"Los electores le estampillaron una soberana bofetada a la democracia
francesa y al proyecto de construcción europea: la consulta para elegir a
los 751 diputados del Parlamento Europeo terminó en Francia con un
resultado histórico para la extrema derecha.
El Frente Nacional,
movimiento fundado por Jean Marie Le Pen y dirigido por su hija, Marine
Le Pen, se convirtió en el primer partido de Francia. Con 25 por ciento
de los votos, el FN supera a la derecha de gobierno, la UMP, estancada
en 20 por ciento de los votos. El partido del ex presidente Nicolas
Sarkozy quedó relegado por la ultraderecha al segundo lugar.
A su vez,
los socialistas, con un sorprendente 14 por ciento, siguieron su camino
cuesta abajo. Los porcentajes de la izquierda francesa son una
calamidad. Toda la izquierda francesa reunida apenas totaliza 33 por
ciento. Los resultados de las otras extremas derechas europeas son
también importantes, pero ninguno iguala al francés.
Francia, que es,
junto a Alemania, el pilar del proyecto europeo, propulsó una mayoría
nacional antieuropea, profundamente anclada en una suerte de
nacionalismo utópico y opuesto a casi todo lo que mueve la filosofía
política de la Unión Europea desde hace 30 años.
“Se ha votado por el
retorno a la soberanía nacional y por escapar de la austeridad”, dijo
Marine Le Pen en sus primeras declaraciones. (...)
La ultraizquierda y la ultraderecha modificaron el tablero europeo.
En Austria, el partido de centroderecha ÖVP está a la cabeza de los
comicios (27,3 por ciento) delante de los socialdemócratas del SPÖ (24
por ciento); pero la ultraderecha del FPÖ, con el 20,5 por ciento de los
votos, registra un resultado sobresaliente comparado con el 12,7 por
ciento de 2009. (...)
La gran
lección de estas elecciones parlamentarias europeas salta a los ojos: la
socialdemocracia fracasó una vez más en sus intentos de controlar el
Parlamento de Estrasburgo, la derecha es mayoritaria al mismo tiempo que
los partidos de ultraderecha o ultraizquierda irrumpen con peso en el
escenario parlamentario.
El ejemplo más excepcional es el de Francia. El
ultraderechista Frente Nacional había obtenido 6,4 por ciento de los
votos en 2009 contra 25 por ciento de ahora. De marginal pasó a ser el
primer partido del país. El Europarlamento sigue bajo el control de la
derecha, Partido Popular Europeo (PPE), y de los socialdemócratas (SD),
pero les han salido brotes rebeldes de eurofóbicos, euroescépticos y
eurofachos repartidos entre las izquierdas radicales y la pujante
ultraderecha.
La llamada “excepción francesa” es la más dramática por el
peso real y simbólico que tiene Francia en la historia moderna europea.
En varios países, la extrema derecha superó la barrera del 15 por
ciento: Dinamarca (23), Reino Unido (22), Austria (20), Hungría (15 por
ciento).
Pero es en Francia donde los ultras llegaron más lejos y donde
la izquierda perdió muchos niveles de legitimidad. Los ecologistas y la
izquierda francesa sufrieron un maremoto. El gobernante PS se quedó con
un triste papel de figurante. Su resultado le permite ganar 13 diputados
europeos contra casi el doble para el Frente Nacional (entre 23 y 25).
Los ecologistas franceses, que habían sacado 16,3 por ciento en 2009,
apenas conquistaron ahora 7 por ciento. El Frente de Izquierda de
Jean-Luc Mélenchon no pudo sacar provecho del descontento que inspira la
política liberal de los socialistas. El FG se quedó a su nivel de 2009,
entre 6 y 7 por ciento.
El PS francés volvió a la prehistoria de
la gran capitulación electoral de 1994. La derecha, aunque segunda, no
conoció un destino mejor. “Todo indica que hay una fractura entre Europa
y el pueblo francés”, reconoció el ex primer ministro liberal François
Fillon." (Eduardo Febbro, Página 12, Rebelión, 26/05/2014)
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