"Hace dos años, Kansas se embarcó en un extraordinario experimento
fiscal: rebajó drásticamente el impuesto sobre la renta sin tener
ninguna idea clara de con qué sustituiría los ingresos perdidos.
Sam
Brownback, el gobernador, propuso la norma —en términos porcentuales, la
mayor rebaja tributaria en un año aprobada nunca por un Estado— en
estrecha colaboración con el economista Arthur Laffer. Y Brownback
predijo que la bajada impulsaría un auge económico; “Fíjense en Texas”,
proclamó.
Pero Kansas no va muy bien; de hecho, su economía se
está quedando a la zaga tanto de los Estados vecinos como de Estados
Unidos en general. Mientras tanto, el presupuesto del Estado se ha
hundido en las profundidades del déficit, lo que ha hecho que Moody’s
rebaje la calificación de su deuda. Hay en esto una lección importante,
pero no es la que creen.
Sí, el desastre de Kansas demuestra que las
bajadas de impuestos no tienen poderes mágicos, pero eso ya lo sabíamos.
La verdadera lección es el poder imperecedero que tienen las malas
ideas, siempre que dichas ideas beneficien a la gente adecuada.
¿Por qué, después de todo, iba nadie a creer a estas alturas en la
economía de la oferta, que afirma que las rebajas tributarias impulsan
tanto la economía que se financian por sí solas, en gran medida o del
todo?
Esta doctrina se estrelló y ardió hace dos décadas, cuando casi
toda la derecha —tras afirmar, engañosamente, que el rendimiento
económico durante el mandato de Ronald Reagan validaba su doctrina—
empezó a predecir que la subida de impuestos a los ricos por parte de
Bill Clinton provocaría una recesión o incluso una depresión pura y
dura. Lo que en realidad se produjo fue una expansión económica
espectacular. (...)
De modo que ¿cómo han terminado los charlatanes y cascarrabias
dictando las políticas de Kansas y, en menor medida, las de otros
Estados? Sigamos el rastro del dinero.
La bajada de impuestos de
Brownback no ha salido de la nada. Ha llegado tras un programa
presentado por el Consejo Estadounidense de Intercambio Legislativo, o
ALEC, que también ha respaldado una serie de estudios económicos cuyo
propósito era demostrar que las rebajas de impuestos a las corporaciones
y los ricos fomentan un crecimiento económico rápido.
Los estudios son
tan malos que dan vergüenza ajena, y la Junta de Especialistas del
consejo —a la que pertenecen Laffer y Stephen Moore, de la Fundación
Heritage— no se ha mostrado muy entusiasta a la hora de darles
credibilidad. Pero es lo bastante bueno para los que trabajan contra el
Gobierno.
¿Y qué es el ALEC? Es un grupo secreto, financiado por
grandes corporaciones, que elabora borradores de modelos de leyes para
políticos conservadores de nivel estatal. Ed Pilkington, de The
Guardian, que ha conseguido algunos documentos filtrados del ALEC, lo
describe como “casi un servicio de citas entre políticos estatales,
políticos elegidos para cargos locales y muchas de las mayores empresas
de Estados Unidos”. Y, cómo no, la mayoría de los esfuerzos del ALEC van
encaminados a la privatización, la liberalización y las rebajas de
impuestos a las corporaciones y los ricos.
Y me refiero
exactamente a los ricos. El ALEC, a la vez que apoya las grandes rebajas
del impuesto sobre la renta, pide que se aumenten los impuestos al
consumo —cuyo peso recae especialmente en las familias con pocos
ingresos— y que se reduzcan las ayudas basadas en la renta destinadas a
las familias de clase trabajadora. De modo que su programa contempla
bajarles los impuestos a los de arriba y subírselos a los de abajo, al
tiempo que se recortan los servicios sociales.
Pero ¿cómo se puede
justificar el hecho de enriquecer a los que ya son ricos al tiempo que
se les ponen las cosas más difíciles a los que pasan apuros económicos?
La respuesta es que uno necesita una teoría económica que afirme que una
política así es la clave para la prosperidad de todos.
La economía de
la oferta responde a una necesidad respaldada por montones de dinero, y
el hecho de que fracase una y otra vez no importa.
Y el desastre
de Kansas tampoco tendrá importancia. Bueno, detendrá brevemente a los
Estados que se plantean aplicar políticas similares. Pero el efecto no
será muy duradero, porque la fe en la magia de las bajadas de impuestos
no tiene que ver con los hechos; tiene que ver con encontrar motivos
para darles a los poderosos lo que quieren." (
Paul Krugman
, El País, 6 JUL 2014)
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