"A siete años de la quiebra de Lehman Brothers que desató la mayor crisis
financiera de la historia y obligó a un rescate a la banca por 16 billones de dólares,
la economía se encuentra al borde de una nueva crisis global.
El flujo
de dinero generado por los bancos centrales solo alentó la creación de
nuevas burbujas que ahora implosionan al ritmo en que avanza la
desaceleración china como demuestran los mercados bursátiles. Si lo que
ocurrió hace siete años fue el estallido de la burbuja de crédito y hoy
vemos el desplome de la burbuja de activos bursátiles, significa que nada se aprendió del colapso financiero de 2008. (...)
Sin embargo, debemos recordar que tras el estallido de la crisis
financiera de 2008, los bancos centrales comenzaron a imprimir una gran
cantidad de dinero y esto hizo temer una enorme oleada inflacionaria.
Esta expectativa de inflación condujo a un aumento en el precio del oro,
que alcanzó su punto máximo el 4 de septiembre de 2011, cuando la onza
de oro se cotizó a 1.920,86 dólares. Contra todo lo que se anunciaba, la
inflación nunca llegó, y en cambio sí lo hizo la deflación.
Y hasta el precio del oro se desplomó. La pregunta que había que
responder antes de anunciar la hiperinflación era ¿a donde se dirigieron
los miles de millones de dólares, euros y yenes que fluyeron de los
bancos centrales? La respuesta es muy simple: a la creación de burbujas.
La inflación se produjo en los mercados financieros, hinchando el
precio de la acciones y animando el espíritu bursátil que hacía pensar
que la economía iba viento en popa. Como los productos financieros no
son considerados bienes de consumo ninguna estadística de inflación los
registra.
El dinero barato de los bancos centrales fue el gran impulsor de los
mercados bursátiles. Nada fluyó a la economía real, a la investigación y
los nuevos negocios, solo a la compra y recompra de acciones que hinchó
aún más los mercados financieros. De nada sirve que la banca privada
esté obligada a guardar una cantidad de dinero como reservas, cuando su capacidad de crear dinero es infinita.
Los bancos privados pueden redepositar en el banco central el 2% o el 1
por ciento de lo que han pedido prestado al mismo banco central, pero
su capacidad de crear dinero con el 98 por ciento restante se puede
multiplicar por 100 o mil veces.
El sistema de reserva fraccionaria
permite a la banca crear una cantidad ilimitada de dinero. En rigor, ni
la Reserva Federal ni el Banco Central Europeo tienen el control de la oferta monetaria. Es la banca privada la que crea la oferta monetaria y, por tanto las burbujas.
La creación de dinero de la nada
tiene consecuencias fatales para la economía y eso está quedando ahora
al descubierto con la implosión bursátil que está en desarrollo. Las
tasas de interés artificialmente bajas inventan inversiones rentables
donde no hay nada. El resultado es un boom plagado de pérdidas. Al mismo
tiempo, las bajas tasas de interés debilitan la propensión al ahorro y
estimulan la especulación bursátil donde se vive la euforia de los
aumentos y ganancias.
El sistema de reserva fraccionaria y la creación de dinero desde la
nada es una constante de las crisis económicas. Cuanto más laxas son las
políticas de los bancos centrales y más dinero crea la banca privada
mayor es la onda de choque que se propaga ante el debilitamiento de la
burbuja.
Y el mundo no ha podido desprenderse de las burbujas pese a
haber estado en el epicentro de la crisis hace siete años. Siete años
han pasado, y el ciclo de auge bursátil que esta vez vivió en el
solipsismo al no trasladar nada a la economía real, puede estar llegando
a su fin. Es un claro recordatorio de lo que ocurrió hace siete años
con la quiebra de Lehman Brothers, y que vuelve a repetirse." (Marco Antonio Moreno , El blog salmón, 15/09/2015)
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