capacidad de liberar recursos
políticos (“sinergias”)
adicionales, de conectar
con los movimientos sociales y de ir aproximando esquemas mentales,
estrategias
y lenguajes.
Una pieza a encajar aquí es la de las personas que no
están, ni
tampoco pretenden afiliarse a ninguna organización política, pero que sí
participarían activamente en una dinámcia de Frente de Izquierdas:
habría que buscar
un encaje para ellas cuyo número podría llegar a ser más importante que
el de la suma de todos los afiliados de las diferentes organizaciones.
Otra pregunta importante es la siguiente: ¿dónde está depositada la
legitimidad para
decidir cuestiones peliagudas como la participación en gobiernos de
coalición? (...)
Otra pieza relacionada con esta es el procedimiento de confección de listas electorales: ¿son suficientes los consensos internos en los partidos o no saldría reforzado el bloque antineoliberal si se organizaran primarias en las que pudiera participar un grupo amplio de ciudadanos organizados y no organizados?
Lo que queda descartado, en cualquier caso, es
la posibilidad de ampliar el poder institucional de la izquierda antineoliberal
con políticas de hegemonía única, sean del signo que sea. (...)
Las tres columnas del poder
antineoliberal son son excluyentes sino complementarias. Incluso dentro de la
columna de las organizaciones políticas hay una solución realista para dejar
detrás las rivalidades: la creación de un Frente de Izquierdas sobre la base de
un programa antineoliberal común.
La crisis y los deseos mayoritarios de la
población no conducen automáticamente a la aproximación y la unificación de
fuerzas: hay demasiados ejemplos en la historia de división en momentos en los
que había que haber hecho todo lo contrario, división que sólo tras la derrota
fue identificada como “suicida”.
Lo que ha sucedido en los últimos meses no es
todo esperanzador en este sentido. No es suficiente con declarar la “necesidad
de unidad”: hay que hacer esfuerzos concretos y continuados dándole una
prioridad estratégica a la convergencia que hoy (aún) no tiene. (...)
Esto pasa por
reconocer la necesidad mútua y la
complementariedad de las tres columnas, incluida la importancia del “poder
blando” que pueden desarrollar los movimientos sociales para el arrinconameinto
cultural del neoliberalismo en un contexto de escasa pluralidad informativa.
Antes que invitar de forma idealista y solemne a la “unidad”, parece más
prometedor que las personas activas en cada uno de estos tres espacios con
buenas relaciones y simpatías con espacios colindantes abran brechas de
comunicación entre ellos, tomen la iniciativa en la organización de foros,
encuentros y acciones comunes que podrían desembocar en la puesta en marcha de
actos públicos unitarios dirigidos a toda la sociedad pero también a aquellos
que son insensibles al dramatismo del momento y siguen tocando el arpa en sus minúsculos espacios.
Las
Mesas de Convergencia Ciudadana y Acción Social lleva un año largo trabajando
en esta dirección: sumarse a ellas
desde la autonomía de cada uno, es una forma como otra de sumarse a la única
estrategia que puede salvarnos de la extensión de la barbarie: la convergencia
de todas las fuerzas antineoliberales. " (
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