"(...) Cómo competir por el capital, que es justo la clave del problema.
Efectivamente, el actual marco institucional (en el que el sistema
monetario y financiero es una pieza esencial) nos impone la competencia
por el capital. Los países se ven así obligados a competir con otros
países para atraer actividad económica, y en esa competencia se utiliza
el dumping fiscal, o sea, cobrar menos impuestos a las empresas por
establecerse en tu territorio que la hacienda pública del país de al
lado.
Esto dificulta la subida de los impuestos a las rentas altas, lo
cual deja a los gobiernos sin recursos.
La obligación de competir por el capital es una realidad innegable
dentro del marco institucional actual. La postura clasica de la
izquierda ante ella ha sido
1: tipicamente actuan como si la obligación
de competir por el capital no existiera y
2: no hacen nada para
liberarse de ella.
Esta combinación es una receta para el fracaso y da
como resultado la izquierda testimonial y fracasada a la que, en cuanto
sube al poder, le empiezan a subir las cifras de paro, la inflación y el
déficit público.
Amparados en el consuelo de que Marx no lo concibió,
siguen sin tomar en serio la profunda naturaleza disruptiva del dinero
fiat no referenciado y combinado con un recurso masivo al
dinero-crédito, del que se nutre principalmente nuestro sistema
monetario y financiero hoy día: un dinero digital, que habita en los
balances de los bancos y surge, principal, pero no únicamente, al
otorgar crédito. (...)
Frente a esta postura de la izquierda clásica, está la de una
izquieda pujante que sí está funcionando: por ejemplo, la del gobierno
de Uruguay, que sigue dos estrategias complementarias : por un lado,
aceptar el reto de competir por el capital, que a corto plazo es
ineludible.
Uruguay se ha esforzado en incentivar la inversión
extranjera para poder recaudar impuestos y después llevar a cabo una
redistribución de la renta.
Por otro lado, está tomando medidas para
liberarse del marco institucional que le obliga a competir por el
capital, en concreto, poniendo en marcha una moneda social (el gobierno
de Uruguay lleva 3 años trabajando en este proyecto que todavía no ha
visto la luz).
Esta obligación de competir por el capital es la traducción
inevitable de la sumisión política de los gobiernos ante el capital
financiero. Una obligación derivada de aceptar, de forma implícita, un
modelo monetario y financiero en el que siempre hay más deuda que dinero
para pagarla, porque precisamente son los bancos quienes crean el
dinero como contrapartida de un reconocimiento de deuda con interés.
Desde un punto de vista democrático, esta sumisión no se sostiene. Solo
se sostiene porque se considera ineludible, como si fuera la fuerza de
la gravedad o algo parecido, mientras que la realidad es que procede del
diseño del sistema monetario: lo menos democrático que existe en
nuestro marco institucional, algo que jamás ha sido sometido a votación
popular ni a cuestionamiento alguno.
Mientras no se tomen medidas para
el cambio institucional necesario que permita liberarse de esa
obligación de competir por el capital, esa situación de sometimiento al
capital financiero no cesará y los países , así como las empresas, y
todos los seres humanos en general, seguiremos viéndonos obligados a
competir por el capital para que nos salgan las cuentas." (Susana Martín Belmonte, Soberanía financiera , 19/11/2014)
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