"(...) Pongamos que hablamos de una fábrica de encurtidos. La empresa
contrata a trabajadoras (siempre mujeres) con un sueldo de 20 euros
diarios, cinco días a la semana, 100 euros semanales, un poco más de 400
euros al mes. Y eso sí, contrato indefinido (veremos luego en qué
consiste este carácter indefinido).
Para evitar la
ineficacia-obstáculo económico del “salario mínimo”, una más que maldita
conquista obrera a suprimir o superar a la velocidad de la luz, en los
contratos laborales no se fijan horarios. Nada de eso. Sólo objetivos.
Así, al mismo tiempo que el “emprendedor” se jacta de aplicar un
“moderno management“ de horario flexible y se ubica entre los modernos
empresarios también en ese trabajo por objetivos”. La disciplinada y
anticuada jerarquía fordiana es el Paleolítico empresarial. ¡Hasta más
allá de infinito y la modernidad!
El objetivo contractual mínimo
es el siguiente: cada trabajadora debe producir 40 kg diarios, que puede
hacer, desde luego, de 7 a 21 horas, cada una según su “fuerza eficaz
de trabajo”, a cada una lo suyo, y, además, cuando la trabajadora desea,
a condición eso sí de alcanzar el objetivo.
Si no lo consigue, se
“genera” (esa es la jerga) un incumplimiento de contrato y la
trabajadora podrá pasearse tranquilamente por la jungla del asfalto sin
curro y sin salario. Si el empresario está de buenas o es fiesta
religiosa-empresarial a celebrar, en lugar del despido, se le reduce el
sueldo en proporción. No es obligación, es caridad.
Si se cansa, si se
agota por el ritmo de trabajo, que descanse en su casa pero, con sabias
palabras empresariales, “que no venga a hacer el vago en mi empresa
haciéndome perder dinero”. ¡Vagas fuera!, esa es la consigna. 400 euros
bien administrados, añade nuestro don emprendedor, dan ¡hasta para irse
de vacaciones! ¡Para lujazos!
Aparte del escenario antiobrero
descrita hay truco político-contable. Es material y humanamente
imposible, salvo en casos más que excepcionales, conseguir más de 40 kg
diarios de producción. Efecto calculado: la trabajadora se condena en
hacerlos y a no recibir nunca o casi nunca más de 400 y pocos más euros
al mes.
Si hace menos, su contrato indefinido (¡oh, indefinido!) no le
servirá para nada porque el despido será procedente. La contrarreforma
laboral, la última del PP, que tomó pie sin inconsistencias abiertas en
las anteriores del PSOE (de nuevo PPSOE), así lo posibilita. Lo sucedido
en Coca-Cola muestra también otras variantes de esta “conquista
modernizadora”.
Por lo demás, si resultase improcedente tampoco
sería grave, empresarialmente hablando. Con ese sueldo mensual, 20 días
por año de indemnización es aproximadamente lo que se gasta el
emprendedor-empresario en tomarse “unas cañas el fin de semana” (la
magnífica formula es de MAD.
¡Pues que no acepte un trabajo de
400 euros al mes se dirá! ¡Pero no es eso preferible a nada, a la
“vagancia”, al no-trabajo, al cómodo paro, como se nos han dicho una y
otra vez desde aquellos tiempos inolvidables de don Felipe ex Gas
Natural, de don Carlos Solchaga-enriqueceros y del prontamente
neoliberal y popperino don Miguel Reconversión Boyer que en paz
descanse.
¿No son aproximadamente esas las condiciones salariales y
laborales realmente existentes de un sector numéricamente significativo
de la clase obrera alemana? Y Alemania, über alles, ¿no es la principal
potencia económica de la maravillosa y siempre justa, pacífica, moderna y
eficaz UE? (...)
Me olvidaba. El emprendedor exige a las candidatas una semana de
prueba para ver si son capaces de aguantar el ritmo. Si no, pues nada,
tan amigos. No perciben nada por esos días de curro: ¡son de prueba! Si
no resulta aceptable el ritmo de trabajo de la candidata, pues no la
contratan ¡Libertad de mercado y contratación! ¡Semana gratis
empresarialmente! ¡Más iniciativas emprendedoras!
Eso sí,
aquellas trabajadoras que quieran trabajar más de 8 horas para conseguir
los 40 kg o incluso ir mas allá (¡la competitividad en el puesto de
mando!, ¡la lucha despiadada por la supervivencia!), pueden hacerlo,
pero el empresario no las tiene dadas de alta a la SS en esas horas. En
ese tiempo de trabajo no están aseguradas. Como si fuesen voluntarias
clandestinas en la fábrica. ¡Qué importa!
Además, las
instalaciones en las que se desarrolla este magnífico trabajo esclavo
pudieron ser construidas con subvenciones públicas y el terreno, por si
faltara algo, talvez fuera cedido por el Ayuntamiento.
¿A qué
todo es interesante, eficaz, emprendedor, humano y moderno, muy moderno?
Otra fuente de ingresos: ¿organizamos visitas turísticas a las
instalaciones? ¿Se quedaría corto Charlot en “Tiempos modernos”?
¿Realidad o ficción lo contado? ¿Un conocido cuento de terror? ¿Otra
falsa narración para “demostrar” el infierno del Capital y el mal?
Ustedes comprobarán y juzgarán. Igual tienen alguna sorpresa." (Salvador López Arnal, Rebelión, 06/10/2014)
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