"Si analizamos la composición del Ibex 35, la situación es para echarse a llorar. Predominan antiguos monopolios naturales, básicamente empresas eléctricas, petroleras, y del sector de telecomunicaciones.
Junto a ellos, el sector inmobiliario, ligado al BOE, y el bancario, insolvente. A estos sectores, junto a su brazo político, les fue muy bien durante la gran mentira, la burbuja inmobiliaria del período 1997-2007. Se forraron como jamás antes nadie lo hizo en nuestra querida España.
Sin embargo, ninguna situación se eterniza en el tiempo, y menos
cuando hablamos de burbujas. Y un día ésta explotó. Todo parecía irse al
garete. Pero estas élites no estaban dispuestas a perder ni un euro y
ni un ápice de su poder. Para ello, a base de puertas giratorias y de
legislación, impusieron su ajuste.
Así se entiende el porqué cuando el
riesgo de impago radicaba principalmente en el sector privado, y no en
el público, las élites patrias, junto a los acreedores internacionales,
presionaban al Gobierno de turno para impulsar sus reformas, término
eufemístico con el que se referían a la imposición de recortes,
privatizaciones y empobrecimiento salarial de sus conciudadanos. Todo
por la patria.
El hecho que el gobierno de turno se mostrara dispuesto a avalar y
garantizar gran parte de la deuda privada de los bancos y otros sectores
supuso que el mercado, es decir, los acreedores de la deuda española,
enfocara su presión sobre las finanzas públicas, para que éstas
estuvieran más saneadas que nunca, por si finalmente el Estado tuviera
que salir al rescate de impagos del sector bancario o de otros
oligopolios financiados por la banca.
Como consecuencia de estas políticas, nuestra deuda pública se ha disparado desde el origen de la crisis, en realidad se ha más que duplicado y ya supera el 100% de nuestro PIB.
Y una gran parte de la deuda contraída por nuestro gobierno de turno se
ha destinado no a sufragar gastos operativos corrientes o de capital,
sino a ser nuevamente prestados a terceros.
El origen de esta conducta
es que el Estado pide prestado para luego, a su vez, prestar a terceros y
favorecer a intereses privados espurios al margen de la ciudadanía. Se
trata de deuda ilegítima. Y el contador suma y sigue (déficit tarifario, autopistas, etc.).
Permítanme por lo tanto que dude de todos aquellos que hablan de
recuperación económica. Sólo quieren ganar tiempo, adormilarnos para
continuar con lo suyo. Tenemos un volumen de deuda privada y pública que
no se va a poder pagar, salvo que se pretenda arruinar las expectativas
de vida de los españoles. Las dinámicas de ambas ya están fuera de
control. (...)" (Juan Laborda, blog, Vox Populi, 14/05/2014)
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