5.8.14

Un crecimiento del 0,6% es incompatible con una caída de precios del 0,3%, con una caída de la capacidad productiva del 75,6% (1T) al 73,4% (2T), con un consumo de electricidad que cae hasta el 0% en junio

"(...) “La mejora del empleo es lo que deseaba anunciar desde que llegué a Moncloa”, dijo Rajoy. ¿Y ha esperado dos año y medio? Entonces, ¿por qué no bajó impuestos desde el primer día y recortó gasto público innecesario?

 ¿Por qué no redujo la mitad de los ayuntamientos, cerró la mitad de la empresas públicas como había anunciado, cerró diputaciones y concentró autonomías como acaban de hacer en Francia, donde han reducido de 32 a 13 las provincias, que además tenían una enorme raigambre histórica (...)

La desvergüenza resulta ya realmente indignante. ¿Cuánto empleo hubiera podido crearse si, en lugar de decidir rescatar a la totalidad de un sistema bancario incompetente y corrupto -algo que no ha sucedido en ningún otro lugar del planeta-, se hubiera analizado qué entidades podían ser salvadas y cuáles no, y haber concentrado todo el esfuerzo en las primeras y cerrado el resto?

 ¿Por qué había que devolver todo su dinero a las cajas alemanas, francesas y holandesas, que tan irresponsablemente lo prestaron a unas cajas gestionadas por políticos ineptos sin analizar mínimamente los riesgos?

 Eso tampoco ha sucedido en ningún otro país, donde los prestamistas se han quedado con los restos después de devolver el dinero a los clientes. O sea, la afirmación de Rajoy es sencillamente impresentable, (...)

España se encuentra hoy a la cabeza de Europa en los peores indicadores sociales, en desigualdad entre ricos y pobres, que es ya tercermundista, en precariedad laboral (hay regiones donde nueve de cada diez contratos no superan el mes de duración), en pobreza infantil, en fracaso escolar (en un porcentaje que dobla la media europea) o en personas paradas que ya no perciben prestación alguna. 

Estamos en deriva hacia la precariedad y la temporalidad, hacia los sueldos no ya bajos sino indignos, en lo que eufemísticamente denominan 'devaluación interna', que en realidad significa que los márgenes empresariales crecen al 6% mientras los salarios caen al 2,4%, sin que ello se traduzca para nada en un aumento del empleo medido en horas.

Esto está derivando a peor, por mucho que algunos analistas atados o no al pesebre se empeñen en ver 'brotes verdes' de recuperación. El comercio exterior era nuestra salvación y ahora es nuestra perdición, porque el saldo de la balanza corriente (las exportaciones caen al 1,3% en valor en mayo y las importaciones suben un 7%) está empeorando a ritmo elevado.

 La financiación al sector privado sigue desplomándose (-5,5% en mayo) y sin financiación no hay recuperación por mucho que se empeñen. La renta disponible de las familias sigue cayendo con unos impuestos que son ya expropiatorios.

 Y, por último, las cuentas públicas no cuadran ni de broma, lo que obliga a incrementar nuestra deuda pública para mantener un tinglado de cientos de miles de vagos y maleantes en unos 7.000 millones de euros mes, después de que hayan expoliado sin piedad a la clase media y los trabajadores.

No, España no está caminando hacia la salida de la crisis, sino hacia un default en medio de una situación deflacionista que amenaza a toda Europa, pero que, como en todo lo malo, ataca a España con particular intensidad. La deflación, mala en casi todos los casos, es sencillamente letal en aquellos países con fuertes desequilibrios y elevada deuda, como es nuestro caso. 

El primer efecto es que, si los precios bajan, el PIB también lo hace, por lo que la relación deuda/PIB sube, y esto vale no solo para la deuda pública sino también para la privada, y además todos disponen de menos dinero para repagarla. 

El segundo es el encarecimiento automático de los tipos de interés: si los tipos están al 3% y los precios bajan un 1%, lo que estaríamos pagando es el 4%. 

El tercero se refiere a las mismas causas que están motivando la deflación, es decir, la caída de la renta disponible de los hogares y las bajadas salariales continuadas, que están deprimiendo el consumo y que son el centro de la política económica de estos irresponsables.

La deflación llevaría a familias y pequeñas y medianas empresas a una situación imposible. Por ello, el escenario más probable hoy no es la recuperación, que solo está en la mente de los oligarcas políticos, financieros y empresariales y sus lacayos mediáticos, sino un estallido social, que además es lo único que puede revertir ya la situación de esta monarquía bolivariana. 

No sé cómo osan decir que “la recuperación es firme y cada vez más intensa”: un crecimiento del 0,6% es metafísicamente incompatible con una caída de precios del 0,3%, con una caída de la capacidad productiva del 75,6% (1T) al 73,4% (2T), con una aceleración de la caída en el consumo aparente de cemento hasta el -4,3%, con un consumo de electricidad que cae hasta el 0% en junio y con el mencionado hundimiento del sector exterior. No tienen vergüenza. Rajoy no ha dicho una sola verdad desde que tomó la primera comunión."           (Roberto Centeno, El Confidencial, 04/07/2014)

No hay comentarios: