"(...) “La mejora del empleo es lo que deseaba anunciar desde que llegué a Moncloa”,
dijo Rajoy. ¿Y ha esperado dos año y medio? Entonces, ¿por qué no bajó
impuestos desde el primer día y recortó gasto público innecesario?
¿Por
qué no redujo la mitad de los ayuntamientos, cerró la mitad de la
empresas públicas como había anunciado, cerró diputaciones y concentró autonomías como acaban de hacer en Francia, donde han reducido de 32 a 13 las provincias, que además tenían una enorme raigambre histórica (...)
La desvergüenza resulta ya realmente indignante. ¿Cuánto empleo hubiera
podido crearse si, en lugar de decidir rescatar a la totalidad de un
sistema bancario incompetente y corrupto -algo que no ha sucedido en
ningún otro lugar del planeta-, se hubiera analizado qué entidades podían ser salvadas
y cuáles no, y haber concentrado todo el esfuerzo en las primeras y
cerrado el resto?
¿Por qué había que devolver todo su dinero a las cajas
alemanas, francesas y holandesas, que tan irresponsablemente lo
prestaron a unas cajas gestionadas por políticos ineptos sin analizar
mínimamente los riesgos?
Eso tampoco ha sucedido en ningún otro país,
donde los prestamistas se han quedado con los restos después de devolver
el dinero a los clientes. O sea, la afirmación de Rajoy es
sencillamente impresentable, (...)
España se encuentra hoy a la cabeza de Europa en los peores indicadores sociales, en
desigualdad entre ricos y pobres, que es ya tercermundista, en
precariedad laboral (hay regiones donde nueve de cada diez contratos no
superan el mes de duración), en pobreza infantil, en fracaso escolar (en
un porcentaje que dobla la media europea) o en personas paradas que ya
no perciben prestación alguna.
Estamos en deriva hacia la precariedad y
la temporalidad, hacia los sueldos no ya bajos sino indignos, en lo que
eufemísticamente denominan 'devaluación interna', que en realidad
significa que los márgenes empresariales crecen al 6% mientras los
salarios caen al 2,4%, sin que ello se traduzca para nada en un aumento
del empleo medido en horas.
Esto está derivando a peor, por mucho que algunos analistas atados o
no al pesebre se empeñen en ver 'brotes verdes' de recuperación. El
comercio exterior era nuestra salvación y ahora es nuestra perdición,
porque el saldo de la balanza corriente (las exportaciones caen al 1,3% en valor en mayo y
las importaciones suben un 7%) está empeorando a ritmo elevado.
La
financiación al sector privado sigue desplomándose (-5,5% en mayo) y sin financiación no hay recuperación
por mucho que se empeñen. La renta disponible de las familias sigue
cayendo con unos impuestos que son ya expropiatorios.
Y, por último, las
cuentas públicas no cuadran ni de broma, lo que obliga a incrementar
nuestra deuda pública para mantener un tinglado de cientos de miles de
vagos y maleantes en unos 7.000 millones de euros mes, después de que
hayan expoliado sin piedad a la clase media y los trabajadores.
No, España no está caminando hacia la salida de la crisis, sino hacia un default en medio de una situación deflacionista que
amenaza a toda Europa, pero que, como en todo lo malo, ataca a España
con particular intensidad. La deflación, mala en casi todos los casos,
es sencillamente letal en aquellos países con fuertes desequilibrios y
elevada deuda, como es nuestro caso.
El primer efecto es que, si los
precios bajan, el PIB también lo hace, por lo que la relación deuda/PIB
sube, y esto vale no solo para la deuda pública sino también para la
privada, y además todos disponen de menos dinero para repagarla.
El
segundo es el encarecimiento automático de los tipos de interés:
si los tipos están al 3% y los precios bajan un 1%, lo que estaríamos
pagando es el 4%.
El tercero se refiere a las mismas causas que están
motivando la deflación, es decir, la caída de la renta disponible de los
hogares y las bajadas salariales continuadas, que están deprimiendo el
consumo y que son el centro de la política económica de estos
irresponsables.
La deflación llevaría a familias y pequeñas y
medianas empresas a una situación imposible. Por ello, el escenario más
probable hoy no es la recuperación, que solo está en la mente de los
oligarcas políticos, financieros y empresariales y sus lacayos
mediáticos, sino un estallido social, que además es lo
único que puede revertir ya la situación de esta monarquía
bolivariana.
No sé cómo osan decir que “la recuperación es firme y cada
vez más intensa”: un crecimiento del 0,6% es metafísicamente
incompatible con una caída de precios del 0,3%, con una caída de la
capacidad productiva del 75,6% (1T) al 73,4% (2T), con una aceleración
de la caída en el consumo aparente de cemento hasta el -4,3%, con un
consumo de electricidad que cae hasta el 0% en junio y con el mencionado
hundimiento del sector exterior. No tienen vergüenza. Rajoy no ha dicho
una sola verdad desde que tomó la primera comunión." (Roberto Centeno, El Confidencial, 04/07/2014)
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