26.5.14

España está atrapada en una Europa que se ha traicionado a sí misma y que se ha convertido ya sin disimulo en una auténtica dictadura

"La mala negociación de adhesión en la Comunidad Europea desmanteló nuestra agricultura en beneficio de la de centroeuropa, nos desindustrializó y puso en manos de capitales extranjeros nuestros mejores activos y canales de distribución. 

Sin que apenas se discutiera sobre ello, pues quien hablaba de lo negativo que podía suponer ese entrada en Europa era tachado enseguida de extremista o de loco, se dio lugar a que nuestra economía se consolidara como un espacio periférico y de cuasi colonización.

 Una dinámica que se fortaleció cuando Europa se puso a la vanguardia mundial en la aplicación de las políticas neoliberales y cuando su Estado de Bienestar que habíamos tomado como ejemplo se fue debilitando, acrecentándose las desigualdades y asimetrías entre personas y regiones.

Más adelante los sucesivos tratados y sobre todo la integración en un euro diseñado al servicio del capital financiero y de Alemania nos impusieron corsés que nos condenaron a soportar sin defensas las tensiones internas y los shock externos que inevitablemente iban a  producirse. (...)

Poco a poco fueron creciendo los déficit. El externo como consecuencia de nuestra pérdida de pulso productivo y de competitividad y el social por la presión de las políticas deflacionistas impuestas por Europa en beneficio de las rentas del capital.

 Y así, España solo pudo consolidarse como tierra de conquista, como el destino privilegiado de los capitales que el correlativo superávit alemán generaba y que aquí llegaban en forma de préstamos multimillonarios que hacían ganar fortunas a los bancos pero que más tarde nos helarían la sangre.

Las políticas de austeridad terminaron por cerrar el círculo: con la excusa de los déficit que empezaba a generar la crisis impusieron nuevos recortes que a la postre han provocado un mayor hundimiento de la actividad que incluso eleva más todavía la deuda. Así han hecho que la crisis de deuda privada se haya convertido en una de deuda pública que hemos de pagar todos los ciudadanos aumentando la esclavitud de los pueblos ante la banca.

Ahora contemplamos desnudos que la Europa en la que depositamos nuestras esperanzas es la que desmantela la democracia y la que empobrece a sus territorios, la que esclaviza a naciones enteras y la que sin pudor se nos presenta como una mera herramienta de los poderes multinacionales y bancarios más inmorales, improductivos y empobrecedores del orbe.

España está atrapada en una Europa que se ha traicionado a sí misma y que se ha convertido ya sin disimulo en una auténtica dictadura y a mi juicio tenemos ante nosotros solo cuatro posibles alternativas, dos conservadoras y otras dos de progreso.

 Las desarrollo con más detalle en un libro que espero esté pronto en la calle y las resumo muy rápidamente a continuación.

La primera conservadora es seguir en Europa como estamos, seguir obedeciendo y simplemente esperar a que escampe la lluvia y que todo vuelva a su cauce. Pero a mí no me parece una alternativa sino un suicidio porque ya nada volverá a ser como antes, suponiendo que “lo de antes” sea algo valioso y que resolviera nuestros problemas.

La segunda es simplemente salir del euro, denunciar la deuda y reestructurarla y tratar de sobrevivir a los mercados con políticas de devaluación creyendo que con la mera soberanía monetaria y con políticas intervencionistas se podría dar la vuelta a la situación. 

Una solución no menos conservadora y muy poco valiosa a mi parecer porque no sería posible hacer frente a las tempestades que eso levantaría sin sufrir daños muy considerables y un empobrecimiento que sobre todo pagarían los grupos sociales de por sí más desfavorecidos.

La tercera alternativa y primera progresista es salir del euro con el apoyo de una enorme fuerza social y política capaz de poner en marcha una estrategia de cambios profundos que pusieran en manos y en función del interés público los “discos duros” de nuestra economía, controlando directamente los sectores estratégicos, y poniendo rápidamente en marcha procesos de reestructuración productiva y de la base energética capaces de crear nuevos focos de generación de ingresos endógenos bajo otra pauta distributiva y redistributiva.

La cuarta alternativa y segunda de progreso es apostar por construir una nueva Europa creando una auténtica democracia supranacional, modificando sus instituciones y sobre todo el diseño del euro para acabar con su actual arquitectura que está concebida para servir de punta de lanza de las políticas neoliberales y para garantizar el poderío de los grandes capitales y la salvaguarda de los intereses electorales de los partidos centroeuropeos que los defienden.

Ninguna de estas dos últimas alternativas son fáciles. Y entiendo que, en las condiciones sociopolíticas actuales, se califiquen simplemente como  irrealistas. Pero son las únicas que de una u otra manera pueden permitir que nuestra economía empiece a ser de otra manera y que nos proporcione actividades y empleos que supongan realmente mayor bienestar, equilibrio social y sostenibilidad. (...)"       (Juan Torres López, 23/05/2014)

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